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"Todo tiene un precio": disciplina, fe y una carrera que vale la eternidad

En la noche de sábado en la Iglesia de Dios de la calle Obligado 653, el líder juvenil Jerónimo Alegría levantó una consigna sencilla y contundente: "Todo tiene un precio".

Desde el primer minuto del sermón, su voz se movió entre la calidez y el desafío, buscando a una audiencia que lo siguió atentamente. El llamado no era para expertos, sino para gente común que desea caminar cerca de Dios en medio de la vida real.

El corazón del mensaje se apoyó en 1 Corintios 9:24-27: la vida de fe es una carrera y no se corre a la deriva. No se trata de velocidad, ni de brillar por un rato, sino de sostener el paso con disciplina. Como los atletas que entrenan para un premio que se oxida, el creyente entrena para uno que permanece. Jerónimo lo explicó con una escena cotidiana: un corredor olímpico alcanza, sin alardes, a quien salió antes pero improvisa. La disciplina, dijo, siempre aventaja a los atajos.

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“Todo tiene un precio”: disciplina, fe y una carrera que vale la eternidad

Con ese marco, bajó el concepto a tierra. Disciplina es actuar de manera coordinada, ordenada y sistemática; indisciplina es elegir el camino fácil. "Entren por la puerta estrecha", recordó, advirtiendo que lo cómodo suele salir caro. Dios corrige a quien ama y su corrección no humilla: forma, cuida y hace crecer. Esa pedagogía divina, insistió, pide de nuestra parte una respuesta concreta en la vida diaria.

La propuesta práctica se apoyó en cuatro hábitos espirituales. Primero, la oración: no es un monólogo ni un trámite, es un diálogo. Recomendó preparar un lugar y una hora, apagar las distracciones y aprender a quedarse en silencio, porque Dios también habla cuando dejamos de llenar el aire. No solo en el altar de casa: camino al trabajo, en el auto, entre semáforos, es posible convertir lo ordinario en conversación con el Padre.

Segundo, la meditación de la Biblia. No alcanza con pasar los ojos por dos versículos para "cumplir". Ser hacedores implica leer, comprender y aplicar. Volver a la Palabra, subrayó, filtra lo que consumimos y previene confusiones. Mejor pasos pequeños y fieles que metas grandilocuentes que se abandonan en una semana: rumiar un pasaje, orarlo y vivirlo cambia más que cualquier maratón de contenidos.

Tercero, el ayuno. No es mero esfuerzo ascético ni un listado de prohibiciones, sino un acto de enfoque y humildad: decirle "no" a la carne para decirle "sí" al Espíritu. Puede comenzar con algo sencillo y concreto —comida, redes, entretenimiento— y sostenerse con un propósito espiritual claro. La constancia en lo pequeño, alentó, termina ordenando los deseos.

Cuarto, el servicio. Jesús no vino para ser servido, sino para servir. Allí se prueba todo: carácter, obediencia, dones. Servir no es un título, es disponibilidad. Dios abre puertas, pero la preparación personal evita perder lo que Él pone delante. Un servicio flojo, advirtió, suele revelar disciplinas flojas.

Desde ese andamiaje espiritual, Jerónimo extendió el tema a los ámbitos cotidianos. En la economía, sugirió emprender con sabiduría, paso a paso, sin enamorarse de atajos, pidiendo dirección a Dios. En el cuidado del cuerpo, recordó que lo que hacemos hoy tiene consecuencias mañana: la gratitud también se expresa en hábitos saludables. En el hogar y el trabajo, la fe madura se reconoce en el orden, el respeto, la palabra dada y la constancia: no gana quien grita más fuerte, sino quien se disciplina para servir mejor.

Hubo un énfasis final que caló en los jóvenes: aprender a decir "no" a las pequeñas distracciones abre espacio para los grandes "sí" que edifican. Rodearse de gente que empuje hacia Dios hace diferencia. La perseverancia, como los buenos músculos, se entrena con repeticiones diarias.

El cierre miró a Hebreos 12:1: soltar el peso que estorba, perseverar y correr la carrera con los ojos en Jesús. No estamos solos; hay testigos, ejemplos y promesas. Si todo tiene un precio, la propuesta fue pagarlo con alegría: disciplina hoy, libertad mañana. "Un premio eterno vale la práctica de cada día", concluyó.

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