Resistencia quita el sueño
Las elecciones del año próximo son para muchas figuras públicas -de todos los órdenes- una cuestión de vida o muerte. O, para decirlo en términos menos dramáticos y más francos, un asunto en el que se juegan la posibilidad de descender al llano o la de acceder al poder, con todo lo que implican ambas situaciones.
En el segundo de los casos, asumir responsabilidades y manejar una de esas lapiceras que todos quieren tener en la mano. En el primero, el riesgo de tener que ganarse la vida fuera de la burbuja del Estado o de perder el control de todo aquello que se hallaba bajo el dominio propio.
Para construir una imagen de esas vivencias no hay que pensar únicamente en los grandes protagonistas de la puja nacional o la provincial. La ansiedad y la incertidumbre anidan tanto en un aspirante a la gobernación como en el señor o la señora que hoy por hoy se preguntan si lograrán retener su banca de concejal y eventualmente ascender a un sillón de intendente, así como en el funcionario de tercera línea que teme que dentro de algo más de catorce meses y medio quizá deba buscar empleo como cualquier hijo de vecino.
En el caso del Chaco, la gran batalla es porque ya se desarrolla desde hace rato- por el gobierno provincial. Y en ese mapa, Resistencia es el sitio que define casi todo. La capital, a la vez, es un territorio tan lleno de interrogantes como el escenario nacional mismo. Entonces, quita el sueño.

LA FICHA DE ORO
En realidad, decir que Resistencia determina cada resultado electoral provincial no es una verdad matemática. Su peso es altamente influyente, pero en más de una ocasión la ciudad se volcó en favor de un sector político y el resultado general de todo el Chaco terminó dándole la victoria a otro. Sin ir más lejos, fue lo que sucedió en 2021, cuando el peronismo perdió las generales legislativas en la capital pero ganó en la sumatoria provincial, gracias a las ventajas obtenidas en otras comunas del área metropolitana y el interior.
Ya en 1983, cuando el país volvió a la democracia, había ocurrido algo similar. El lento escrutinio de aquellos tiempos hizo festejar durante horas a los radicales por una victoria inédita, que convertía a Luis León en el primer gobernador radical elegido en comicios libres, pero los votos del interior fueron torciendo la historia y consagraron a Florencio Tenev. La UCR debió conformarse con tener a Livio Lataza como intendente del municipio más importante. En 1995 sucedió al revés: el peronismo ganó la jefatura comunal de la ciudad (Rafael González se la quedó) pero perdió el partido por la gobernación.
Esos antecedentes no desmienten una realidad: ningún candidato con chances puede descuidar Resistencia. Es el dilema que tienen entre tantos otros las principales fuerzas. En el justicialismo no es una cuestión de nombres. Está asumido que el candidato del oficialismo para jefe comunal será Gustavo Martínez. El intendente actual habló de la posibilidad de considerar una precandidatura a gobernador, pero nadie cree que sea algo más que un amague.
Todos consideran que la cláusula de hierro de su acuerdo político con Capitanich es ayudarse a que ambos sean reelectos en sus roles actuales. La duda, entonces, no tiene que ver con quién será el postulante principal, sino con cómo llegará Martínez al momento en que los vecinos volverán a votar.
CUIDANDO ESPALDAS
Esa incertidumbre puso al gobierno provincial en un rol de custodio de la imagen de la administración municipal, algo que se hizo muy visible cuando Capitanich salió a resolver el grave problema planteado con el sistema de colectivos urbanos, que dejó de funcionar cinco días entre el final de septiembre y el comienzo de octubre. La ausencia del servicio irritó a los usuarios y la municipalidad se quedó sin cartas para jugar.
La administración provincial intervino para restablecer la circulación de las líneas locales y organizar una licitación conjunta de recorridos urbanos e interurbanos. Resta ver si el final de ese proceso es un salto de calidad en el transporte público conocido hasta aquí o la resignación a más de lo mismo.
Las pocas encuestas que circulan sobre la percepción de los resistencianos hablan de un malestar acentuado acerca del estado de la ciudad. Y eso es lo que preocupa a Capitanich y su entorno.
Por motivos ya explicados y bien conocidos, el proyecto de reelección del gobernador para un cuarto mandato depende mucho del ánimo de los votantes de la capital. Por eso, en el coquismo algunos alimentan la idea de tener en cartera un candidato propio, papel para el que hay quienes tienen en mente a Diego Arévalo. El actual titular del Instituto de Vivienda ya fue el candidato de Capitanich para la intendencia en 2019, pero no le fue bien, y se consagró Martínez.
