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Visita internacional

Aferrados a las promesas: un llamado a confiar sin desesperar

El calor de diciembre se hizo sentir este domingo en Obligado 653, pero nada detuvo a la comunidad que colmó el templo de Iglesia de Dios. Desde Tampa, Florida, llegó el pastor puertorriqueño Lemuel Rivera. El mensaje fue simple y contundente: aferrarse a las promesas de Dios no es un slogan, es un modo de vida que sostiene en medio de la tormenta . El predicador es ministro de la Iglesia de Dios y líder para Latinoamérica de la Red de Varones.

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Lemuell Rivera visitó la capital del Chaco, para compartir una capacitación para el liderazgo varonil el sábado y predicó el domingo último en Iglesia de Dios, de Obligado 653.

"Las promesas son compromisos divinos que dan vida, fe y esperanza", aseguró Rivera con voz calma y firme. De inmediato llevó a la Biblia al centro de la escena. No como un libro para la repisa, sino como el espacio donde "Dios mismo nos habla a cada uno". Abrirla —dijo— es entrar a una palabra "útil para enseñar y redargüir", capaz de enderezar lo torcido del ánimo y el pensamiento.

Contra la prisa y la desesperación

La prédica puso el dedo en la llaga: la desesperación. "Controla la mente, nos apura y nos hace adelantarnos a los procesos de Dios", señaló. Por eso, Rivera propuso una brújula con un versículo que, por curiosidad bíblica, se ubica en el corazón numérico de las Escrituras: Salmo 118:8. "Es mejor confiar en Jehová que en los hombres", citó, e incluyó allí las propias ocurrencias humanas, "los pensamientos naturales, carnales", que suelen empujarnos a tomar atajos.

Desde Génesis hasta Apocalipsis —sostuvo— la línea es una: vivir para agradar a Dios. "No se trata de tapar emociones, sino de no permitir que sentimientos y pensamientos se vuelvan dueños del timón. Cuando Dios establece algo, se cumple. Puede demorar, puede parecer que no llega, pero llega", sentenció.

Palabra antes que voces

En tiempos de influencers espirituales, el pastor hizo una aclaración que encendió asentimientos en las bancas: "No tenemos que esperar a que Dios nos hable a través de un hombre. Tenemos que buscarlo en su Palabra". La fe se afianza cuando la Biblia deja de ser consulta de emergencia y se vuelve pan cotidiano. Ahí, sostuvo, se descubren promesas que ya han sido fieles "a todos los que en Él creen".

Del aposento alto de Jerusalén al Chaco

Rivera recorrió la historia de la Iglesia para recordar que la fuerza para ser testigos no depende del carácter ni del carisma, sino del Espíritu Santo. "Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo", citó de Hechos 1:8, y explicó que aquella promesa encendió a discípulos que antes se escondían. Si entonces el mapa terminaba en Roma, hoy el mandato alcanza cada barrio de Resistencia, a cada ciudad del Chaco y más allá, hasta los confines de la Tierr.

El pastor no esquivó el contexto: ser cristiano cuesta. "Pablo decía: ‘Llevo en mi cuerpo las marcas del Evangelio’", recordó. Entre trabajos, críticas y piedras de tropiezo —"a veces en casa, a veces en el trabajo"— la consigna fue clara: no desesperarse. "Espera en Jehová", insistió, como quien sabe que el apuro es mal consejero.

Testigos, no polémicos

El relato de Pablo ante el rey Agripa apareció como ejemplo de templanza. Sin defensas airadas ni discusiones estériles, el apóstol contó su historia con Cristo. "Por poco me persuades a ser cristiano", escuchó del monarca. Rivera hiló allí un consejo para los tiempos de redes y respuestas instantáneas: cuando señalen, critiquen o provoquen, "no abramos la boca para pelear; testifiquemos de Cristo. Dios es nuestro abogado y defensor".

Aferrarse al madero

La imagen que encendió el cierre fue la del madero de la cruz. "El Salvador del mundo pasó por el madero para salvarme a mí", dijo. Ese madero, símbolo de dolor, es también el mayor emblema de esperanza. "Aférrate y no sueltes: las promesas se van a cumplir". Como Pablo en altamar, mordido por una serpiente y aún así a salvo, la vida cristiana no niega el veneno de las pruebas: afirma que no tendrán la última palabra.

Un mensaje para creyentes y buscadores

Rivera habló a los que ya creen y a los que todavía miran de lejos. A unos los animó a renovar la confianza; a otros los invitó a dar el primer paso. "No te desesperes. Espera y confía", repitió, sin rodeos. Y finalizó: "La fe no es evasión. Es caminar con la certeza de que, si Jesús no se quedó en la tumba, nosotros tampoco quedaremos a mitad de camino".

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