Heladería La Porteña, 85 años de identidad resistenciana
Por Rolando Perez Beveraggi
Todavía resuena en mis oídos el "Tilin", "Tilin" de la campanita de los heladeros de la Porteña Helados en las tórridas siestas de los veranos resistencianos y a viva voz el clásico "helados, helados, La Porteña helados".

Basilio Paso Penoff inmigrante búlgaro, hace 85 años abría las puertas de la Heladería La Porteña. Hoy sus herederas son sus nietas: Susana Marcela Pariganski y Natalia Lorena Pariganski que son las encargadas y responsables de llevar adelante el negocio familiar. Contaba Susana Marcela Pariganski que "cuando era niña y miraba las novelas de la época en el comedor de la casa, ya era grandecita para estar en la falda de mi abuela Demetria Marinoff y les preguntaba cómo y por qué llegaron a la Argentina y a la provincia del Chaco y, una y otra vez, me contaban que Europa ya había pasado por la Primera Guerra Mundial y en el viejo continente existía guerras internas, escaramuzas y por más que ya se respiraba clima de paz no era una tranquilidad total, no había comida, trabajo ni ilusiones para nada, pero había comentarios que en América y más aún en la Argentina, era un paraíso de alimentos y posibilidades de crecer; entonces como muchas familia de toda Europa se aventuraron en partir a una tierra desconocida con idioma y cultura totalmente diferente, pero con muchas ilusiones".
Susana continúa su relato diciendo que "en 1928 la familia de mi abuelo llegó a la Argentina y en la aduana de Buenos Aires, por política de ese momento, lo derivaron al Chaco con algunas hectáreas asignadas y elementos para el cultivo. Algo similar le sucedió a la familia de mi abuela, pero siempre me contaba que cuando hicieron una parada en Brasil, puesto que el barco era carguero comercial y su madre los tenía que esconder porque esos niños de cabellos rubios y ojos celestes eran muy solicitados para el comercio de trata de personas. Pasado ese mal momento que vivieron, su destino también fue el crudo monte chaqueño. Miro la foto del pasaporte y pienso, mi bisabuela con pañuelo en la cabeza y mirada triste y mi bisabuelo con traje y mirada imponente y esos niños de rostros blanco como nieve, con esos cachetes rosados, ¿que iban a hacer en el monte chaqueño? Y lo hicieron con ese carácter duro de la miseria, se enfrentaron a los retos más hostiles del Chaco".
La nieta heredera de la histórica heladería cuenta que "pasado los años la familia de mi abuelo se vino a la ciudad de Resistencia puesto que el alma de comerciante y emprendedor bullía en su sangre. En sus comienzos a los 12 años como emprendedor y necesidades de la familia, trabajó como lustra botas en los bares frente del Banco Nación y la plaza 25 de Mayo, Bar Los Bancos, lo que ahora es el bar Zan En. A los 16 años y ya con un fuerte capital, una bicicleta que la empeño para poder adquirir un terreno, ese pequeño y gran logro paso a ser el lugar donde hoy se emplaza la empresa Heladería La Porteña". "Pasó el tiempo y a sus 25 años le contaron que en Sáenz Peña había una linda búlgara, y para allá partió para conocerla. Él no sabía que a ella ya la habían advertido lo que iba a suceder, que un búlgaro de Resistencia venía a conocerla ¿y saben lo que paso? Cuando mi abuelo llego a conocerla mi abuela tenía las valijas hechas para venir a vivir con el supuesto novio. Una locura para nuestra época, pero así fue, el matrimonio se realizó y de allí nacieron mi madre Pauliana Penoff y mi tío Pedro Penoff".
Paulina Penoff se casó con Pedro Pariganski, los dos descendientes de búlgaros, era la tradición de ese momento y de ese matrimonio nacieron tres hijos uno fallecido en un accidente de los cuales quedaron dos descendientes, hoy a cargo de la heladería.
Continúa su relato Susana Marcela: "desde que tengo uso de la razón toda mi vida transcurrió entre las máquinas y los productos de helados que al comienzo se hacían en forma artesanal, desde la vainilla que se cocinaba con su chaucha hasta la leche que no traían desde los campos aledaños a la ciudad. Se hervían cuidadosamente y se elaboraban los primeros helados artesanales de la ciudad. Ya en ese tiempo y para los días de frio, se elaboraban los famosos churros de la cancha o de la feria, nombre que la gente le daba del lugar de donde los compraba. Lugo llego el famoso helado palito. Tantos recuerdos vienen a mi memoria desde el tintinar de las campanas de los heladeros pasando por el hielo seco las conservadoras amarillas hechas de metal y los cientos de revendedores, escuelas y miles de clientes que pasaban por nuestro mostrador. Eso son mis recuerdos, pero antes mucho antes los vendedores ambulantes vendían sus helados de acá con carritos tirados por caballos eso no lo viví, pero me contaba mi abuelo que fue todo un éxito esas ventas".

"Pasaron generaciones de trabajadores que se jubilaron y que algunos ya no están. Seguimos elaborando y entregando los productos que han hecho tan felices a varias generaciones de chaqueños, tanta gente ha pasado por nuestro mostrador como políticos, sacerdotes, pastores, artistas, directores de escuela gente de la cultura del Chaco innumerables personalidades que cada vez que vuelven a venir, nos cuentan las historias de felicidad que tenían cuando saboreaban lo helados y los churros".
Por último Susana destaca que "en nuestros corazones eterno agradecimiento a los trabajadores que fueron el pilar de toda la producción: Pascual, Aguirre, Osvaldo, Porki, Darío, Pedro mi papa y otros que solamente me quedan la imagen en mi memoria y no recuerdo sus nombres y lo que aún siguen con nosotros Bernardino, Daniel y todos los chicos que trabajan en temporada alta".
Por siempre y por muchos años más Heladería La Porteña repartiendo amor y dulzura a todos los chaqueños como hace 85 años.
Hace unos días la Presidencia del Concejo Municipal y la Comisión Nomencladora de la Municipalidad, homenajearon a esta emblemática heladería declarándola histórica de la ciudad, entregándole una carpeta protocolar, un cuadro más un libro del Perro Fernando.
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