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Eutanasia, mala muerte y muerte digna

Hacer todo lo que se pueda, sin perder la racionalidad de lo posible. El paciente va a morir. La cuestión es: ¿cómo va a morir?

En junio pasado, en España se reglamentó la Ley Orgánica de Eutanasia. En nuestro país esto no está aprobado, y a partir de las connotaciones humanas y sociales, ideológicas y éticas, sigue siendo un tema que genera controversia y polémica.

Eutanasia, distanasia y ortotanasia

Suele haber confusión entre estos conceptos. Comencemos por definirlos.

La palabra eutanasia, etimológicamente proviene del griego eu (bueno) y thanatos (muerte), y pretende significar buena muerte o buen morir. No confunda el lector con muerte digna.

Eutanasia es la provocación de la muerte, efectuada por un tercero, de un paciente portador de una enfermedad mortal, a su requerimiento y en su propio beneficio, por medio de la administración de un agente o tóxico que le provocará la muerte, con prescindencia de la situación patológica de base.

La Organización Mundial de la Salud la define como la “acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del paciente”, siendo característica la existencia de una intencionalidad compasiva o liberadora. 

Cuando uno mismo se provoca intencionalmente la muerte, hablamos de suicidio; y cuando es el profesional sanitario quien le brinda un fármaco mortal al paciente para que este se lo autoadministre, se llama suicidio asistido.

Lo opuesto a la eutanasia es la distanasia. Etimológicamente, deriva del griego dis, mal, algo mal hecho. Consiste en retrasar la muerte usando todos los medios disponibles, aún si el paciente no pudiera curarse, y eso significara añadir más sufrimiento al moribundo que ya sufre. Siendo la muerte algo inevitable, solo se consigue demorarla, unas horas o unos días, en condiciones lamentables para el enfermo.

A la distanasia también se la llama ensañamiento, encarnizamiento terapéutico, u obstinación terapéutica. Consiste en la aplicación de intervenciones quirúrgicas y/o medidas de resucitación u otros procedimientos no habituales a enfermos terminales, cuyo fallecimiento es inminente, retrasándolo por todos los medios.

La ortotanasia también es llamada muerte digna. Es la muerte con todos los alivios médicos adecuados y los consuelos humanos posibles. Consiste en proporcionar todas las medidas tendientes a mejorar la calidad de vida, cuando la muerte se producirá en un corto período de tiempo. Se retiran las medidas consideradas desproporcionadas o que no ofrecerán alivio al enfermo, sosteniendo aquellas que contribuyen a aliviar el dolor y otros síntomas molestos. Se busca el confort y bienestar del paciente (movilización, aseo, alimentación, curaciones, uso de analgésicos, sedantes, etc), se da prioridad al diálogo entre el equipo de salud / paciente / familia / cuidador y se da lugar a la espiritualidad del paciente. 

La ortotanasia respeta el momento natural de la muerte, sin adelantarla para no caer en eutanasia, ni prolongarla con medios excesivos para no caer en la distanasia. Mientras que la ortotanasia ayuda en el morir (no enfrenta reparos éticos), la eutanasia y la distanasia ayudan a morir. 

Aclarando un poco más                

Sí es eutanasia: inyectar sustancias letales por parte de un tercero que, por razones de piedad, ejecuta materialmente la acción.

No es eutanasia: desconexión del respirador en el caso de una persona muerta clínicamente (cese irreversible de funciones circulatorias y respiratorias o funciones encefálicas); desconexión del respirador en el caso de una persona con graves padecimientos y en una situación irreversible, siempre que lo haya solicitado previamente (voluntades anticipadas); no reanimación del enfermo terminal cuando ya no puede experimentar ninguna mejoría, y así lo haya solicitado; cuando se deja a la persona morir “en paz”, de un modo natural, sin someterla a una prolongación artificial e inútil de la vida; procurar sustancias letales para que el enfermo terminal las tome (sería suicido asistido); sedación terminal para evitar sufrimiento (sedación paliativa); limitación del esfuerzo terapéutico (cuando se decide suspender o negar un tratamiento que se cree es inútil, que no genera ningún beneficio o que puede ser perjudicial).

¿Por qué se recurre al pedido de eutanasia?

Una posible respuesta a esta pregunta es, quizás, un intento por humanizar la muerte en una sociedad en la que la tecnología, la hospitalización, la soledad, los cambios en las familias, la disminución de la red de relaciones para acompañar, y el aumento de la expectativa de vida (muchas veces sin calidad de vida) nos colocan en situaciones nuevas con respecto a otras épocas y en las que la persona debe poder anticipar ese momento y pensar en cómo y dónde quiere morir.

Los Cuidados Paliativos implementados a tiempo podrían ayudar a resolver muchas de estas cuestiones, pero lo cierto es que muy poca gente tiene acceso a estos.

Preguntas existenciales de fondo como ¿qué es la vida humana?, ¿qué es la libertad?, ¿qué es más importante, la vida o la libertad?, ¿qué significa morir con dignidad?, quedan sin respuesta incluso con la Ley de Eutanasia aprobada en España. 

Y surge en el ámbito médico la pregunta: ¿por qué debe ser el médico quien practique la eutanasia? Aun habiendo algunos fundamentos para esto, se vuelve imprescindible conocer la opinión de los profesionales sanitarios a este respecto.

A nivel internacional, casi todos los países prohíben penalmente la eutanasia y ni siquiera la regulan específicamente, sino dentro del marco más amplio del castigo de las conductas de colaboración en el suicidio ajeno o del homicidio a petición. La eutanasia solo esta legalizada en Holanda, Bélgica, Nueva Zelanda, Colombia, Luxemburgo, Canadá y España.

Ante el problema de qué significa morir con dignidad, es necesario poner de manifiesto que esa dignidad se logrará concienciando a cada individuo de su derecho a decidir responsablemente sobre los tratamientos que se le apliquen, a rechazarlos, a solicitar el alta voluntaria y a morir en su domicilio, eso sí, con cuidados paliativos. 

Los médicos debemos tomar conciencia de que ante nosotros hay una persona y no una patología, y que la no curación no debe asumirse como una frustración, considerando que aún queda por transitar junto al paciente el camino del alivio, tarea igualmente profesional.

Los cuidados paliativos deberían incorporarse en todos los hospitales, asegurando su acceso a la mayor cantidad posible de pacientes. Aunque esta medida no excluya debatir sobre eutanasia, seguro permitirá pensar en muerte digna.

*Jefa del Servicio de Cuidados Paliativos del Hospital Perrando 

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