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Footing intelectual

Al galope del verso

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Verseando no soy un pope, pero eso a mí no me asusta, verseo porque me gusta, porque recuerdo al galope.

Yo no expreso sentimientos, ni los quiero despertar. Para incitarle a pensar expongo mi pensamiento y mato el aburrimiento no dejando de rimar. Mi objetivo es precisar lo esencial que todo humano debe saber del humano para saber cómo actuar y poderse realizar conviviendo con su hermano.

Para lograr esto pensé que primero debía comenzar por lo que el humano es, siente, piensa y hace. Comencé por el significado de las palabras que se refieren a todo eso sin prever ni planificar ningún orden, sino tal como se ocurrían, con lo cual me metí en un lío bárbaro (aunque esto no es un problema porque en la vida del animal emocional que además piensa todo está relacionado).

El mismo proceso de escribir me ayuda a continuar razonando y escribiendo: cuando en una estrofa describo un aspecto del humano, descubro lo que está más directamente relacionado con este tema y sigo escribiendo.

Comencé por la palabra, la idea, el entendimiento, el conocimiento, la verdad, las emociones y ahora intentaré señalar los vínculos de todo eso con la armonía, la sintaxis, la intuición, la certeza y el método científico.

Emoción y razón

La emoción y la razón se complementan como las piernas al caminar. Cuando caminamos, mientras una pierna sostiene el peso del cuerpo y lo empuja hacia adelante, la otra se adelanta hacia el nuevo contacto para luego sostener y empujar al resto del cuerpo; pero si una pierna resbala o no encuentra el piso, automáticamente lo percibimos y extendemos los brazos para tomarnos de algo y evitar caer y golpearnos.

Del mismo modo sentimos cuando erramos al pensar. 

A lo incongruente o equivocado que percibimos como un malestar o rechazo, el psicólogo social León Festinger (1957) lo llama "disonancia cognitiva".

En cambio, cuando vamos entendiendo y actuando como corresponde sentimos la complacencia o por lo menos la paz y tranquilidad gratificante de la armonía.

Es evidente que sentimos tanto lo disarmónico como lo armónico de lo que pensamos, sentimos y hacemos. 

La palabra armonía alude al equilibrio, correspondencia, proporcionalidad, adecuación y coherencia entre las partes o funciones de algo. Por lo tanto, la armonía es la "correspondencia" que se siente, nos emociona, nos motiva y moviliza. Porque de algún modo todo lo que percibimos como armonioso nos atrae y complace. 

El organismo humano cumple su ciclo vital si en él funciona todo armónicamente. Y al hacerlo se siente bien, se siente vivo, se alegra de sentirse vivo y de saber qué hacer para seguir viviendo.          

Realidad, armonía, sintaxis y verdad

La armonía es una condición necesaria para entender y llegar a conocimientos ciertos que son necesarios para la vida. La falta de armonía concluye en el error y el error en el dolor.

Decir que la armonía es la condición necesaria para llegar a la verdad es como decir que para llegar a un destino previsto hace falta recorrer el camino correcto sin distracciones, desvíos ni abandonos.

Del mismo modo, para poder expresar lo que es cierto, hace falta detectar y constatar que las palabras y el orden de estas coincidan con el orden de las ideas que representan a la realidad.

La sintaxis es el orden cronológico y espacial de los signos sonoros sincronizados con el orden temporal, espacial y causal de las ideas.

Cuando todo esto sucede armónicamente, las palabras dicen la verdad. Sin embargo, como la mente humana es limitada, la verdad puede ser más o menos aproximada pero nunca absoluta.

Certeza

El diccionario dice que certeza es el "conocimiento claro y seguro de algo". Luego dice que certeza significa "cualidad de lo cierto". Son sinónimos de certeza: certidumbre, evidencia, convicción, convencimiento, seguridad.

En Google dicen que certeza es "conciencia de saber". Lo que supone que sentimos que sabemos. Luego agrega: "Que no deja lugar a dudas". Pero la duda no es un conocimiento; es algo que se siente, una sensación; por lo tanto, su opuesto, la certeza también es una sensación o por lo menos la sensación es uno de sus componentes.

Por eso cabe decir que la certeza es una sensación o emoción que aparece cuando sentimos que llegamos a la coincidencia de la idea con lo real, confirmada por la experiencia actual, o similares del pasado, recordada consciente o inconscientemente. 

 La certeza aparece en el presente sin que haga falta la correspondiente confirmación experimental porque vale como confirmación experimental el recuerdo de los resultados de procesos anteriores iguales o similares.

Y esto nos lleva a plantearnos qué es la intuición; si realmente existe y qué función cumple el pensamiento o trabajo intelectual inconsciente.

Intuición

En el diccionario, en intuición dice: "Habilidad para conocer, comprender o percibir algo de manera clara e inmediata sin intervención de la razón".

