¿Influyen el sobrepeso y la obesidad en el inicio y progresión del cáncer?
Solemos pensar en factores como la genética, la exposición al tabaco, la contaminación o incluso "la mala suerte".
Pero hay un factor silencioso que viene ganando protagonismo en los últimos años: el exceso de peso. Sobrepeso y obesidad no solo afectan al corazón o a las articulaciones, también influyen de manera real en la aparición y evolución de distintos tipos de cáncer.

Pero ¿por qué ocurre esto? ¿Y cómo podemos entenderlo sin necesidad de tener un título en medicina? Veamos cómo el peso corporal se relaciona con el cáncer y por qué cada vez más expertos advierten que la obesidad podría convertirse en uno de los principales motores del cáncer en las próximas décadas.
Problema creciente: el peso del mundo
Para dimensionar el tema, basta un dato: más de 2000 millones de personas en el mundo viven con sobrepeso u obesidad. Es decir, una de cada cuatro.
Esto crea un escenario preocupante, porque el exceso de grasa corporal se asocia con al menos 13 tipos diferentes de cáncer, entre ellos: mama (en mujeres posmenopáusicas), colon, endometrio, hígado, riñón, páncreas, esófago y ovario.
Si imaginamos la salud como un tablero de ajedrez, tener obesidad mueve las piezas del cáncer más cerca del rey. No significa jaque mate, pero sí reduce la distancia entre ambos.
La grasa no es solo un "almacén"
Muchos imaginan la grasa corporal como una "alforja" donde el cuerpo guarda energía de sobra por si algún día la necesita. En realidad, la grasa es más activa: se comporta como una fábrica hormonal y como un centro de inflamación que no deja de emitir señales.
El tejido adiposo produce sustancias llamadas hormonas y citoquinas. Cuando está expandido por exceso de peso, aumenta la producción de algunas señales que favorecen el crecimiento celular, como el estrógeno o la insulina.
Un ejemplo: imaginemos que las células son obreros trabajando en un edificio. Las hormonas, como la insulina o los estrógenos, funcionan como supervisores que les dan órdenes. En exceso, estos supervisores pueden hacer que los obreros aceleren y construyan sin parar, incluso cuando no deberían. Esa "construcción descontrolada" es una forma sencilla de imaginar el crecimiento tumoral.
El exceso de peso genera inflamación en algunos órganos. No aguda, como cuando nos golpeamos y la zona se hincha y duele, sino una silenciosa, persistente, que se mantiene por años. Comparémoslo con un fuego que nunca se apaga del todo.
Aunque no haya llamas, sigue emitiendo calor y humo, y hasta enciende pequeños incendios alrededor. De manera similar, la inflamación crónica puede causar daño en el ADN y favorecer que las células se vuelvan malignas.
Mayor velocidad en la progresión de la enfermedad
Menor eficiencia inmunológica
El sistema inmunitario es el "cuerpo de seguridad" del organismo. Cuando funciona bien, detecta células anormales y las elimina. Sin embargo, la obesidad puede deteriorar este sistema. Es como disminuir el número de guardias en un centro comercial enorme: los robos (o en este caso, las células malignas) tienen más oportunidad de pasar inadvertidos.

Hay tipos de cáncer más asociados al exceso de peso. No todos se relacionan con la obesidad, ni a todos nos afecta igual. La relación depende del tipo de cáncer y de otros factores como el sexo, la edad o el estilo de vida.
Los más asociados con el exceso de peso son:
• Cáncer de mama en mujeres posmenopáusicas;
• Cáncer de colon y recto;
• Cáncer de endometrio
• Cáncer de hígado
• Cáncer de riñón
• Cáncer de páncreas
• Cáncer de ovario
• Cáncer de esófago (adenocarcinoma)
Por ejemplo, se estima que la obesidad es responsable de cerca de 30% de los casos de cáncer de endometrio. En el cáncer de mama posmenopáusico, el riesgo puede aumentar hasta un 20-40% según el grado de obesidad.
Es importante recalcar: la obesidad no garantiza que alguien desarrollará cáncer, igual que fumar no garantiza un cáncer de pulmón. Pero sí aumenta significativamente las probabilidades.
¿Y qué pasa con la progresión del cáncer? No solo se trata de iniciar el proceso de formación tumoral. La obesidad también puede influir en la velocidad con que un cáncer avanza, en la respuesta al tratamiento y en las complicaciones.
Ejemplos cotidianos para ilustrar la problemática
Imaginemos que el cuerpo es una ciudad. Las hormonas y sustancias inflamatorias son como el tráfico: cuando la ciudad está equilibrada, el tránsito fluye bien. Pero, si de repente entran miles de autos extra (representando el exceso de grasa) se producen embotellamientos, accidentes y caos. La ciudad sigue funcionando, pero con estrés constante. Ese estrés es lo que ocurre dentro del cuerpo, facilitando la eventual aparición y desarrollo del cáncer.
Dicho de otro modo: un jardín necesita agua para que las plantas crezcan, pero si se riega demasiado, el exceso favorece el crecimiento de hongos y malas hierbas. Algo parecido ocurre cuando hay demasiada insulina o estrógeno: las células crecen más que lo necesario y pueden convertirse en células cancerosas.
Un tercer ejemplo: el sistema inmunitario es el guardia del edificio de nuestro cuerpo. Si está distraído, agotado o con menos personal, se le pueden filtrar intrusos. La obesidad sobrecarga y debilita el sistema inmunitario, permitiendo que células tumorales avancen sin ser detectadas.
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