Al galope del verso
Sincericidio
No sé si el lector recuerda que en mi primera nota del 13 de agosto dije que intentaría contribuir a la superación de muchos de los males argentinos; en especial los auto infligidos por el mal uso de las capacidades propias de la naturaleza humana. Entre estas capacidades propias del animal emocional que también a veces razona se encuentran: la libertad, las emociones, la voluntad, el instinto de conservación y la inteligencia.
Dije también que comenzaría por el análisis del significado de las palabras que señalan lo que el humano es, siente y entiende, así como de lo que decide hacer y las consecuencias de todo eso (siempre escribiendo en verso para que la música de las palabras atraiga el interés y la atención de los oyentes).
Mis versos no siguen una planificación acorde con el orden causal ni espacio-temporal de los fenómenos abordados, sino que los fui escribiendo tal como me iban apareciendo en la mente.
No sé si así funcionan todas las mentes humanas o si solo la mía es tan desordenada. La verdad es que nunca intenté corregirme y a veces pienso que debería al menos hacer un índice siguiendo el orden alfabético de los temas para ordenarme.
Mientras tanto le pido al lector que me ayude. Dejo al final de esta nota mi correo electrónico. No quiero aplausos, sino que me diga en qué me equivoco o qué me falta para que yo lo piense y me corrija. Además, si el lector cree que lo que dicen mis versos sirven para algo, que los comente con sus amigos y familiares; evalúe lo que le contestan y después me cuenta.
Bueno, hecha la aclaración y el pedido, ahora tendría que seguir refiriéndome a la conciencia, el trabajo y el amor; pero me parece más urgente antes hablar de la sociabilidad, la convivencia humana y la educación.

El animal social
Si observamos con cuidado
el orden del universo,
podemos ver sin esfuerzo
que los esfuerzos sumados
multiplican resultados,
mientras sucede lo inverso
con los esfuerzos dispersos,
opuestos o disociados.
A pesar de sus falencias,
el humano en libertad
encuentra felicidad
y goza de la existencia,
si usando la inteligencia
entiende la realidad
y por propia voluntad,
atendiendo a su conciencia
cultiva la convivencia
con justicia y equidad.
Más si nunca lo procura
y actúa por emociones,
por costumbres o pulsiones
que no revisa y depura
provoca su desventura
con sus propias decisiones.
Convivencia
Como cada mente humana,
cada cual por su ventana
capta partes diferentes,
la visión no es coincidente
con la visión de su hermana
y el acuerdo se empantana
en un mar de inconvenientes.
Pero a su vez acordar,
aunque sea trabajoso
es mucho más provechoso
que luchar o abandonar
o ni quererlo afrontar
por creerlo trabajoso.
Aunque sea trabajoso,
no existen otras opciones;
para evitar frustraciones
siempre será más valioso,
conveniente y ventajoso
encausar las emociones
y acordar las decisiones
del modo más armonioso.
Educación
Como nace sin saber
y solo vive si sabe,
el hombre debe aprender,
otra salida no cabe
porque entender es la clave
para saber proceder.
Por eso la educación
es una necesidad
que impone la realidad
de la humana condición.
Teniendo necesidades
que debe satisfacer
con su propio proceder,
desarrollar facultades
y adquirir habilidades
para llevar a la acción
lo que previó la razón,
es una necesidad.
Por eso la educación
no es solo conocimiento,
es usar el pensamiento
para saber proceder
y cumplir con el deber
que impone cada momento
haciendo corresponder
la emoción con la razón.
de modo tal que la acción
nos evite padecer.
Si prestamos atención,
siendo el hombre un animal
instintivo y racional
que preconcibe su acción,
la idea con la emoción
siempre surgen fusionadas;
pero no siempre orientadas
en la misma dirección.
Y al no poderse negar
que toda contradicción
dificulta la obtención
del objetivo buscado;
debemos dar por sentado
que debe ser evitada
o más tarde reparada
del modo más adecuado.
Por eso es que educación,
no es solamente saber;
es hacer corresponder
emociones con razones,
decisiones e intenciones
con el justo proceder.
Esto exige estar atento,
usar bien la inteligencia
y el control de la conciencia,
previo a todos los intentos.
Es decir que la emoción
y por ende la intención,
debe ser supervisada
por la conciencia entrenada
para cumplir su función.
Esto exige entrenamiento
y el hábito consiguiente
que facilita el intento
y lo hace más eficiente.
Esta es la idea central
que no admite incertidumbre;
si no incluye a la costumbre
racional y emocional,
conceptual y conductual
y al control de la intención,
la idea de educación
carece de lo esencial.
Y el requisito gemelo
que no conviene olvidar
es idear el modelo
al que se quiere llegar.
Si al ser capaz de entender,
el ser humano consciente
prefigura previamente
qué y cómo quiere ser,
se tiene que proponer
el modelo pertinente.
Si el ejemplo equivocado
se toma como modelo,
nos conduce a contrapelo
del objetivo buscado.
Después viene lo peor,
cuando al vicio se habitúa
la conciencia se atenúa,
ya no percibe el error,
el daño se hace mayor,
el error se consensúa,
el proceso continúa,
y más se extiende el dolor.
Para comunicarse con el autor de esta sección: [email protected]













