Nada está quieto
La construcción política nunca termina. El único final posible para un proyecto es la extinción lisa y llana, y esa conversión de algo a la nada es un hecho absolutamente inusual. Sí es frecuente que lo poderoso se convierta en minoritario o incluso en insignificante, pero la sola existencia basta para mantener latente la posibilidad de un resurgimiento o, siquiera, la chance de que las circunstancias transformen lo poco que uno tiene entre manos en algo extremadamente valioso para los demás.
Pero el dato de interés para este artículo es la imposibilidad de la pausa en esa construcción. En política uno siempre está haciendo algo, incluso cuando no hace nada. Nada deja de tener una consecuencia, con lo cual hasta lo que no se realiza termina siendo un hecho en sí mismo.

Otra fase
En el caso de Leandro Zdero, la sentencia anterior vale como nunca antes en su vida. La llegada al poder significa para cualquiera ya no solamente que las siestas están prohibidas sino que además vuelve al éxito una exigencia constante. La kriptonita de quien gobierna será siempre el fracaso, y el triunfo su vitamina esencial.
En lo terrenal, sobre el polvo del camino, eso se plasma en una multitud de rituales, métodos, herramientas, creaciones y acomodamientos que deberán llevarse a cabo día a día, hora por hora. La fábrica no puede parar y la cinta transportadora debe volcar, en las cajas, productos que sean lo más parecidos posible a los que uno tenía en mente.
Zdero, hasta 2023, fue un constructor tenaz. Cuando llegó a la política, en los ’90, subido al escenario por un Angel Rozas que lo situó como principal referente de la juventud radical, había mucha ruta por delante y él supo sortear las curvas más complicadas.
El punto de quiebre estuvo en diciembre de 2022, cuando tuvo que decidir si aceptaba ser el candidato a intendente de Resistencia del partido o conservaba su intención de buscar la postulación a gobernador. Para esto último iba a tener que enfrentar al precandidato que eligiera Rozas, hasta allí el hombre más fuerte de la UCR. Eligió lo más arriesgado: ir a la interna, sin estructura y casi sin recursos.
La apuesta le salió redonda, porque en 2023 Zdero venció a Juan Carlos Polini, el hombre nominado por Rozas, y ese envión lo entonó para hacerle frente a un Jorge Capitanich que parecía imbatible. Para sorpresa de todo el país, también derribó a quien llevaba dieciséis años siendo el principal líder político de la provincia. Zdero, que unos meses antes parecía condenado a la nada, se quedaba con todo.
Circunstancias
Cada cambio de guardia en el poder genera movimientos tectónicos conocidos. Sobrevienen realineamientos, los viejos jefes quedan devaluados, legiones de dirigentes y militantes buscan arrimarse a la sombra del ganador. Volvió a pasar con Zdero, como había pasado luego de la sorprendente victoria de Rozas en 1995 y de la no menos rutilante hazaña de Capitanich en 2007.
Hubo hasta aquí, con respecto a esos antecedentes, algunas diferencias. Una de ellas es que Zdero no logró repetir, en las primeras elecciones de medio término que le tocó afrontar como gobernador, los resultados aplastantes que sí obtuvieron Rozas en el ’97 y Capitanich en 2009, y que les permitió a ambos cementar sus condiciones de machos alfa de la política local y de sus respectivos partidos.
Hay varios factores que pueden haber influido para que este año las cosas hayan sido como fueron:
La realidad económica. Zdero tuvo que gestionar sus dos primeros años con presupuestos restringidísimos a raíz del ajuste motosiérrico de Javier Milei y de la herencia desastrosa que dice haber recibido de Capitanich. Rozas llegó al poder cuando Carlos Menem había sido reelegido como presidente y la convertibilidad peso-dólar aún funcionaba. Capitanich inició su administración con el viento de cola de la era de oro del kirchnerismo y el boom de los commodities.
