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"Viviendo la vida prometida": una invitación para decidir cruzar el Jordán personal 

En la noche del sábado, en la Iglesia de Dios de Obligado 653, el líder de jóvenes Samuel Ivanoff predicó un mensaje para desafiar a jóvenes (y no tan) a tomar decisiones que marquen un 2026 con propósito y desafíos renovados.

La lectura eje fue Josué 1:9: "Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente… porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas". La consigna fue clara y directa: dejar de girar en círculos y animarse a cruzar el Jordán personal.

Con un auditorio juvenil atento, Samuel hilvanó imágenes cotidianas, preguntas incisivas y escenas bíblicas para aterrizar una idea simple: la fe se camina. Recordó que el pueblo de Israel, con una promesa enorme por delante, venía de siglos de esclavitud y de 40 años de desierto. "La promesa parecía demasiado buena para ser verdad", dijo, invitando a mirar la propia realidad chaqueña: trabajos inestables, luchas familiares, batallas internas. "¿Será para mí?", lanzó como desafío.

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“Viviendo la vida prometida”, fue el mensaje que predicó Samuel Ivanoff el pasado sábado 10 de enero de 2026 en Iglesia de Dios, de Obligado 653.

Cinco pasos para vivir la vida prometida

Fe, paciencia y humildad. Josué, primero "servidor de Moisés", esperó décadas antes de liderar. Su cambio de nombre —de Oseas (salvación) a Josué (Dios salvará)— apuntó a una convicción: no me salvo solo; Dios es quien salva. La invitación fue a bajar la guardia del orgullo y confiar en el tiempo de Dios.
Movimiento: cruzar, no girar. "Levántate y cruza este Jordán", dice el texto. Para Ivanoff, la vida cristiana no es una foto fija sino un trayecto: obedecer, avanzar, dar pasos. "Si tu fe no se mueve, no crece", resumió, apelando a Santiago: la fe sin obras se queda quieta.
Poseer lo prometido. Dios entrega, pero hay que pisar el territorio. El predicador comparó la vida espiritual con una propiedad: si no reclamás lo que te pertenece, alguien más lo ocupa. No se trata de triunfalismo fácil, dijo, sino de caminar la promesa con constancia y responsabilidad.
La presencia de Dios primero. En cada escena de Josué —el Jordán, Jericó— el arca iba delante. Sin esa presencia, advirtió, "no hay vida ni impacto". La consigna para los jóvenes fue priorizar la comunión: antes que planes y fuerzas, la guía de Dios.
Esfuerzo y valentía. No para "empujar" a fuerza humana lo que no se vende —ironizó—, sino para aferrarse a la Palabra cuando las aguas suben. "No te apartes ni a derecha ni a izquierda", citó, llamando a perseverar en la obediencia aun en días difíciles.

El clima de la reunión alternó silencio reflexivo y respuestas corales de "amén". Hubo un ejercicio simbólico buscando fijar en la memoria la reflelxión: dar un giro en el lugar —como Israel en el desierto— y luego dar un paso al frente para "cruzar". La imagen quedó grabada:la promesa se vive del otro lado de la obediencia.

Con ejemplos prácticos —desde deudas y discusiones de pareja hasta hábitos que frenan el desarrollo personal— Samuel invitó a los presentes a poner fecha y nombre al "Jordán" de cada uno en este 2025. "A mayor obediencia, mayor revelación", repitió. Y cerró con el corazón del versículo: esfuerzo, valentía y compañía garantizada. "Nunca te dejaré ni te desampararé".

Para una generación que vive apurada el mensaje eligió un camino directo y sin dobleces: no basta con creer de lejos; hay que pisar. "Vivir la vida prometida es decidir avanzar hoy", concluyó.

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