
Nada está quieto
La construcción política nunca termina. El único final posible para un proyecto es la extinción lisa y llana, y esa conversión de algo a la nada es un hecho absolutamente inusual. Sí es frecuente que lo poderoso se convierta en minoritario o incluso en insignificante, pero la sola existencia basta para mantener latente la posibilidad de un resurgimiento o, siquiera, la chance de que las circunstancias transformen lo poco que uno tiene entre manos en algo extremadamente valioso para los demás.







