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Footing intelectual

Al galope del verso

Hoy quiero aclarar a qué le llaman "inteligencia emocional", porque inteligencia y emoción son cosas distintas.

Como ya dijimos:

                                    Al hombre la inteligencia

                                    le sirve para entender

            y entiende para prever

            y proteger su existencia

            previendo las consecuencias 

            de lo que está por hacer

            y elegir el proceder

            acorde a su conveniencia.

Es decir, es una capacidad, una actividad, una función que nos permite entender y conocer. Por otro lado, la emoción es algo que se siente, nos conmueve, moviliza e impulsa a actuar. 

                                   Si atendiendo de la experiencia

concentramos la atención

en el qué de la emoción

y usamos la inteligencia,

descubrimos que en esencia

es la reacción del momento

anterior al pensamiento,

que intenta con insistencia

preservar nuestra existencia

y evitar el sufrimiento.

Es la parte que se siente

de la reacción instintiva

maquinal y primitiva,

que surge de lo inconsciente

y tiende a que sobreviva

el organismo viviente.

Es un proceso complejo

sin previo razonamiento

donde prima lo reflejo

que activa el comportamiento.

Por eso que la emoción

es la parte que se siente

de la reacción inconsciente

que motoriza la acción

sin prever con precisión

los efectos consiguientes.

Pero por ser la emoción

esa parte que se siente

de la reacción inconsciente

que motoriza la acción,

si prestamos atención,

podemos hacer consciente

el proceso subyacente

y utilizar la razón

para orientar su función

del modo más conveniente.

Al prever las consecuencias

de las posibles acciones

predominan las razones

de la propia conveniencia.

Todo es cuestión de memoria,

si sacamos conclusiones

de anteriores emociones

y aprendemos de la historia,

es otra la trayectoria

de las nuevas decisiones.

 Con una buena lectura

de la emoción que se siente

podemos hacer consciente

lo que el instinto procura

y conducir con cordura

la conducta pertinente.

Usando la inteligencia,

a partir de la experiencia,

podemos tomar conciencia

de las pulsiones actuales

y soslayar muchos males

que afectan nuestra existencia

y dañan la convivencia

con los pares naturales.

al galope - ilustración.jpeg
Meditabundo meditando (autorretrato).

Si somos inteligentes

y prestamos atención,

veremos que la emoción

no solamente se siente,

también resulta evidente

a la simple observación.

Si centramos la  atención

en la actitud y en el gesto,

en la voz y en el apresto;

sin que usemos la razón

la intención y la emoción

se ponen de manifiesto.

A su vez, las emociones

que manifiestan los otros

originan en nosotros

automáticas reacciones

que afectan las relaciones

con la fuerza de los potros.

Por la humana condición

y por este mecanismo,

quien no se entiende a sí mismo

tampoco lo entiende al otro;

se comporta como un potro

cegado por su egoísmo.

El instinto y la emoción son procesos complementarios; las emociones son como la alarma y la movilización que acompaña a la respuesta instintiva que intenta evitar daños y satisfacer necesidades.  

Digamos que lo instintivo

o el instinto en general

es lo propio y distintivo

del dinamismo vital

que tiende a que siga vivo

el organismo animal.

Es la tendencia a la acción

y la acción correspondiente,

espontánea e inconsciente

que surge sin reflexión,

hábito o educación

y resulta conducente

para que el ente viviente

conserve su condición.

El ser humano normal,

también posee su instinto,

específico y distinto

por ser también racional.

El instinto del humano;

espontáneo y natural,

es tan fuerte y tan lozano

como en cualquier animal.

Pero no en todo es igual;

la experiencia, la conciencia

y el trabajo intelectual

imponen las diferencias.

Es clara la diferencia:

en los seres con razón

es la tendencia a la acción

y la acción correspondiente 

sin decisión de la mente; 

pero junto a la tendencia 

siempre existe una emoción

que percibe la conciencia

y puede la inteligencia 

encarrilar su función.

Instinto e inteligencia emocional

Las conductas instintivas siempre incluyen alguna emoción que las delatan. Por eso, si nos acostumbramos a reflexionar acerca de lo que sentimos, pensamos, e hicimos, y evaluamos los resultados; esa comprensión, junto con el instinto de conservación, hacen que en las próximas situaciones iguales o similares, "si el análisis fue el correcto y la conclusión acertada" surjan impulsos y emociones más adecuadas, "más inteligentes".

Si prestamos atención a lo que sentimos, pensamos y al resultado de lo que hicimos, en las próximas situaciones similares  nos surgirán impulsos y emociones conducentes a mejores resultados.

  Esos impulsos y emociones que llamamos emociones inteligentes, son el resultado del trabajo intelectual que evaluó el resultado de emociones, ideas y conductas anteriores y modificó las actuales. 

 La inteligencia emocional implica un proceso que incluye el "conócete a ti mismo" de los antiguos griegos e incluye lo que llamamos ser consciente. Lo que a su vez suena parecido a "con- conocimiento" de lo que se siente e  intenta hacer". 

Al "ser consciente" y a la noción de conciencia se los asocia con moral, que es "no hacer ni hacerse mal". Es decir, distinguir entre lo que conduce a lo bueno o a lo malo, para elegir y decidir lo mejor.

Obviamente el conocerse a sí mismo implica reflexionar acerca de lo que se sintió, pensó, hizo y resultó en circunstancias similares anteriores, para evitar errores futuros. 

 La detección, evaluación y reorientación progresiva de emociones y conductas, también permite comprender las emociones y conductas ajenas; lo cual facilita la empatía y la socialización. El entender la propia realidad y la del otro facilita el acuerdo, la paz y la mutua realización humana. Los requisitos para que este proceso se dé son: en primer lugar, reconocer la utilidad y la necesidad de ser consciente; y en segundo lugar, asumir como un compromiso personal la práctica constante para que se haga un hábito y se perfeccione.

Si otros nos enseñan oportunamente mediante el ejemplo y las razones, también se puede ir aprendiendo a ser consciente de a poco, y llevado por el instinto de conservación, podemos recapacitar acerca de las causas de nuestros fracasos y frustraciones.                     

Dicho de otro modo:

Siendo el hombre un animal

instintivo y racional;

por lo que estoy entreviendo,

para que siga viviendo

necesita del instinto

aunque tenga de distinto

que deba "ir entendiendo".

Esto implica que la mente,

para que pueda entender

y elegir el proceder

que resulte conducente

necesita hacer consciente

a sus propias emociones

y elegir las decisiones

que prevé más convenientes.    

                                    Cuando cumple su función, 

                                    el trabajo intelectivo

                                    interpreta la emoción

                                    que viene con lo instintivo 

                                    y ajusta su dirección

                                    hacia el mejor objetivo.

Esto me hizo comprender,

que sin razón ni conciencia

ni atención a la experiencia,

más debemos padecer

e inclusive perecer

por la falta de congruencia.

Como  tenerse presente,

entender para prever

y elegir el proceder

que resulte conveniente,

al humano negligente

no le parece un deber,

nunca llega a comprender

que no existe beneficio 

que no exija un sacrificio

para poderlo obtener.

    Eso lo hace padecer, 

      nunca corrige su vicio

      y su vida es un desquicio

      que no puede comprender.

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