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Footing intelectual

Al galope del verso

Educación y conciencia

La educación no es solo asimilar los conocimientos que aporta la ciencia y la experiencia acerca del mundo que nos rodea y sobre nosotros mismos. La educación, además de lo anterior, también nos capacita para que evitemos el error, el autoengaño, las interpretaciones y las conductas que resultarán nocivas para nosotros mismos y para los demás. 

La verdadera educación implica reconocerse como limitado y falible e incluye la necesidad de asumir la responsabilidad y el hábito de auto supervisar lo que uno mismo siente, entiende y hace para evitar la repetición de incoherencias y contradicciones que tienen consecuencias dañinas para uno mismo y/o para los demás.

¿Pero cómo se pueden prever los perjuicios de lo que todavía no hicimos ni sucedió si todos nacemos sin saber?

La respuesta es obvia: con educación. Porque la vida en este mundo es una sucesión de situaciones, fenómenos y procesos que se repiten y van cambiando y eso hace que la inteligencia humana pueda aprender de la experiencia, sacar conclusiones, prever, precaverse y prevenir a las nuevas generaciones para ponerlos sobre aviso, aconsejando e imponiendo directivas y principios (aunque esos consejos y directivas no siempre sean los más acertados, ni suficientes, ni están refrendados con el ejemplo).

El ejemplo es tal vez el determinante más importante porque casi todo lo aprendemos sin darnos cuenta copiando lo que hacen los demás, especialmente los convivientes. Pero aparte de lo que nos enseñan los demás, aprendemos reflexionando acerca de nuestras propias experiencias personales. 

Es decir, volver a reflexionar sobre lo que sentimos, pensamos, dijimos, hicimos o dejamos de hacer y en sus consecuencias para detectar errores, pensar en qué hubiera sido lo más adecuado para no repetir en el futuro los mismos errores (para no chocar con la misma piedra como se dice ahora). 

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Pero… 

En los tiempos modernos muchos creen que esa precaución es perniciosa, antinatural e innecesaria porque reprime la libertad y la espontaneidad de los impulsos y emociones propias de cada uno. Creen que lo natural y saludable es que la emoción y los deseos del momento regulen la conducta sin la supervisión y guía de la inteligencia. También creen que es imposible controlar los impulsos, pensamientos y emociones.

Sin embargo, tenemos el cerebro más desarrollado del planeta con el que podemos hacer cosas muy complejas sin reprimir la espontaneidad. La inteligencia tan solo hace surgir una espontaneidad más adecuada y satisfactoria. El análisis y evaluación de repetidos resultados, hacen que en las próximas situaciones similares progresivamente surjan emociones e impulsos y más adecuadas. Esta es una capacidad potencial, es decir que puede desarrollarse, y que se perfecciona con la práctica.  

Esta necesidad de atender a lo que uno mismo siente, piensa, hace y lo que le sucede en consecuencia, condice con el viejo "Conócete a ti mismo" que hace más de 28 siglos los griegos escribieron en el frente del templo de Delfos, 

Lo que no podemos saber es si los griegos de entonces sabían qué, cómo, cuándo, por qué y para qué hay que conocerse a sí mismo,  porque muchos acudían para que las pitonisas les adivinaran la suerte. 

De todas maneras, ese mandato condice con lo que promueven prácticamente todas las religiones y muchos enfoques psicoterapéuticos y neurocientíficos actuales, que por supuesto no utilizan las palabras ética, moral o conciencia (porque sería "un quemo" como se suele decir vulgarmente). Esas palabras son los caballitos de batalla de muchas religiones y hoy la religión está en desuso. No es lo moderno ni lo científico.    

Y hablando de religiones; sin postular ni negar ninguna divinidad, yo diría que todas obedecen a la necesidad de encauzar la conducta de los humanos tratando de evitar las diferentes y frecuentes barbaridades y atrocidades que hicieron y hacemos los humanos. 

  De la Literatura Española de cuarto año recuerdo el verso de Gaspar Núñez de Arce (1834-1903) que dice:

                                    Conciencia nunca dormida,

                                   mudo y pertinaz testigo

                                   que no dejas sin castigo

                                   ningún crimen de la vida;

                                   la ley calla, el mundo olvida

                                   ¿Mas quién sacude tu yugo?

                                   Al Sumo Hacedor le plugo

                                   que a solas con tu pecado

                                   fueras tú con el culpado

                                   delator, juez y verdugo.

            Suena bien pero no aclara qué entiende por pecado y además las palabras castigo, crimen, yugo y verdugo asustan y provocan rechazo porque hacen pensar en sufrimiento y en dolor. El verso tampoco define qué es la conciencia, ni cómo funciona, ni qué función cumple.

            Yo reemplazaría "al Sumo Hacedor le plugo" por "a la natura le plugo" para dejar en claro que se trata de una necesidad y a la vez capacidad propia de la naturaleza humana. Así todos comprenderíamos no solo que es posible ser consciente, sino que es imprescindible para vivir y realizarnos sin dañarnos ni dañar a los demás. 

            Por eso propongo reemplazar el verso de Gaspar Núñez de Arce por uno propio que dice:           

                        Siendo el hombre inteligente

                       también puede ser consciente;

                       puede entender lo que siente

                       y sentir si es coincidente

                       con lo cierto y evidente

                        y si será conveniente,

                        para él y el conviviente

                       y no solo en el presente

                       la conducta consiguiente.

                                   Si la función hace al órgano

                                   y lo atrofia la inacción,

                                   por lógica deducción,

                                   lo que llamamos conciencia

                                   se aproxima a la excelencia 

                                    transformándola en función.              

Es fácil la explicación;

como podrá comprender

es más fácil recorrer

un camino ya trillado

que tener que acometer

y trillar lo enmarañado.          

                                    El hábito simplifica

                                    y permita reducir

                                   todo el esfuerzo que implica

                                   la tarea de vivir.

Queda claro que para desarrollar nuestra capacidad de ser conscientes y actuar en consecuencia, necesitamos el consejo y el ejemplo de quienes lo hicieron antes y la decisión personal de ejercitarnos practicando.

Supervisar y encauzar impulsos, emociones, pensamientos y decisiones para no herir susceptibilidades y evitar errores es lo que se llama "ser consciente o tener conciencia".

Cuando el humano actúa llevado solo por el instinto, el hábito o la emoción del momento e incurre en algún error conceptual, verbal o conductual; aunque no identifique cuál fue el error, le surge una sensación desagradable que le avisa que algo está mal. Puede suceder que el individuo elija ignorar lo que sintió y siga adelante sin reconocer ni reparar nada, con lo que probablemente incurrirá en nuevos errores con sus consecuencias. Otro mecanismo posible que lo tranquilizará momentáneamente es atribuir el error o la culpa a otros, con lo que envenena el diálogo, la comprensión y las relaciones. 

Glosario

Consciente: Dicho de una persona que tiene conocimiento de algo o se da cuenta de ello, especialmente de los propios actos y sus consecuencias.

Conciencia: Conocimiento del bien y del mal que permite a la persona enjuiciar moralmente la realidad y los actos, especialmente los propios.

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