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Footing intelectual

Al galope del verso

Como le dije; no sé si se acuerda,  yo no soy inteligente ni verseando soy un pope, mi comprensión tiene un tope; pero la rima en mi mente funciona como una lente ante la vista del miope. No crea que sé por qué; pero recurro a la lente porque sé que así se ve y descubro lo evidente. Por ejemplo¸ le prometí que definiría qué es la libertad y resultó lo siguiente:

Verdad es la coincidencia 

de la idea y lo real

que confirman la experiencia

y el trabajo cerebral.

Justicia es la coherencia

de la idea y de la acción

con el bien y la razón 

que preserva la existencia,

tranquiliza la conciencia

y complace al corazón.

Pero llegar a la idea 

que me diga de verdad,

lo que es la libertad

es una ingente tarea

y mi seso se bloquea

con tanta complejidad.

Pero no cabe en mi mente,

que justicia y que verdad,

y conciencia y voluntad,

no sean sus componentes.

Decir que la libertad

es falta de impedimento,

deja trunco el pensamiento

y es a medias su verdad.

Por lo que puedo entrever,

la idea de libertad

implica necesidad

y al mismo tiempo poder.

Es poder satisfacer

las propias necesidades

usando las facultades

que posee cada ser

y al mismo tiempo crecer,

desarrollar facultades, 

adquirir habilidades

e incrementar el poder. 

Incluye a la voluntad

y al deseo de vivir

y es una necesidad

que no se puede abolir.

Pero no en todos es igual;

la libertad del humano

no es igual que en el bagual,

en el ave o el marrano.

En los demás animales,

es poder satisfacer

los instintos naturales

con su cuota de placer.

Pero cabe señalar

que en el humano es distinto,

porque conserva el instinto

que nunca deja de actuar;

pero pudiendo pensar,

debe entender y prever

y evitar el proceder

que lo pueda lastimar.

Como según la experiencia,

la injusticia y el error

nos conducen al dolor

y perturban la existencia,

por lógica consecuencia,

la justicia y la verdad

son una necesidad,

que al igual que la conciencia

forman parte de la esencia

de la misma humanidad.

La libertad verdadera

del animal racional,

no es dejar que el animal

se comporte como quiera

sin preguntarse siquiera

a quien puede hacerle mal.

Y he aquí la conclusión:

si aceptamos que moral

es no hacer ni hacerse mal,

por lógica deducción

el animal con razón

requiere que la moral

y el trabajo intelectual

encaucen toda su acción.

El trabajo intelectual

le recuerda los valores

y el respeto a la moral

lo alejan de los errores.

La libertad sin conciencia

ni respeto a la verdad,

deteriora la existencia

y acota la libertad.

CONCIENCIA

Como ya dijimos

Siendo el hombre inteligente

también puede ser consciente;

puede entender lo que siente

y sentir si es coincidente 

con lo cierto y evidente

y además si es conveniente

para él y el conviviente

y no solo en el presente

                                   la conducta consiguiente.

  Pero se nos había planteado la duda respecto de si era posible entender lo que se siente y sentir si se entiende bien o mal.

   Tratando de dilucidar esa cuestión anduve hurgando en Google y encontré que desde antes de la invención de la escritura los humanos siempre se plantearon si el humano es o no libre. Si la libertad es posible o si el humano siempre está determinado por lo que vivió y le enseñaron.  

    Hablan del libre albedrío y dicen que el humano no puede ser "juez y parte al mismo tiempo".  Pero estuve averiguando y arbitrio y albedrío derivan de la palabra "árbitro" y el árbitro no es libre, no debe hacer cualquier cosa, debe hacer cumplir el reglamento y los jugadores deben cumplirlo. En cuanto a la cuestión de ser juez y parte, creo que el humano se puede juzgar a sí mismo, en distintos momentos: uno cuando piensa y evalúa lo que sintió y después hizo; y otro cuando piensa y evalúa las consecuencias de lo que sintió, pensó e hizo.

Leyendo lo que dicen los neuro científicos, aprendí que cada uno tiene cien mil millones de neuronas y que cada una se conecta con diez mil de las demás, lo cual da (si no me equivoco) mil billones de conexiones o sinapsis que se abren o se cierran según lo necesario para cada función emotiva o conceptual.  

