Un llamado para vivir "la esperanza que nos impulsa"
"La esperanza que nos impulsa" no es un eslogan; es una fuerza real que ordena la mirada, cura el ánimo y vuelve a poner en marcha los pasos.
Desde Resistencia, en la Iglesia de Dios de la calle Obligado 653, el pastor Fernando Facal propuso este domingo por la noche volver a ese centro: a la esperanza cristiana que no decepciona y que, bien entendida, nos cambia la manera de vivir hoy.
El líder espiritual presentó su sermmón contrando que los chaqueños sabemos lo que es el abrazo de la comunidad. En la comunidad de fe que es la iglesia, ese abrazo tiene nombre: familia de la fe. No es un recurso poético; es pertenencia viva. El compañerismo, la hermandad y la amistad que se aprenden en los pasillos del templo no terminan en la vereda: continúan en la vida de todos los días y, según la mirada de la fe cristiana, se proyectan a la eternidad. Allí está el primer golpe de realidad de esta esperanza: nos volveremos a ver en el cielo. La comunidad no es sólo un refugio; es un anticipo del hogar definitivo.

Tres sorpresas al mirar la eternidad
La primera: encontraremos en el cielo a personas que jamás imaginamos ver allí. La gracia de Dios pesa los corazones, no nuestras etiquetas. Como aquel ladrón junto a Jesús que, en el último instante, confió y escuchó:"Hoy estarás conmigo en el paraíso".
La segunda: buscaremos a otros que dábamos por "seguros" y no estarán. Dios juzga con justo juicio, y las motivaciones pesan más que las apariencias.
La tercera: yo mismo, usted mismo, frente a esa verdad que nos desarma: Dios es Dios, y su misericordia no cabe en nuestras cuentas.
Estas sorpresas no siembran miedo; purifican la mirada. Nos recuerdan que el centro no somos nosotros, sino Cristo.
Vida abundante frente a la desesperanza silenciosa
Hay quienes van por la vida con un nudo en el pecho: sin tiempo para reír, con mil preocupaciones y pocas respuestas. Como escribió el famoso periodista y escritor Ernest Hemingway al comparar a la humanidad como "una colonia de hormigas viviendo en el extremo de un tronco en llamas", ilustrando una escena cuando el futuro se vuelve bruma.
El mensaje cristiano responde con una declaración frontal: en Jesús hay vida eterna y vida abundante. No se trata de negar el dolor, sino de atravesarlo con sentido. Aun el más rico es pobre sin Cristo; y quien lo conoce, aun con poco, descubre que lo tiene todo.
Identidad: hijos e hijas del Rey
La esperanza empieza por la identidad. La fe afirma algo rotundo: somos hijos de Dios. Detrás de esa frase hay una realidad que no es de este mundo: un amor desbordante, "de otra clase", que nos adopta y dignifica. Si somos hijos, entonces hay herencia, hay corona, hay destino. No una fantasía de escapar a las cuentas de fin de mes —la luz y el agua se siguen pagando—, sino la certeza de un Reino que no se agota en lo visible.
Destino: lo que viene y nos sostiene
Hay cosas que no sabemos. Pero hay otra que sí: Cristo volverá. Y cuando se manifieste, "le veremos tal como es" y "seremos como Él es". Esa promesa sostiene la marcha en medio de pérdidas, cansancios y contradicciones. El cuadro es potente: el telón del primer acto ya cayó —cruz, resurrección, ascensión— y aguardamos el segundo acto, con una sola estrella en escena: Jesús regresando para reinar. Ver su gloria será la alegría mayor. Ni calles de oro ni mares de cristal superarán ese encuentro.
Deber: esperanza que purifica
Facal expresó al aforo que la esperanza cristiana no es una excusa para la pasividad; es un llamado a la preparación. Así explicó que hay dos verbos la definen:
Anhelar: vivir deseando su venida, con el corazón orientado a Cristo.
Prepararse: ordenar la vida hoy. Limpiar rencores, cuidar la lengua, afinar la conciencia.
Seguidamente, soltó un desafío: Si supiéramos que vuelve esta noche, ¿qué cambiaríamos? Entonces, ¿por qué no hacerlo ya?
Permanecer en Él —como pide el apóstol Pablo— es una disciplina del día a día: reconciliarse, pedir perdón, habituar los ojos a lo que edifica, elegir palabras que bendigan. No por miedo, sino por amor. La santidad no es un traje incómodo, es la ropa de gala del corazón que espera.
Señales de una fe viva
"¿Cómo se reconoce a alguien que de verdad pertenece a Cristo? Confiesa con sinceridad que Jesús es su Señor y Salvador. Espera su regreso con esperanza activa. Se prepara para el encuentro: ajusta su vida a esa certeza.
No hay perfección, hay dirección. Y la dirección de la esperanza siempre mira hacia Él", afirmó el pastor de Iglesia de Dios.
La esperanza que nos impulsa 🙌🏻✝️
Seguir impulsados
La esperanza que nos impulsa no es evasión; es combustible. Nos recuerda quiénes somos, hacia dónde vamos y cómo conviene vivir mientras tanto. Para los lectores del Chaco que hoy abren esta nota desde el colectivo, el trabajo o la mesa de la cocina, el mensaje es simple y hondo: no estás solo, hay una familia que abraza, un Reino que te espera y una gloria por venir. Vivamos como quien ya vio el amanecer asomando. Porque viene. Y mientras tanto, caminemos juntos.
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