Sin embargo, en el oficialismo afirman que Arévalo es el que mejor mide entre los precandidatos posibles del palo del gobernador. Pero es una idea periférica, que Capitanich no tendría ninguna intención de alentar y que posiblemente no contaría siquiera con la adhesión del propio Arévalo en caso de que se la propusieran.
Entonces, si el candidato será Martínez, la conclusión dentro del peronismo es una: hay que lograr que levante todo lo posible una gestión que no logra hasta ahora resolver problemas crónicos, como la ausencia de normas en el tránsito, la presencia constante de la basura en el paisaje urbano y el mal estado de la trama de calles de tierra, que tiene a Resistencia entre las capitales de provincia con más baja proporción de arterias pavimentadas.
El gustavismo dice que eso cambiará en 2023, cuando comiencen a verse obras en proceso y mejores resultados en los servicios a los barrios. El coquismo, mientras, ve desde la Casa de Gobierno, lleno de nervios, que la plaza central lleva meses cercada y que dentro de ella no se notan grandes avances en las obras de remodelación de ese espacio público. Funcionarios y dirigentes gustavistas afirman que las quejas y críticas se disiparán rápidamente cuando esos trabajos y otros (como los del parque de la laguna Argüello) estén terminados y conviertan el enojo en satisfacción. Los muchachos de Coqui cruzan los dedos.
LA TRAMA RADICAL
En territorio radical, las cosas sí pasan por los nombres: nadie sabe quién podría llegar a ser el candidato de Juntos por el Cambio en Resistencia. Leandro Zdero, la figura que mejor mide en los sondeos, ya dijo que no va a pelear por la intendencia sino por la gobernación. Enfrentado a Ángel Rozas, el líder de Convergencia Social, Zdero recorre la provincia pensando en la pulseada interna con Juan Carlos Polini, el precandidato a gobernador del rozismo.
Entonces, ¿quién podría ser el postulante de la UCR en la capital? Ni siquiera hay figuras lanzadas oficialmente. Solo nombres que flotan en el aire. La excepción es Carlos Salom. El concejal de Encuentro Cívico está en campaña. Su debilidad hoy por hoy es que no es muy conocido. Su fortaleza es que quienes sí lo reconocen tienen una imagen mayoritariamente positiva de él.
Otras opciones que suenan son Víctor Zimmermann, por Convergencia Social, y Aída Ayala, quien llegó a ser una intendenta imbatible en la capital. Ella todavía mide bien. "Pero tiene un techo bajo", comentan en la UCR. Zimmermann, a la vez, pondría como condición ser un candidato "de la unidad". Solo así aceptaría bajarse de la senaduría nacional para pelear en la ciudad.
Este año ya se había bajado de su precandidatura a gobernador para abrirle el camino a Polini. Zdero, por su parte, dice que en diciembre presentará candidato propio para Resistencia pero que será, sobre todo, "la presentación de un equipo de trabajo".
El gran problema que avizora el partido: la posibilidad de que deba ir a una batalla decisiva sin una propuesta fuerte. Todo dependerá, también, del desenlace de la interna provincial. En Convergencia consideran que si Polini le gana a Zdero, este aceptará ser candidato a intendente. El diputado provincial les asegura a los suyos que no, y agrega: "Esperen cualquier cosa de mí".
El mensaje, críptico, tendría que ver con las alianzas que está dispuesto a cerrar para ganar en las PASO y llegar a la gran final provincial frente a Capitanich. Pero allí aparece un interrogante más: ¿habrá PASO en el Chaco? No se sabe. Si se eliminaran en la provincia, como desea el kirchnerismo que suceda a nivel nacional, el escenario sería bastante diferente y los problemas más serios serán para Juntos por el Cambio.
Sin elecciones primarias abiertas, el frente opositor tendrá candidatos debilitados o irá a una fractura. Y por si faltaran factores de incertidumbre, está la imposibilidad de saber en qué situación estarán la Argentina y el Chaco a mediados de 2023 y hasta dónde llegará el crecimiento de fenómenos disruptivos como el de Javier Milei, que comienza a mover las agujas de algunas encuestas también en nuestra provincia.
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