También dicen que el 95 % de la actividad cerebral  es inconsciente y que en el año 1970 un tal Benjamín Libet comprobó usando  no sé qué potenciales electromagnéticos que entre 0,3 y 3 segundos antes de sentir su propia decisión consciente el inconsciente ya tenía la decisión tomada. 

   En definitiva, de todo esto yo me quedo con lo que decían los griegos y lo que dijo Jesús de Nazaret.  Los griegos decían "Conócete a ti mimo" y Jesús dijo que "La verdad os hará libres".

 Ahora vayamos al verso.  

Como cualquier animal,

el humano siempre actúa;

pero por ser racional,

a su accionar lo evalúa.

Siendo libre e imperfecto

pero capaz de prever,

a lo que está por hacer

primero lo conceptúa

y a la vez que lo evalúa

elige su proceder.

Lo que digo es evidente

y lo puede comprobar;

si trata de recordar

lo que pasó por su mente

antes de un acto reciente,

lo puede verificar.

Al hombre la inteligencia

le sirve para entender

y entiende para prever

y proteger su existencia

previendo las consecuencias

de lo que está por hacer.

Esto exige componer,

el deseo, la emoción 

el impulso, la intención,  

las fuerzas que en nuestro ser

nos impulsan a la acción,

y adecuar la decisión

cuando sea menester.

Si al motor de sus acciones,

el hombre no lo conduce,

a sí mismo se produce

perjuicios y frustraciones.

Por eso que la conciencia

es una capacidad,

y es una necesidad,

para vivir con coherencia

y de acuerdo con la esencia

de la propia humanidad,

gozando de la existencia

en paz y con libertad.

Se trata de la noción

de lo que pasa en sí mismo,

y es propia del organismo

que llegó en su evolución

a la mayor perfección

y al mejor funcionalismo.

Aunque incompleta y falible,

la conciencia es una ciencia

sin la cual nuestra existencia

no podría ser posible.

También implica sentir

y entender lo que se siente

para evaluar si es coherente,

para después decidir.

La conciencia se conforma

con lo justo del intento,

como el gusto nos informa

si conviene un alimento.

Es también una función

natural y permanente;

pero nunca suficiente

si no se presta atención

ni se tiene la intención

de hacerla más eficiente.

Y es una capacidad,

que se transforma en función,

si empuja la voluntad

y conduce la razón,

haciendo que la emoción

concuerde con la verdad,

acepte la realidad

y facilite la acción.

Es fácil la distinción,

lo demuestra la experiencia;

libertad sin conciencia

ni respeto a la verdad,

acota la libertad

y desquicia la existencia.

CULPA

Es difícil explicar,

que la culpa es un dolor

y al mismo tiempo un valor

que conviene valorar;

porque al quererla negar

el sufrimiento es mayor.

La culpa, como el dolor,

es la clara consecuencia

y al mismo tiempo advertencia

del descuido y el error.

Aunque implique un sufrimiento

de carácter emotivo,

es un factor positivo,

si más allá del lamento

le permite al pensamiento

darse cuenta del motivo

y buscar el correctivo

que revierta el descontento.

La culpa tiene valor,

aunque implique un sufrimiento

cuando activa el pensamiento

que identifica el error

y el humano previsor

corrige el próximo intento.

La culpa como dolor,

procede de lo instintivo

pero tiene su valor

porque alerta la conciencia

y evita la reincidencia

del humano trasgresor.

Si consciente del error,

con paciencia y con tesón

intenta la corrección,

desaparece el temor,

se desvanece el dolor

y se alegra el corazón.

Haber provocado un daño

previsible y evitable,

causa un dolor entrañable

resistente al autoengaño

porque trae el desengaño

de saberse no confiable.

En todo organismo sano

todo tiene su función

y la culpa del humano

no puede ser la excepción.

Siendo el hombre un animal,

que además de inteligente

necesita ser consciente,

la culpa no es anormal;

es la función natural

del instinto y de la mente

que lo induce a ser coherente

y evitar su propio mal.

Para poder conducirse

y hacer su vida posible,

el hombre libre y falible

necesita corregirse.

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