Indiscreciones de los números
Los números difundidos por el Indec sobre distribución del ingreso no permiten sorprenderse demasiado, pero brindan perspectivas sobre las debilidades, fortalezas (por llamarlas de alguna manera) y perspectivas de una jurisdicción marcada por el deterioro de la calidad de vida de su población.
Los números no siempre retratan la realidad, pero ayudan mucho a seguirle la pista y a despojarla de presunciones antojadizas, interpretaciones interesadas o vizcachazos fallidos. Carecen de todas las dimensiones necesarias para desentrañar algo tan complejo como el punto de la historia en el que está parada una sociedad, pero al menos entregan fotos del paisaje.
El miércoles pasado, el Indec difundió los resultados de la Encuesta Permanente de Hogares en un capítulo relacionado con la evolución de la distribución del ingreso a nivel país y en cada jurisdicción provincial, con muchas cifras para pensar y analizar. El Chaco, allí, aparece con algunos contrastes interesantes de conocer.
En principio, lo que el lector ya supone: nuestro signo distintivo es la pobreza. En materia de ingresos, como era de esperar, los números de nuestra provincia son lo más parecido a la tristeza de una llovizna en la tarde del domingo. Pero no todo es tan malo.

Los ingresos
En tren de lamentarse, el cuadro que más impacta la mirada desde este territorio es el que describe, distrito por distrito, cómo es la media del ingreso per cápita familiar. Los datos, que corresponden al tercer trimestre de 2022, ponen al Chaco en la planta baja de la tabla, con 31.247 pesos. Nos quedamos a doscientos pesos de estar mejor que Formosa, la penúltima jurisdicción en ese ránking. En el otro extremo, Ciudad de Buenos Aires (92.863 pesos, tres veces el importe chaqueño) y Tierra del Fuego (86.819). Si queremos ver lo que pasa en el resto del NEA, la virtual paridad entre Chaco y Formosa está algo distante de la realidad de Corrientes (37.751 ) y Misiones (41.305 pesos). La media del total del país fue de 50.074 pesos.
Al día siguiente de la publicación del Indec, la consultora Politikon distribuyó un reporte propio procesando la información oficial con foco en el Chaco pero sin prescindir del contexto. Un informe también interesante, porque retrata la precariedad de los ingresos y del mercado laboral, al mismo tiempo que una especie de premio consuelo: nuestra provincia muestra importantes avances en la reducción de la brecha de ingresos por género, al punto de ser una de las jurisdicciones menos desiguales en ese aspecto. Otra referencia positiva: también es bajo aquí el coeficiente de desigualdad en la distribución del ingreso.Lo malo: la pobreza de los niveles de esos ingresos, el importante peso de los ingresos no laborales (subsidios, planes sociales) y la brecha (no exclusiva del Chaco, sino generalizada en el país) entre las remuneraciones del trabajo registrado y la del empleo en negro.
Además, si se toma la media del ingreso familiar total de los hogares, el Chaco (con 101.754 pesos, el valor más bajo del país) es una de las cinco provincias que en el tercer trimestre de 2022 no llegaban a tener ese indicador por encima de la línea de pobreza, que en aquel tramo del año pasado estaba en el orden de los 119.750 pesos.
Contrastes
Vayamos a algunos de los números resaltados por Politikon. En nuestra provincia, el ingreso total individual medio fue de 52.545 pesos en el período relevado. Para los varones, 57.246, para las mujeres 47.698. Una brecha de género del 16,7%, muy inferior al 26,3% del total nacional y la tercera más baja del país. Además, muestra un significativo progreso local, porque esa brecha en el Chaco había sido del 22,8% en 2021.
La precariedad social vuelve a quedar expuesta a la hora de analizar qué porcentaje de los ingresos totales de los chaqueños provienen de fuentes laborales y cuánto proviene de fuentes no laborales, categoría ésta que incluye a beneficiarios de jubilaciones y pensiones pero también a titulares de subsidios y asistencias sociales. En la provincia los ingresos surgidos de una relación laboral representan el 69,6%, mientras que un 30,4% son ingresos de fuentes no laborales. Esa proporción del trabajo como fuente de los ingresos es la octava más baja del país.
