Al galope del verso
No sé si el lector recordará que dije que siendo ya un viejo curtido no le iba a macanear y que, queriendo hacerle pensar, así nomás de atrevido fue que me puse a versear y que así había descubierto que sin hacer ningún ruido, mientras se busca el sonido se tropieza con lo cierto. Y seguía diciendo:
Primero fue el desconcierto,
nunca supe ser escriba,
pero ahora me divierto
apilando en esta estiba.
Si dudo del fundamento
y no es clara una noción,
con el verso experimento
y encuentro la explicación.
Yo postergo el sentimiento,
voy siguiendo la ilación
y me premia la emoción
cuando aclaro el pensamiento.
Fíjese como acontece:
la semilla aprisionada
en la tierra no labrada
nunca emerge ni florece;
nuestra mente se parece,
como tierra que se labra
al revisar las palabras
lo verdadero aparece.
Parece que se adivina;
si el apuro no lo ofusca
en el tiempo en que se busca
la palabra que combina,
lo que es cierto se avecina
sin que nadie lo conduzca.
Pero no es que se adivine;
lo cierto no se adivina
ni tampoco se avecina…
se concibe y se define.
La búsqueda del sonido
impone la obligación
de revisar la noción
evaluar el contenido
el origen y el sentido
de la palabra en cuestión.
Y al volver con la atención,
a lo real existente
se depura la noción,
aparece lo evidente
a la vez que la expresión
resulta más elocuente.
Esto sucede en la mente,
(que algunos llaman razón).
¿Pero por qué la emoción
nos complace gratamente
cuando sonido y noción
se asocian correctamente?
Bueno, eso es precisamente lo que quiero aclarar hoy: por qué la emoción nos complace gratamente cuando sonido y noción se asocian correctamente; pero antes, para que el lector no piense que me creo poeta, quiero aclarar que los versos me surgen con fluidez y expresan verdades que no había precisado conscientemente y al expresarlos "siento" que los versos son ciertos. Y no solo eso, sino que lo cierto expresado insinúa (deja picando) ideas relacionadas complementarias, que al versificarlas amplían lo que sé.
¿Pero cómo sabemos que lo que llegamos a expresar de esta manera es cierto?
Esto nos plantea la duda de si lo cierto se siente o si solo se entiende. ¿Se puede sentir que es cierto sin entender el por qué es cierto? Yo creo que sí. A mí me alegra y me resulta grato el sentir que di con lo cierto.
El alegrarse de estar en lo cierto es una constante esencial, invariable y necesaria de la naturaleza humana porque entender y conocer para saber qué hacer es imprescindible para vivir y seguir vivo.
Por eso le tememos y rechazamos al fracaso, la frustración, el dolor y la muerte que acarrean la ignorancia y el error (Si al lector le interesa este tema, le recomiendo leer sobre el sistema de recompensa o circuito del placer en Google).
Bueno, pero usted seguramente se preguntará ¿cómo sabe que lo versificado es cierto? Si todavía no dejó de leer, trataré de ser breve para que no me abandone.
1) Lo cierto que surge de las definiciones versificadas se debe a que la definición consiste en detectar y señalar los rasgos específicos y distintivos de la cosa que se define. Rasgos que no son más que la naturaleza, cualidades y relaciones que comprendemos cuando conocemos. A su vez, estos rasgos pasan a ser "las premisas" del razonamiento de la estrofa siguiente agregando una nueva conclusión, un nuevo conocimiento.
2) El nuevo conocimiento confirmado por la definición versificada acerca de lo que el humano es, siente, quiere, piensa, entiende, hace y le sucede, puede ser verificado por el mismo humano, que puede ser el investigador y el investigado al mismo tiempo.
Pero claro, para eso primero tiene que reconocer que puede ser consciente y habituarse a serlo.
Por eso le recuerdo que siendo el hombre inteligente también puede ser consciente; puede entender lo que siente y sentir si es coincidente con lo cierto y evidente y además si es conveniente, para él y el conviviente y no sólo en el presente la conducta consiguiente.
Bueno, por hoy me tomo un descanso; pero si el lector o la lectora quieren revisar si es cierto que la versificación conduce a lo cierto le transcribo lo siguiente:
Yo no expreso sentimientos
ni los quiero despertar;
para incitarle a pensar
expongo mi pensamiento
y mato el aburrimiento
no dejando de rimar.
Mi objetivo es precisar
lo esencial que cada humano
debe saber de lo humano
para saber cómo actuar
y poderse realizar
conviviendo con su hermano.
.
Y no busco mi floreo
ni me creo literato;
con el verso me percato
y explicito lo que creo.
Cuando al verso lo veo
reflejado en el papel,
no me parece un vergel,
siento que llevo un arreo.
Pero ignoro lo que siento
y me aboco a la tarea
de arrear a las ideas
que vienen con las palabras;
así mi verso se labra
y aunque no es la panacea,
mi corazón se recrea
y brinca como una cabra.
Pero más que una poesía,
es tejido del lenguaje
con el que rindo homenaje
a mi madre que tejía
y a mi padre que leía
y con su ejemplo enseñaba
porque lo cierto pensaba
y a lo pensado lo hacía.
Por eso con alegría
hago mía la tarea
de tejer a las ideas
como mi padre argüía.
Con la rima como guía
y a fuerza de razonar
trataré de reseñar
lo que el idioma me enseña
cuando mi mente se empeña
en no dejar de rimar.
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