 Para mayor precisión debería decir "sin la intervención actual del razonamiento consciente". Lo cual permite pensar que lo que ahora percibimos como cierto está confirmado por el recuerdo de experiencias y razonamientos anteriores iguales o similares.

Intuición y método científico

La diferencia y el parecido de la intuición con el conocimiento científico está en que, en el método de la ciencia, la prueba experimental confirmatoria es consciente, perceptible al final del experimento y repetible por el mismo y por otros investigadores. 

En el conocimiento experimental, lo fundamental del proceso es consciente; lo inconsciente es secundario o complementario.  

La prueba confirmatoria es objetiva y final y al experimento lo pueden repetir otros investigadores las veces que quieran y el resultado siempre debe ser el mismo, de allí la certeza.  

En cambio, cuando intuimos, las pruebas confirmatorias son el recuerdo inconsciente. Los conocimientos adquiridos en el pasado no desaparecen, quedan registrados en la memoria inconsciente desde donde, sin que nos demos cuenta, vienen a consolidar el razonamiento consciente.

En definitiva, la intuición sería sentir como cierto un conocimiento cuya prueba radica en el recuerdo inconsciente de experiencias anteriores, iguales o similares.  

Conducta    

"El hombre, para vivir, no pueda desconocer lo que debe conducir". Esto significa que, para saber y poder conducirse, el hombre necesita "conocerse a sí mismo". Conocerse a sí mismo implica percibir y sopesar lo que siente, lo que quiere, piensa y hace con sus consecuencias inmediatas y futuras. De un modo similar a lo que hace el médico que debe conocer cómo es y cómo funciona el organismo sano; qué y cómo lo enferma, para luego decidir qué hacer para que el organismo vuelva a la normalidad de la salud. Todos los humanos nacemos sin saber, no podemos sobrevivir si no nos cuidan y enseñan a cuidarnos para seguir vivos. Necesitamos que nos enseñen a comportarnos como humanos que quieren completar su ciclo vital (si hay o no otra vida ya es entrar en el campo de las suposiciones). 

Para completar nuestro ciclo vital terrenal necesitamos saber que cada uno debe saber conducirse a sí mismo y que para eso cada uno debe aprender y saber cómo hacerlo. Es lo que dijimos al principio: si el hombre para vivir conduce su proceder no puede desconocer lo que debe conducir. ¿Pero cómo lo aprendemos si nacemos sin saber?  En primer lugar, aprendemos porque nacemos con un cerebro capaz de desarrollarse y aprender. Aprendemos de lo que nos dicen y del ejemplo de los que nos engendraron, alimentan, cuidan y enseñan. Después aprendemos de la escuela y la sociedad en general.  

Por último, cada uno puede entender y aprender por sí mismo de sí mismo, de su propia experiencia, y de lo que observa y experimenta en sus relaciones interpersonales y de las interrelaciones humanas en general. Aprender implica atender para conocer qué sentimos, qué queremos, qué deseamos, qué entendemos, qué decidimos, qué hacemos y cuáles son los resultados de todo eso para corregir o adecuar lo que haga falta sobre la marcha o en futuras situaciones similares.  Todo esto sin dañarse y sin dañar a los demás; porque, si me permito dañar a los demás, habilito a que los demás me dañen a mí.

Eso se llama conducta; y para que la conducta adecuada, armoniosa y saludable se haga habitual, en algún momento debe ser prevista, planificada, evaluada y encauzada conscientemente para así detectar y corregir los desvíos o insuficiencias derivadas de los instintos, emociones, pasiones y hábitos descontrolados.          

Si le llamamos conducta

a la acción de conducir,

es lógico deducir

que implica la de entender

para después de prever

elegir y decidir

el modo de proceder

que nos permita vivir

sin errar ni padecer.

Sin ser del todo consciente

el animal con razón

ante cada situación

la bosqueja mentalmente

y elabora previamente

el programa de su acción.

Si prestamos atención

además de las pulsiones

los deseos y emociones

que lo impulsan a la acción,

siempre y en toda ocasión,

sin ser del todo consciente

el humano previamente   

utiliza la razón

y elige la decisión

que cree más conveniente.

Aunque lo haga fugazmente

y sin mucha precisión,

ante cada situación,

después de captar los qué,

analizar los porqués

y prever su evolución

por lo que entiende y prevé

imagina para qué

y cómo será su acción.

Pero nunca la razón

selecciona las acciones

sin que el miedo, la emoción,

el deseo, la ilusión,

los hábitos y pasiones

influyan en la elección. 

Por eso que nuestra mente

para saber elegir

y podernos conducir

del modo más conveniente

debe además de sentir,

reconocer lo que siente

para evaluar y elegir

la conducta pertinente.

Lo cual implica evaluar

las mentiras y el engaño 

y evitar posibles daños.

Esto no solo es posible;

es también indispensable,

si esto no fuera factible,

nadie sería culpable

ni tampoco responsable

ni acusable ni punible.

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