
Esa voracidad que atrasa
Aunque los defensores de lo indefendible intenten todo el tiempo que asumamos a la corrupción en la función pública como un mal menor, un pecado blanco de escasa incidencia en el trazo grueso de la historia, un pequeño parásito que a veces anida en el intestino de las revoluciones pero que no les quita brillo, la verdad es simple: robar es robar, y meter la mano en la lata del patrimonio social siempre estará mal .