Por otro lado, el ingreso medio total individual de 52.545 pesos medido en ese tercer trimestre de 2022 fue el más bajo de la Argentina (otra vez en pelea cabeza a cabeza con Formosa) y representó un incremento del 73% con respecto al mismo período de 2021. Considerando la inflación interanual de ese trimestre, el dato del ’22 representó una pérdida real de cinco puntos porcentuales en ese ingreso medio.
Drama en blanco y negro
La debilidad de la trama de ingresos en la provincia también se retrata cuando el Indec discrimina los denominados ingresos de la ocupación principal, donde la media chaqueña está en 51.631 pesos, que no es la peor del país pero si la cuarta más baja, superando solo a Jujuy, La Rioja y Santiago del Estero.
A su vez, esos ingresos de la ocupación principal se pueden discriminar considerando los que corresponden a empleo registrado y aquellos de relaciones laborales en negro (el Indec para eso tiene en cuenta cuáles son los asalariados con descuentos jubilatorios y cuáles no). Esa división muestra de qué manera el trabajo no registrado –de gran extensión en el Chaco- implica una importante pérdida para los hogares, ya que esos ingresos de la ocupación principal tienen una media de 76.666 pesos para los trabajadores en blanco y mucho menos, 31.462, para los informales.
Al sopesar los datos, Politikon rescata el valor del coeficiente de Gini, un indicador de los niveles de desigualdad que se aproxima a cero cuanto más igualitaria es la distribución del ingreso y se acerca a uno cuando la concentración del ingreso tiende a volverse extrema. En el Chaco hubo –considerando los ingresos de ocupación principal- un coeficiente de 0,364, inferior al nacional, que quedó en 0,426. El índice provincial en esa categoría fue el sexto más bajo del país.
Números y no números
Los números no permiten sorprenderse demasiado, pero brindan perspectivas sobre las debilidades, fortalezas (por llamarlas de alguna manera) y perspectivas de una jurisdicción marcada por el deterioro de la calidad de vida de su población y en la que los asalariados vienen librando una batalla titánica contra la precariedad y la incestante aceleración de los precios de la canasta del consumo familiar. Hemos sido, y seguimos siendo, el costado más desafortunado de la Argentina.
Llorar sobre los datos no tiene demasiado sentido. Mucho menos ignorarlos. El acuerdo salarial celebrado ayer entre el gobierno y los gremios docentes demuestra que cuando la acción política se fija objetivos con verdadera vocación de alcanzarlos, tiene grandes chances de tener éxito. El gobierno provincial se decidió a cortar la vergonzosa tradición de paros que arruinaban los ciclos escolares de punta a punta, y lo viene consiguiendo. Este, si las cosas no se desajustan en el camino, será el tercer año consecutivo.
¿Qué es lo que impide que nuestros dirigentes pongan el mismo esmero en otros temas que también importan mucho? La seguridad, la convivencia política, la tolerancia frente al disenso, la necesidad de defender los ideales propios sin perder la capacidad de autocrítica, el cuidado de una cultura del trabajo y del esfuerzo, el respeto a la institucionalidad, la humildad en el vínculo con los ciudadanos. Sayos que deberían calzarse masivamente tanto en el oficialismo como en la oposición. Los números, al fin de cuentas, no tienen vida propia. Cuentan resultados de lo que hacemos los seres humanos.
Temas en esta nota

El silencio de San Martín en la era de la desinformación

Yo, argentino!

Retenciones, INTA y la foresto industria, en la mesa de debate
Retenciones, rutas e Inta

Producir o esperar el ocaso

Estamos en emergencia ambiental y no nos damos cuenta

La carrera de 2026











