
Gracias por tanto
Hay algo en lo que podríamos estar todos de acuerdo, y es en que la pobreza nunca es una fatalidad, una imposición abrupta del destino, sino una consecuencia de un proceso previo, habitualmente extenso. Salvo excepciones (por ejemplo, la hambruna europea instalada por la Segunda Guerra Mundial), el deterioro masivo de la calidad de vida es hijo de políticas aplicadas durante períodos para nada breves.




