El día definitivo
A las 15.27 de ayer, cientos de miles de chaqueños y millones de argentinos dejaron en pausa lo que estaban haciendo. Fue para escuchar la lectura del veredicto del jurado ciudadano que tenía la misión de definir la culpabilidad o no culpabilidad de los siete imputados en la causa penal que investigó el asesinato y desaparición de Cecilia Strzyzowski. Entre ellos, las cabezas del clan piquetero más poderoso que conoció el Chaco, Emerenciano Sena y Marcela Acuña. Los dos conservaban diferentes dosis de esperanza de evitar ser considerados partícipes primarios del crimen ejecutado por el hijo de ambos, César Sena. No les fue bien: los tres serán condenados a prisión perpetua.
El desenlace conmueve de varias maneras y en diferentes sentidos. Por ejemplo, por la emoción de la madre y la abuela de Cecilia, que ven realizado algo que en muchos momentos parecía inalcanzable. ¿Cómo podían soñar con que se hiciera justicia si, al reclamar que esa muerte atroz no quedara impune, se enfrentaban a toda una estructura de poder? Sin embargo, movilizaciones inéditas, por sus dimensiones, y el coraje de un grupo de magistrados lograron que viéramos lo que pocas veces sucede en nuestro país y en nuestra provincia: que los que tienen poder paguen por lo que hicieron fuera de los márgenes de la ley.
La escena de la siesta de ayer en el Centro de Estudios Judiciales también impacta por el derrotero de los Sena. Una historia de acumulación de poder político y económico que parecía no tener techo, y que ahora quedará convertida en décadas de encierro y olvido. Es la muerte irremediable de sus vidas, tal como las conocieron hasta ahora.

No solo ellos
Una condena, a menos que sea injusta, es siempre una derrota. Para el caso de Emerenciano, Marcela y César, no hace falta seguir explicando por qué. Tenían todo, se quedaron sin nada. Sobre todo, sin libertad. Quizá, paradójicamente, por tener todo y por suponer que eso los liberaba de los límites que sí alcanzan a los demás.
Pero aunque es tentador suponer que el veredicto de ayer, histórico para la justicia penal del Chaco (que dio una lección a todo el país), involucra solamente a los Sena, en el banquillo también estuvieron, aunque se hayan escondido prudentemente, todos los que alimentaron al monstruo. Las grandes figuras del kirchnerismo local que alquilaron al movimiento piquetero para usarlo en su provecho político, el periodismo militante que salía a bancarlos y a desprestigiar a los críticos de los arranques violentos y la prepotencia de Emerenciano y sus lugartenientes, esa intelectualidad trucha que leyó libros para convertir delincuentes y marginales en héroes. Ellos también fueron condenados. Incluso desde mucho antes, en 2023, cuando la ciudadanía les quitó el poder y los lanzó al llano. Ayer algunos de ellos seguían, en las redes, intentando vender lo ocurrido como una monumental maniobra de los "medios hegemónicos" y del "discurso dominante" contra "los luchadores sociales".
La memoria
Enfrente de toda esa descomposición, hubo una porción inmensa de la sociedad chaqueña que, simplemente, dijo basta. La lucha de Gloria Romero y de quienes la acompañaron (entre quienes hay que mencionar a su abogado más fiel, Gustavo Briend) tuvo el apoyo conmovedor de ciudadanos que llegaron a ser parte de las movilizaciones civiles más grandes que recuerde el Chaco. Marchas de más de 30.000 personas. Gente que llegaba al centro de Resistencia desde todas partes y por sus propios medios.
Como siempre en estos casos, la atención fue declinando. Cuando las novedades más impactantes de los primeros tiempos se terminaron y llegó el momento de que avance el proceso rumbo al juicio, las calles se vaciaron. Pero la memoria no se apagó. Las horas previas al veredicto de ayer demostraron que el reclamo de justicia seguía tan vivo como el primer día. En la transmisión realizada el viernes y ayer por NORTE TV a la espera del desenlace judicial, hubo mensajes de toda la Argentina, pero también de lugares tan diversos como Uruguay, Paraguay, Bolivia, México, Venezuela, Ecuador, Chile, Austria, Noruega, Irlanda, Estados Unidos, España y otras muchas procedencias.
Cuando se conoció la totalidad del veredicto, los medios y las redes se llenaron de expresiones de júbilo. Los apologistas de la "violencia buena" (como si tal cosa pudiera existir) también asomaron, pero quedaron absolutamente tapados por la avalancha de mensajes celebratorios.
La suerte
"Somos genéticamente esclavos. Esto lo leí de un sociólogo, que decía que los genes de los esclavos viajan a través de las generaciones. En nuestros genes está eso de aceptar que el sistema nos esclavice. Antes el esclavo aceptaba ser explotado a cambio de comida. Hoy el amo manda a votar, y pide a los esclavos que se queden en la villa. Ahora son más esclavos que antes, porque antes los esclavos eran mejor alimentados porque tenían que ir a la guerra. Ahora se quedan a morir tranquilos en sus ranchos. Su misión hoy no es ir a la guerra; su misión hoy es morirse tranquilos, callados, sin nada". Me lo dijo Emerenciano en una entrevista para NORTE, publicada en enero de 2007. En el poder provincial estaba el radicalismo, que consideraba a Sena uno de sus principales enemigos. Luego llegó al poder Jorge Capitanich, y todo cambió. El movimiento de "Eme" pasó a ser la organización más bendecida con recursos oficiales.
Es probable que ese punto de quiebre en la historia política del Chaco haya sido el principio del final para el Emerenciano más auténtico, aquel que cargaba los dolores de una infancia marcada por la miseria y por la devoción hacia una madre que hacía hasta lo imposible por alimentar a los doce hijos que tuvo con Santo Sena, ese padre con el que el dirigente piquetero tuvo una relación que zigzagueaba entre el amor y el odio. Estuvo a punto de acuchillarlo cuando era todavía un adolescente, pero, a la vez, su mejor recuerdo era con él: cuando le enseñó a arrojar, desde la canoa, el mallón de veinte corchos que permitía sacarle al río algo de comida para el rancho.
"Si te quedás con él, te voy a escupir la tumba", le dijo un joven Emerenciano a Teodora cuando, un día, volvió al hogar después de trabajar y vio que ella había regresado, por enésima vez, a esa relación de sometimiento con Santo. "Pobre mi vieja, yo sé que ella se murió enamorada de él", contó Sena en aquella charla.
La vida, a partir de 2007, se le dio vuelta como un guante. Las zozobras habían quedado atrás. Casa en el centro, camionetas de alta gama compradas al contado, virtual inmunidad para moverse a sus anchas y mucha gente dispuesta a decirle que tenía todo permitido. Él y Marcela, la nueva esposa que conoció en las luchas de las calles, parecían tener todos los vientos a favor. Hasta que un día descubrieron que no todo se podía. Ese día, definitivamente, fue ayer. Les tocó a ellos poner la cara. La casi totalidad de sus amigos y protectores de los años idos, en puntas de pie, se ubicaron bien lejos de las fotos.
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