Al galope del verso

No sé si el lector se acuerda que en la nota del martes pasado hablamos de la corrupción y la cultura…
Bueno para entrar en tema le recuerdo que en una de las estrofas decía que "El humano que confunde lo habitual con lo normal a sí mismo se hace mal y al mismo mal lo difunde". Por eso hoy me referiré a lo habitual y lo normal.
En el hombre lo normal,
es primero comprender
para después de prever,
elegir y decidir
el modo de proceder,
que le permita vivir
sin tener que padecer.
El hábito simplifica
y permite reducir
todo el esfuerzo que implica
la tarea de vivir.
Es más fácil recorrer
un camino ya trillado,
que tener que acometer
y trillar lo enmarañado.
Como implica repetir;
al trabajo de entender
para luego decidir,
programar, ejecutar,
corregir y controlar,
la mente lo automatiza
y por eso minimiza
el esfuerzo a realizar.
Eso hace que la mente
en ese mismo momento
y de forma permanente,
además de ser consciente
puede usar el pensamiento
para entender lo existente,
ubicarse y ser coherente
y evitar el sufrimiento.
El humano diligente,
supervisa lo pensado
y controla si lo actuado
es lo justo y conveniente.
La costumbre es natural
y nos ayuda a vivir;
pero se debe advertir
que no puede ser normal
lo que daña y hace mal
y además hace sufrir.
Si nos muestra la experiencia
que hay costumbres que hacen mal;
obviamente lo normal,
es descubrir la incongruencia
y usando la inteligencia
desistir de lo anormal.
El que actúa por costumbres
que nunca son evaluadas
se acarrea pesadumbres
que pueden ser evitadas.
Nadie nace caminando
ni tampoco acostumbrado;
pero nace preparado
para aprender practicando
y al mismo tiempo probando
si se da lo programado.
Si observamos con cuidado,
se practica repitiendo;
pero se aprende entendiendo
y evaluando si lo actuado
produce los resultados
que uno mismo fue previendo;
y se va corrigiendo
si no son los esperados.
Normalidad
La idea de lo normal;
tantas veces discutida,
podría ser definida
atendiendo a lo importante
que de manera constante
caracteriza a la vida.
En todo organismo sano,
el total de las funciones,
obviando contradicciones
preservan su integridad
y aumentan su libertad,
sin producirse lesiones.
Por eso que lo normal
en cualquier constitución,
es la forma y la función
que evita su propio mal.
Siendo así la realidad
en todo lo natural,
si vemos que lo habitual
acota la libertad
y afecta la integridad,
no puede ser lo normal.
Lo anormal de lo habitual
Las conductas habituales
copiadas y repetidas
que pasan inadvertidas
o que creemos normales,
originan muchos males
que nos complican la vida.
La costumbre es natural
y nos ayuda a vivir;
pero se debe advertir
que no puede ser normal
lo que daña y hace mal
y además hace sufrir.
El hábito y la costumbre,
aunque deben distinguirse
bien podrían definirse
como función adquirida
por acciones repetidas
que tienden a repetirse.
Se parecen al instinto
y hasta puede confundirse;
pero tienen de distinto
el que tengan que adquirirse.
Con el instinto nacemos;
no podemos abolirlo
y debemos conducirlo
eligiendo lo que haremos.
Al hábito lo aprendemos
repitiendo lo que hacemos
y podemos elegirlo
e inclusive corregirlo
si así nos lo proponemos.
El hábito simplifica
la tarea de vivir;
pero se debe advertir
que lo fácil y lo bueno
no se deben confundir.
Es más fácil recorrer
un camino ya trillado
que tener que acometer
y trillar lo enmarañado;
pero debo comprender
que si no es el acertado
debo dar por descontado
que tendré que padecer.
En el hombre, lo normal
es primero comprender
para después de prever, elegir y decidir
controlar y corregir
el modo de proceder
que no lo obligue a sufrir
y le permita vivir
sin renunciar al placer.
Pero después de entender
decidir y proceder,
ya no tiene que elegir
ni allanar ni corregir
el camino a recorrer.
En toda repetición
la función se automatiza
y la mente no revisa
los pasos de la función.
Por esa misma razón
la razón no visualiza
ni evalúa ni revisa
la bondad de la elección.
Con la mente poco atenta,
muchos hábitos se adquieren
copiando sin darnos cuenta,
incluso los que nos hieren.
Cuando el hábito comienza,
por la falta de experiencia
o la falta de advertencia
el humano poco piensa
o de pensar se dispensa
y no ve las consecuencias
ni llega a tomar conciencia
del daño y la pesadumbre
que introduce en su existencia
cuando es mala la costumbre.
Por su propio dinamismo,
después de ser adquiridos
los hábitos son sentidos
como parte de uno mismo
y por ese automatismo
sin haberlos revisado
los damos por acertados
con porfiado fanatismo.
Pero no son invencibles,
atendiendo a la conciencia
y usando la inteligencia,
la corrección es posible.
Si gracias a la costumbre,
cuando hacemos una cosa
nuestra mente queda ociosa;
analizar las costumbres
y detectar las viciosas
sólo es cuestión de costumbre.
Pero la cosa no es fácil,
si es difícil detectarlas
más difícil es cambiarlas;
al ser partes de uno mismo
es propio del organismo
el que quiera conservarlas.
Pero no es un imposible,
es cuestión de entrenamiento
y que el propio pensamiento
al camino lo vislumbre
y aporte la certidumbre
de la bondad del intento.
Inteligencia, consciencia y conciencia
En las estrofas anteriores utilicé las palabras consciente, consciencia y conciencia. Creo que es necesario hacer una aclaración: aunque no lo diga el diccionario, en la práctica tanto consciencia como conciencia quieren decir"con conocimiento". Consciencia significa con conocimiento de uno mismo en el lugar, momento y situación en el mundo que lo rodea. En cambio, conciencia (sin la "s" intermedia) en el lenguaje habitual se entiende como "con conocimiento" de lo que uno siente, piensa, desea e intenta, así como de lo bueno o lo malo que resultará de lo que decida. Mi definición personal de conciencia es la siguiente:
Siendo el hombre inteligente
también puede ser consciente;
puede entender lo que siente
y sentir si es coincidente
con lo cierto y evidente
y además si es conveniente
para él y el conviviente
y no solo en el presente
la conducta consiguiente.
Como cualquier animal,
el humano siempre actúa;
pero por ser racional,
a su accionar lo evalúa.
Siendo libre e imperfecto
pero capaz de prever,
a lo que está por hacer
primero lo conceptúa
y la vez que lo evalúa
elige su proceder…
(o así debería ser).













