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Política improvisada, desarrollo postergado

Los chaqueños están hartos de la improvisación de la política. Sienten que cuando nuestros mejores jóvenes se van estamos regalando el futuro. Y tienen razón.

¿Cómo cambiar? Podemos aprender del mundo

No hay experiencias de desarrollo de una región en que se deje sola a la iniciativa privada. La información sobre tecnologías modernas y nuevos mercados es un apoyo clave que el Estado brinda a las empresas en Corea.

Los ministerios de Defensa y Salud financian a las compañías que innovan en productos y técnicas de punta en Norteamérica.

El líder mundial de aviación, Embraer, es producto del impulso estatal brasileño. Lo mismo ocurre con la industria del salmón en Chile. Y con Aluar y el INVAP en Argentina. En Europa abundan casos similares.

El desarrollo necesita un Estado capaz de ayudar a descubrir oportunidades. Para que un empresario invierta hace falta más que una perspectiva rentable. Hay que ayudar a generar la respuesta, con crédito de largo plazo, información tecnológica, capacitación laboral, infraestructura competitiva y estabilidad cambiaria.

Así se potencian los mercados. Así el crecimiento puede incluir a los trabajadores y empresas locales. Sucede que para hacerlo se requiere un Estado inteligente.

Las regiones desarrolladas difieren en mucho, pero comparten algo: un Estado con funcionarios competentes, estables ante los cambios partidarios y formados para defender el interés público.

Las regiones que fracasan también comparten algo: burocracias colonizadas por intereses particulares y sometidas al humor partidario de turno: un Estado que es nicho de colocación de amigos y militantes.

Es que el Estado no son los gobiernos que pasan. Son los funcionarios preparados que permanecen.

Pero las burocracias competentes no nacen espontáneamente ni se forman en un día. Hay que invertir. Si queremos desarrollo, buenos salarios y empresas competitivas, necesitamos un Estado serio, que prepare antes a las personas que van a conducirlo.

¿Dónde se están formando los cuadros del Estado chaqueño?

¿Cuánto están invirtiendo el sector público, las organizaciones empresariales y los partidos políticos para prepararlos?

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Ilustración: Daniel Roldán (clarin.com).

La respuesta es incómoda y sencilla: cero

Las consecuencias están a la vista. Un equipo no se forma al otro día de ganar una elección. Y en el gobierno no hay tiempo para aprender.

Lo que no se estudió y preparó antes de llegar no se aprende allí. A cargo del Estado, solo hay tiempo para decidir.

 El que llega sin diagnósticos ni equipos termina haciendo 3 cosas: improvisar, apagar incendios e incumplir sus promesas de campaña.

Esto vale para el desarrollo productivo y también para la educación, la salud, la seguridad o las políticas sociales. Quien pasó por la función pública sabe cuánto más habría logrado si hubiera contado con veinticinco o treinta personas de alta formación, preparadas para gestionar, formular políticas, evaluar resultados y coordinar con el sector privado y las organizaciones en el territorio.

Trabajo a diario con jóvenes apasionados e inteligentes. Muchos expresan que, pese al desprestigio de la política y el Estado, quieren colaborar con el desarrollo del Chaco.

Economistas, ingenieros, arquitectos, médicos, educadores. Quieren ayudar a la sociedad. Esa es su vocación y su propósito. Al no encontrar oportunidades, siguen estudios en Buenos Aires o el exterior y ya no vuelven al Chaco.

Nota del autor

El artículo que acaban de leer no es nuevo. Casi con las mismas palabras, lo publiqué hace más de veinte años en NORTE. Obsesionado con llevarlo a la práctica, dimos después varios pasos: junto con entidades empresarias pusimos en marcha los equipos técnicos del Cones.

Como ministro, fortalecí las estructuras técnicas del Ministerio de Economía y Producción; desde allí impulsamos junto a los partidos políticos la Escuela de Gobierno, con profesores de primer nivel nacional. Creamos las Becas Chaco Siglo XXI, para estudios de posgrado de jóvenes que después volvieron a la provincia.

Como presidente de la Cámara, creé en la Legislatura la primera Oficina Legislativa de Presupuesto; y con los diputados sancionamos por ley la Carrera de Administradores Gubernamentales.

El artículo, sin embargo, parece actual. Y lo es, porque casi todas esas iniciativas fueron desmanteladas o abandonadas. Los jóvenes destacados se siguen yendo. Y la imprevisión que marcó el pasado prepara también el futuro. Lo que era urgente lo es aún más en una era de cambio tecnológico acelerado.

Retomar el camino no requiere grandes recursos. Requiere visión y compromiso para sostener lo estratégico, gobierne quien gobierne. Beneficiará a todos los partidos, porque alguna vez tendrán que gobernar. También al sector privado, que necesita un Estado competente. Beneficiará sobre todo a los chaqueños, que merecen vivir en una provincia en la que política no sea sinónimo de improvisación.

Tenemos que recomenzar ahora. No podemos perder más tiempo. No podemos perder más gente.

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