La Casona, el lugar donde envejecer también significa volver a empezar
No nació solamente para atender enfermedades. surgió de una pregunta que un grupo de profesionales comenzó a hacerse frente a una realidad que veía todos los días: ¿qué pasa con una persona mayor cuando el consultorio ya no alcanza?
Hay una edad en la que el tiempo comienza a medirse de otra manera. Ya no necesariamente por los horarios del trabajo, la escuela de los hijos, las obligaciones o aquella agenda que durante décadas parecía no dejar un minuto libre. De repente, sobran algunas horas. Cambian las rutinas. Los hijos hicieron sus vidas. Algunos amigos ya no están. El cuerpo empieza a pedir otros tiempos. Y, en ocasiones, aparece una pregunta silenciosa: ¿cuál es ahora mi lugar?
En Las Breñas, un grupo de profesionales de la salud comenzó a encontrarse con esa realidad mucho antes de que existiera La Casona. La veían en sus consultorios.

Llegaban adultos mayores con enfermedades, dificultades físicas, deterioro de algunas capacidades o pérdida de autonomía.
Pero detrás de cada consulta aparecía algo más. Estaban las familias que buscaban respuestas. La preocupación de los hijos. Los cambios en las rutinas. La soledad. La necesidad de relacionarse con otros. La dificultad de asumir que algunas cosas que antes resultaban sencillas ahora demandaban esfuerzo. Y comprendieron algo fundamental: había situaciones que ninguna disciplina podía resolver por sí sola.
Cada profesional intentaba responder desde su especialidad. Pero la medicina podía atender una enfermedad y aun así quedar preguntas pendientes. La kinesiología podía trabajar sobre el movimiento, pero existían otras necesidades. Lo mismo ocurría desde la psicología, la fonoaudiología o cualquier otra disciplina. La persona era una sola. Y necesitaba ser mirada como tal. "Fuimos comprendiendo que el abordaje aislado no alcanzaba. Había necesidades que requerían ser miradas de manera integral, interdisciplinaria y, sobre todo, humana", explica Sofía Zoloff Michoff, licenciada en Fonoaudiología y orientadora de La Casona.
Entonces apareció la pregunta que terminaría convirtiéndose en el punto de partida del proyecto: ¿Qué podemos hacer como comunidad por nuestros adultos mayores? En Las Breñas ya existían centros de jubilados, clubes de tercera edad y lugares para encontrarse y compartir. Pero aquel grupo imaginaba algo diferente y complementario. Un espacio capaz de unir la socialización y la recreación con el seguimiento de la salud. De esa inquietud nació La Casona.

Mirar lo que queda, no solamente lo que se pierde
Envejecer supone atravesar pérdidas. Termina la actividad laboral que durante buena parte de la vida otorgó rutinas, responsabilidades y pertenencia. Cambian los vínculos familiares. Se pierden amigos y seres queridos. También cambia el cuerpo. Hay movimientos que cuestan más.
Pero existe otra pérdida que no siempre aparece escrita en una historia clínica. La sensación de dejar de ser necesario. Sentir que ya no se ocupa el mismo lugar en la familia, en el trabajo o en la comunidad puede convertirse en una de las transformaciones más profundas de la vejez. Por eso, quienes imaginaron La Casona decidieron cambiar el punto desde donde mirar. No concentrarse solamente en aquello que los años se llevaron. Preguntarse qué queda. Y, especialmente, qué todavía puede comenzar. "Quisimos construir un espacio que no pusiera el foco únicamente en aquello que se pierde, sino también en todo aquello que todavía puede construirse, descubrirse y compartirse", sostiene Zoloff Michoff a NORTE.
Tener un motivo para levantarse
Entonces aparecen las pequeñas cosas. Una actividad. Una conversación. Mover el cuerpo. Ejercitar la memoria. Encontrarse con alguien. Reírse. Aprender algo que nunca se había hecho. Esperar que llegue determinado día porque hay un taller. En términos médicos quizá sean difíciles de cuantificar. En términos humanos pueden representar muchísimo. "Buscamos que cada adulto mayor pueda sentirse útil, valorado, escuchado y acompañado. Que encuentre un lugar donde sus capacidades sean reconocidas y donde sus dificultades no definan quién es", resume la orientadora.
Por eso en La Casona conviven salud, recreación, movimiento, estimulación, expresión y relaciones sociales. El espacio presta servicios de centro de día y transporte enmarcados en la Ley Nacional 24.901 y desarrolla talleres de actividad física adaptada y estimulación cognitiva. Detrás existe un equipo integrado por una directora médica, un médico consultor, dos fonoaudiólogas, una auxiliar de enfermería, una psicóloga, una kinesióloga, una trabajadora social y un profesor de Educación Física.
Zoloff Michoff, además de su formación como fonoaudióloga, cumple el rol de orientadora: coordina las actividades y talleres y es quien va construyendo puentes con instituciones, profesionales y distintos sectores de Las Breñas. Porque otra de las ideas centrales fue que La Casona nunca se convirtiera en una isla.

De la huerta a Agronea
Uno de esos puentes terminó llevando a los adultos mayores a un escenario quizás impensado cuando comenzaron. La Casona articuló durante un año con el INTA mediante una experiencia vinculada al programa ProHuerta. El proyecto avanzó hasta que los trabajos realizados llegaron a Agronea, donde fueron expuestos. De una actividad cotidiana a una de las muestras más importantes de la región. Pero no fue la única puerta que se abrió.
La Casona generó intercambios con escuelas de danza, bibliotecas, profesionales de distintas especialidades y disciplinas, además de instituciones y organismos de la localidad. Cada vínculo persigue el mismo objetivo: mantener a los adultos mayores conectados con aquello que sucede afuera. Porque acompañar también significa evitar el aislamiento.
Cuando los años todavía tienen mucho para contar
Tal vez por eso La Casona pueda explicarse mejor sin hablar inicialmente de prestaciones, disciplinas o tratamientos. Puede explicarse con aquella primera pregunta. ¿Qué hacemos cuando entendemos que nuestros adultos mayores necesitan algo más?
En Las Breñas, un grupo de profesionales decidió buscar una respuesta colectiva.
Y apareció un lugar donde la estimulación cognitiva puede convivir con una charla, la actividad física con una sonrisa, el cuidado profesional con una tarde compartida y una huerta puede terminar llevando el trabajo de sus protagonistas hasta Agronea.
Un lugar donde alguien puede descubrir que todavía tiene algo para aprender. Algo para enseñar. Algo para compartir. Y alguien que lo espera. La Casona nació para acompañar el paso del tiempo. Pero, sobre todo, para recordar que mientras haya vínculos, proyectos y motivos para levantarse cada mañana, siempre queda vida por delante.
El valor de hacerlo en Las Breñas
Que una experiencia de estas características se desarrolle en una ciudad del interior tampoco es un dato menor. Muchas prestaciones especializadas y equipos interdisciplinarios tienden a concentrarse en ciudades de mayor tamaño.
Para una familia del interior, acceder a ellos puede significar viajes, tiempo y gastos adicionales. La posibilidad de contar con una alternativa en la propia comunidad modifica esa ecuación.
Pero el proyecto busca ir más allá de acercar servicios. Pretende construir una red local. Profesionales, familias, instituciones, organismos y vecinos alrededor de los adultos mayores. Personas que durante décadas trabajaron, formaron familias, participaron de instituciones, enseñaron oficios, acompañaron a otros y contribuyeron, cada una desde su lugar, a construir la misma comunidad que ahora comienza a preguntarse cómo acompañarlas.
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