Llega a la FIL 2026 la nueva novela de Francisco Tete Romero "Están volviendo"
En el marco de la Feria Iberoamericana del Libro el viernes 9 de octubre a las 20 se presentará Están volviendo nueva novela de Francisco Tete Romero. La misma fue publicada por Editorial Contexto en la colección La Tierra sin mal, que dirige el escritor Juan Mario Basterra.

El viernes en la presentación del libro Francisco Romero estará acompañado en dicha presentación con Jimena Molina, profesora en Letras de la Facultad de Humanidades, y Daniel Omar Luppo, reconocido dramaturgo y gestor cultural a nivel nacional e internacional.

Con estudios preliminares de Nora Merlín y Daniel Omar Luppo, trascribimos a continuación el prólogo de la escritora Nora Merlín.
La insistencia de lo indócil
Una novela que se titula Están volviendo produce, de inmediato, una inevitable perturbación y a la vez una esperanza. Francisco "Tete" Romero nos arroja al centro de una pregunta que acaso exceda los límites de lo literario: ¿qué es aquello que insiste en retornar cuando la historia se pretende dar por cerrada?
Situada en una temporalidad distópica que se despliega entre los años 2032 y 2042, la novela hace añicos aquella vieja y pretenciosa tesis de Francis Fukuyama sobre el "fin de la historia", que auguraba un orden anestesiado en el que los conflictos, las ideologías y las memorias colectivas quedarían sepultados bajo el imperio del mercado. En ese porvenir que ya nos pisa los talones, Romero nos sumerge en una Argentina gobernada por "La Compañía", una regencia extranjera que ha sustituido la democracia por un régimen de vigilancia tecnológica extrema. Es esta la escenificación radical del proyecto de las ultraderechas neotecnológicas, cuyo objetivo último desborda el control político tradicional: se trata de una ofensiva que busca una mutación antropológica, reconfigurando los modos de sentir, pensar y vincularse. Bajo este imperativo cibernético, la dominación ya no opera solo sobre los cuerpos, sino que, administrada por drones de control, una implacable policía del lenguaje basada en algoritmos y la imposición de un sosiego social artificial, se traduce en una profunda pérdida de la soberanía anímica. El lazo social es sistemáticamente pulverizado para producir un sujeto aislado, fragmentado y autoexplotado, atrapado en una burbuja de rendimiento continuo donde el pasado queda anulado. Una radiografía descarnada de la colonización digital de las subjetividades.
En ese mañana asfixiante, la trama nos advierte que la historia no ha terminado. Es el propio Tete Romero quien, de manera sumamente lúcida, cita en el epílogo de la novela a José Saramago para interrogar nuestra relación con el tiempo. Al reponer esa herencia conceptual, Romero nos demuestra que la historia no se despliega como esa cronología lineal que la historiografía oficial —como bien denunciaba Walter Benjamin— pretende narrar bajo la metáfora de un río homogéneo y continuo que fluye hacia el progreso, sepultándolo todo a su paso. Por el contrario, el río que habita en esta novela es un tejido con irrupciones imprevistas, una corriente donde lo que fue enterrado o arrojado al fondo insiste en volver a la superficie. La trama se presenta así en la paradoja del futuro anterior: los muertos irrumpen en el porvenir para interpelar lo que habrá sido de nuestra historia. Pero lo que perturba aquí no es la supervivencia de un mero debate intelectual, sino algo mucho más radical y visceral: lo que retorna, lo que insiste como repetición, son los muertos del pasado.
De esa literalidad descarnada surge una perturbación: en medio de esa cotidianidad hipercontrolada, las voces de los muertos llaman diariamente por teléfono e irrumpen en el porvenir. No se trata de un rumor o de apariciones espectrales, sino de una maquinaria indomable que hackea la rutina programada por "La Compañía". En la era de la virtualidad casi total donde la subjetividad parece anestesiada y capturada por el cambio antropológico de las pantallas, esas llamadas introducen el estatuto de la voz como objeto lacaniano: un resto que se desprende del cuerpo para perforar la consistencia de la realidad digital y negarse a morir. Lejos de ser un mensaje archivado o un dato informativo, esas voces constituyen un oxímoron intolerable para el orden establecido: la irrupción viva de una memoria, un real que escapa a cualquier intento de domesticación tecnológica. Este remanente indócil, incolonizable, trastoca cualquier "normalidad" del tiempo, presente o futuro. Al resonar en el teléfono, el objeto voz rompe el pacto de indiferencia y quiebra de manera irreversible el virus de la amnesia, exigiendo una escucha que aloje lo que el poder pretendía dar por sepultado.
Paradójicamente, en esa misma perturbación de los muertos que llaman emerge la esperanza. Su insistencia abre una hendija que interrumpe el falso fin de la historia y el intento de reseteo subjetivo. Lo que se pretendía sepultar para siempre —la verdad del pasado, la historia— vuelve para demostrar que el olvido absoluto es imposible, que siempre hay restos e insistencias. Frente a este retorno perturbador, la escritura coral de Romero edifica una polifonía comunitaria; las voces del presente tienen que encontrar una nueva escucha para alojar esa irrupción. Esto también conforma una advertencia del autor.
Con una sensibilidad conmovedora y un coraje intelectual infrecuente, Romero asume el riesgo de cartografiar esta época de virtualización, mutación antropológica y también de la resistencia de nuestro pueblo. Allí deslumbra la maestría de Tete Romero: su audacia narrativa no solo desafía los cánones de la literatura contemporánea, sino que ofrece un acto de inmensa generosidad poética y política. Están volviendo nos demuestra que la ficción es un reverso ético capaz de mirar de frente a los muertos de nuestra historia, recordándonos que, ante la deshumanización planificada por el algoritmo, la memoria indócil que retorna como voz sigue siendo nuestra trinchera más sólida. Bienvenidos los lectores a esta novela necesaria, que es un profundo acto de fe en la potencia y la justicia de los que insisten; un abrazo entrañable a la literatura de un autor imprescindible.
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