Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°
Footing intelectual

Al galope del verso

al galope Caballitos.jpg

No sé si el lector se acuerda que en la nota del martes pasado hablamos de la corrupción y la cultura…

Bueno para entrar en tema le recuerdo que en una de las estrofas decía que "El humano que confunde lo habitual con lo normal a sí mismo se hace mal y al mismo mal lo difunde". Por eso hoy me referiré a lo habitual y lo normal.

En el hombre lo normal,

es primero comprender

para después de prever,

elegir y decidir

el modo de proceder,

que le permita vivir

sin tener que padecer.

El hábito simplifica

y permite reducir

todo el esfuerzo que implica

la tarea de vivir.

Es más fácil recorrer

un camino ya trillado,

que tener que acometer

y trillar lo enmarañado.

Como implica repetir;

al trabajo de entender

para luego decidir,

programar, ejecutar,

corregir y controlar,

la mente lo automatiza

y por eso minimiza

el esfuerzo a realizar.

Eso hace que la mente

en ese mismo momento

y de forma permanente,

además de ser consciente

puede usar el pensamiento

para entender lo existente,

ubicarse y ser coherente

y evitar el sufrimiento.

El humano diligente,

supervisa lo pensado

y controla si lo actuado

es lo justo y conveniente.

La costumbre es natural

y nos ayuda a vivir;

pero se debe advertir

que no puede ser normal

lo que daña y hace mal

y además hace sufrir.

Si nos muestra la experiencia

que hay costumbres que hacen mal;

obviamente lo normal,

es descubrir la incongruencia

y usando la inteligencia

desistir de lo anormal.

El que actúa por costumbres

que nunca son evaluadas

se acarrea pesadumbres

que pueden ser evitadas.

Nadie nace caminando

ni tampoco acostumbrado;

pero nace preparado

para aprender practicando

y al mismo tiempo probando

si se da lo programado.

Si observamos con cuidado,

se practica repitiendo;

pero se aprende entendiendo

y evaluando si lo actuado

produce los resultados

que uno mismo fue previendo;

y se va corrigiendo

si no son los esperados.

Normalidad

La idea de lo normal;

tantas veces discutida,

podría ser definida

atendiendo a lo importante

que de manera constante

caracteriza a la vida.

En todo organismo sano,

el total de las funciones,

obviando contradicciones

preservan su integridad

y aumentan su libertad,

sin producirse lesiones.

Por eso que lo normal

en cualquier constitución,

es la forma y la función

que evita su propio mal.

Siendo así la realidad

en todo lo natural,

si vemos que lo habitual

acota la libertad

y afecta la integridad,

no puede ser lo normal.

Lo anormal de lo habitual

Las conductas habituales

copiadas y repetidas

que pasan inadvertidas

o que creemos normales,

originan muchos males

que nos complican la vida.

La costumbre es natural

y nos ayuda a vivir;

pero se debe advertir

que no puede ser normal

lo que daña y hace mal

y además hace sufrir.

El hábito y la costumbre,

aunque deben distinguirse

bien podrían definirse

como función adquirida

por acciones repetidas

que tienden a repetirse.

Se parecen al instinto

y hasta puede confundirse;

pero tienen de distinto

el que tengan que adquirirse.

Con el instinto nacemos;

no podemos abolirlo

y debemos conducirlo

eligiendo lo que haremos.

Al hábito lo aprendemos

repitiendo lo que hacemos

y podemos elegirlo

e inclusive corregirlo

si así nos lo proponemos.

El hábito simplifica

la tarea de vivir;

pero se debe advertir

que lo fácil y lo bueno

no se deben confundir.

Es más fácil recorrer

un camino ya trillado

que tener que acometer

y trillar lo enmarañado;

pero debo comprender

que si no es el acertado

debo dar por descontado

que tendré que padecer.

En el hombre, lo normal

es primero comprender 

para después de prever, elegir y decidir

controlar y corregir

el modo de proceder

que no lo obligue a sufrir

y le permita vivir

sin renunciar al placer.

Pero después de entender

decidir y proceder,

ya no tiene que elegir

ni allanar ni corregir

el camino a recorrer.

En toda repetición

la función se automatiza

y la mente no revisa

los pasos de la función.

Por esa misma razón

la razón no visualiza

ni evalúa ni revisa

la bondad de la elección.

Con la mente poco atenta,

muchos hábitos se adquieren

copiando sin darnos cuenta,

incluso los que nos hieren.

Cuando el hábito comienza,

por la falta de experiencia

o la falta de advertencia

el humano poco piensa

o de pensar se dispensa

y no ve las consecuencias

ni llega a tomar conciencia

del daño y la pesadumbre

que introduce en su existencia

cuando es mala la costumbre.

Por su propio dinamismo,

después de ser adquiridos

los hábitos son sentidos

como parte de uno mismo

y por ese automatismo

sin haberlos revisado

los damos por acertados

con porfiado fanatismo.

Pero no son invencibles,

atendiendo a la conciencia

y usando la inteligencia,

la corrección es posible.

Si gracias a la costumbre,

cuando hacemos una cosa

nuestra mente queda ociosa;

analizar las costumbres

y detectar las viciosas

sólo es cuestión de costumbre.

Pero la cosa no es fácil,

si es difícil detectarlas

más difícil es cambiarlas;

al ser partes de uno mismo

es propio del organismo

el que quiera conservarlas.

Pero no es un imposible,

es cuestión de entrenamiento

y que el propio pensamiento

al camino lo vislumbre

y aporte la certidumbre

de la bondad del intento.

Inteligencia, consciencia y conciencia

En las estrofas anteriores utilicé las palabras consciente, consciencia y conciencia. Creo que es necesario hacer una aclaración: aunque no lo diga el diccionario, en la práctica tanto consciencia como conciencia quieren decir"con conocimiento". Consciencia significa con conocimiento de uno mismo en el lugar, momento y situación en el mundo que lo rodea. En cambio, conciencia (sin la "s" intermedia) en el lenguaje habitual se entiende como "con conocimiento" de lo que uno siente, piensa, desea e intenta, así como de lo bueno o lo malo que resultará de lo que decida. Mi definición personal de conciencia es la siguiente:

Siendo el hombre inteligente

también puede ser consciente;

puede entender lo que siente

 y sentir si es coincidente

con lo cierto y evidente

y además si es conveniente

para él y el conviviente

y no solo en el presente

la conducta consiguiente.

Como cualquier animal,

el humano siempre actúa;

pero por ser racional,

a su accionar lo evalúa.

Siendo libre e imperfecto

pero capaz de prever,

a lo que está por hacer

primero lo conceptúa

y la vez que lo evalúa

elige su proceder…

(o así debería ser).

Más de al galope+ Ver todas
Te puede interesar