El ecosistema político. Rozas y Capitanich asumieron roles centrales prácticamente excluyentes tras llegar al poder. Florencio Tenev, el rival de Rozas en el ’95, pasó a un segundísimo plano. Rozas, luego de ser derrotado por Capitanich, bajó totalmente el perfil. El triunfo de Zdero no implicó la salida de escena de Capitanich, quien, por el contrario, fue candidato a todo en 2025, preside el PJ y maneja a control remoto la representación parlamentaria peronista en la Legislatura.
La relación con la Casa Rosada. Rozas, al asumir, siguió siendo un opositor tenaz al menemismo, lo que le permitió tomar distancia de los aspectos más cuestionados de aquella versión peronista. Capitanich, en su turno, se alineó por completo con los Kirchner, compartiendo los beneficios del mejor momento del proyecto K. Zdero, obligado por la precariedad financiera de su gestión, quedó pegado a un gobierno que tiene a la mitad de la ciudadanía a favor y a la otra mitad en contra.
Internas y alianzas
Hay un par de factores más a tener en cuenta. Uno de ellos son los panoramas internos de cada época y cada personaje. Rozas fue el nuevo líder de los radicales del Chaco tan pronto le ganó al sector del histórico caudillo Luis León la candidatura a la gobernación del ’95. Mucho más cuando despachó a Tenev en la batalla final. Capitanich también se apropió de todo el poder interno justicialista con el batacazo de 2007.
La situación de Zdero muestra diferencias. Si bien, como era lógico, en 2023 pasó a ser la figura central de la UCR, la interna del partido no está tan domesticada como la del ’95 en adelante ni la del peronismo en la era Capitanich. Al gobernador le toca conducir una fuerza que conserva polos de poder interno que hoy no le representan una amenaza pero son significativos.
Hay, para empezar, dos exgobernadores con mucho predicamento entre afiliados y seguidores, Rozas y Roy Nikisch. Ambos están en una actitud colaborativa con Zdero, pero, por ejemplo, expresan algunas observaciones cuando no hay micrófonos de por medio. Algunas a la gestión, otras al acuerdo político y electoral con Milei, en ciertos aspectos al gabinete. El rozismo, además, dice que hay actores del leandrismo que generaron "municipios paralelos" en localidades con intendentes de Convergencia Social (línea que tiene diez de las veintiún intendencias radicales).
Pero es posiblemente la sociedad con el mileísmo lo más sensible en el radicalismo de puertas adentro. La decisión de darle a La Libertad Avanza las dos principales candidaturas nacionales de octubre y de permitir que el nombre de la UCR no aparezca en las boletas ni en los afiches cayó mal en los sectores más tradicionales. A la vez, la mayoría entiende que Zdero no tenía demasiadas opciones: la dependencia de la Rosada para sostener la cadena de pagos es demasiado grande.
Movimientos
Además de esos ruidos, hay dirigentes y espacios que no se sabe bien cómo jugarán en el futuro próximo, es decir 2027. Vamos con un par de ejemplos. Aída Ayala, tras salir airosa de las causas judiciales que la involucraban, coquetea con un posible regreso a la carrera política. ¿De qué modo? No se sabe. En Sáenz Peña, los Cipolini son otra incógnita, y algunos dan por seguro que Bruno, el intendente, buscará la candidatura a la gobernación.
Por el lado de los aliados externos, la sociedad con los libertarios tiene sus propios bemoles. El diálogo con los hermanos Milei es mucho mejor que el que hay con los referentes locales del presidente y su hermana. Hasta se dice que, buscando capitalizar esas fisuras, desde lo más alto del peronismo chaqueño se le ofreció a LLA un acuerdo exprés para dejar a un libertario en la presidencia de la Legislatura. Una idea que habría sido derribada en algún punto del trayecto de consultas a que dio lugar.
Todo se mueve, nada está quieto. El año que comenzará el jueves dirá mucho acerca del desplazamiento de las piezas que están sobre el tablero.










