Así como vuelan las hojas
Así como nuestros ojos no pueden ver el viento, tampoco podemos ver a Jesús; pero por medio de la fe nuestros ojos espirituales lo pueden hacer... es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Nadie ha podido ver el viento pero sin embargo todos sabemos que existe. Su invisible poder se hace visible cuando escuchamos el sonido que produce en la naturaleza y vemos volar las hojas de los árboles, o cuando vemos arquearse a las palmeras producto de su fuerza. En el norte del país, nuestra zona, es característico que en el mes de agosto fuertes ráfagas del viento norte hagan volar por el aire el polvo que se acumula en las calles de la ciudad.
Y a pesar de ser invisible, impulsadas por su fuerza contra sus 27 velas, la fragata Libertad, el buque emblema de la escuela de la Armada Argentina, ha recorrido más de 800.000 millas marinas alrededor del mundo. De manera tal que –a pesar de no verlo– nadie en su sano juicio, podría decir que el viento no existe.

Comparaciones
Para enseñar acerca de las invisibles cosas espirituales, Jesús utilizaba comparaciones para que la gente le entendiera mejor. En cierta oportunidad enseñó las características de una persona que le sigue en Espíritu y verdad, diciendo: el hombre nacido del Espíritu es igual al viento, porque sopla de donde quiere, y se oye su sonido; más no se sabe de dónde viene, ni a donde va.
El texto bíblico enseña que el ser humano es una persona común, hasta que en algún momento de su vida se encuentra con Jesús; y nace de nuevo espiritualmente. Porque ninguna persona que genuinamente se encuentra con Él, puede seguir siendo la misma. El que robaba, deja de robar; el que mentía, deja de mentir; el que destruía con su lengua, deja de hacerlo, y cosas semejantes.

Fenómeno transformador
Es un fenómeno espiritual invisible –como el viento– que transforma a las personas, y al cual Jesús lo definió como el "nacer de nuevo". La evidencia visible de ese nuevo nacimiento muestra que en las personas las cosas viejas pasaron; y todas son hechas nuevas. La persona da un vuelco a su vida. Se le llama también conversión; es decir, un giro de 180 grados, una verdadera transformación -para bien- en la forma de ser.
Luego de ese proceso de conversión o nuevo nacimiento, la persona es equipada con dones sobre naturales –herramientas espirituales– que le permiten adquirir poderes invisibles para ejecutarlos en el tránsito por la vida.
De combate en combate
El cristiano, desde el punto de vista espiritual, vive de combate en combate, de batalla en batalla; y sin la aplicación de ese poder, no puede descubrir la solución. Porque en la vereda de enfrente siempre está hostigando el poder también invisible del enemigo de Dios que nos ataca. El apóstol Pablo lo define así: "Es necesario vestirse diariamente con la armadura de Dios, para poder estar firmes contra las asechanzas del diablo, porque no tenemos lucha contra las personas que nos rodean, sino contra principados, potestades, contra los gobernadores de las tinieblas, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes".
Ese poder espiritual invisible, pero real como el viento, emana de una relación directa con Jesús; es parecido a una armadura, y está a disposición de todo aquel creyente que decida utilizarla. Sin embargo, muchos dicen creer en Dios, pero no siguen sus enseñanzas. El texto bíblico señala que creer en Dios no es suficiente, porque el diablo también cree en Dios y tiembla ante su presencia; sin embargo, es su enemigo.
La experiencia empírica demuestra que podemos mantener una conversación acerca de Dios con todo el mundo; pero cuando incorporamos a Jesús, se produce la grieta. Y es así, porque no todos están dispuestos a seguirle. Si esa es nuestra situación deberíamos reflexionar al respecto. Porque, así como nuestros ojos no pueden ver el viento, tampoco podemos ver a Jesús; pero por medio de la fe nuestros ojos espirituales lo pueden hacer.
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
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