
Es solo un juego
A años luz de los criterios y valores de Lionel Scaloni, los entrenadores estelares y los capitanes de la política argentina van por la otra mano de la ruta. Llenan de llamas y arcos voltaicos una atmósfera cada vez más inflamable.

Director periodístico.

A años luz de los criterios y valores de Lionel Scaloni, los entrenadores estelares y los capitanes de la política argentina van por la otra mano de la ruta. Llenan de llamas y arcos voltaicos una atmósfera cada vez más inflamable.
En el fútbol, el aguante es una suerte de pasión enloquecida que no deja espacio para la reflexión, el análisis y muchos menos la autocrítica. ¿Pero y qué sucede con el aguante en la política y la realidad de todos los días?

En el fútbol se instaló en los últimos treinta años y ganó un espacio propio el concepto de "aguante". Si bien definirlo con precisión es casi imposible, cualquier apasionado del universo de la pelota sabe de qué se trata. El aguante es algo más que hinchar o simpatizar por un equipo y por unos colores. Corrijamos: no es algo más, es algo distinto.

El año 2023 será intensamente electoral y desde hace tiempo -prácticamente desde que concluyeron las elecciones de 2021- el asunto desvela a toda la clase política argentina. Una obsesión que genera reproches hacia quienes están en función de gobierno (porque el más que prematuro clima de campaña lo impregna todo, como si no existiera una crisis gravísima cayendo sobre la sociedad como un diluvio universal), pero que no deja al margen a una oposición que también se mueve al ritmo de las melodías pegadizas del proselitismo.

La coronación de la militancia ya no es el triunfo de los ideales sino el pase a planta. El sueño procaz pero rendidor detrás del cual van desocupados, obreros, abogados, periodistas, talabarteros, intelectuales, chapistas y acróbatas.

El crecimiento sorprendente de la figura de Javier Milei en las encuestas puso a las dos principales coaliciones políticas del país al tanto de una novedad: hay una franja significativa de la sociedad argentina que está dispuesta a beberse los remedios de peor sabor tras la esperanza de que con ello se abra la posibilidad de una recuperación económica y social que, mientras tanto, parece ya inalcanzable por las vías conocidas.

La agenda informativa nacional del fin de semana incluyó –en varios medios- una protesta del Sindicato de Camioneros en el Chaco, más precisamente en Corzuela, donde el gremio organizó una larga protesta contra una empresa local que terminó con las propietarios de la firma tomando la decisión –al menos es lo anunciado hasta ahorade bajar las persianas. En el medio, denuncias de agresiones físicas, amenazas y ataques violentos que no tuvieron una respuesta institucional acorde. Resultado: una veintena de puestos de trabajo perdidos, como si el contexto permitiera darnos ese lujo.

Las elecciones del año próximo son para muchas figuras públicas -de todos los órdenes- una cuestión de vida o muerte. O, para decirlo en términos menos dramáticos y más francos, un asunto en el que se juegan la posibilidad de descender al llano o la de acceder al poder, con todo lo que implican ambas situaciones.