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Carta de lectores

La vigilancia cristiana

Señor director de NORTE:

En su predicación Jesús insiste en que el buen discípulo esté vigilante, que no se duerma, que no se deje llevar por la excesiva seguridad cuando las cosas van bien, sino que permanezca atento y dispuesto para cumplir su deber.

Cuántas veces perdemos, cuántas veces somos vencidos en la batalla, y la causa es la falta de vigilancia. 

En este adviento Dios nos dice que la vigilancia es primordial; de hecho acuerda perfectamente con una actitud humilde del buen discípulo.

Reflexiona el Reverendo Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa:

"Hemos de ser lámparas encendidas. Ninguna cosa se nos ordena más en el Evangelio, ninguna es más indispensable que la vigilancia cristiana. Y siendo así, qué poco es observado.

Vivimos en medio de un país enemigo, sí, en un país extraño y enemigo.

La vida del hombre es una contínua guerra, todo es peligro para el alma, todo es tentación; dos sentidos corporales se ponen de acuerdo con el enemigo para hacernos pecar.

La razón en cada paso nos engaña y hasta nuestro propio corazón nos traiciona, y con todo eso, en medio de tantos peligros vivimos inconscientemente con la mayor seguridad sin desconfiar de nada.

¿De qué nos admiramos si tantos perecen miserablemente?

El aire del mundo es contagioso y nos disponemos a él sin precauciones.

El enemigo de la salvación de nuestras almas, semejante a un león furioso, anda rugiendo a nuestro alrededor buscando la ocasión para despedazarnos sin que sus rugidos hagan despertar nuestro letargo.

Caminamos con los ojos cerrados por medio del precipicio, nos exponemos a mil combates sin preocupación y sin armas y nos admiramos de que tantos se condenen, más deberíamos admirarnos si con tan poca vigilancia salvaron a muchos.

No hay que buscar fuera de nosotros mismos las pruebas de esta verdad ¿hasta dónde llega nuestra vigilancia?

Conocemos la fuerza y artimaña de nuestro enemigo ¿estamos preparados para resistirle?¿conocemos los medios para vencerle?

Dichoso el siervo, Señor, a quién encuentres velando; desdichado de mi si me encontraras durmiendo.

Velad y orad dice el Señor para que no caigáis en tentación pues orar sin velar es presumir de la gracia, velar sin orar es presumir temerariamente de las propias fuerzas.

Toda nuestra vida ha de ser orar y vigilar hasta este momento de nuestra vida ¿nos hemos ocupado en esta tarea?

Vigilad y orad porque no sabéis cuándo vendrá el Hijo del Hombre.

Examínate si vives en situación de pecado,  en situación peligrosa para tu alma y que no pase lo que queda de día sin apartarte de esta situación.

Desconfía de todo, hasta de tus propios propósitos, hasta que no veas los resultados.

Velad y orad, los días pasan y la eternidad se acerca inevitablemente; una eternidad dichosa en el cielo, o desdichada en el infierno". Ave María Purísima.

Clara María González

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