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Cuidando al cuidador

La alegría y el amor son dos alas para las grandes acciones” (J. Wolfgang von Goethe)

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El cuidador principal informal es el familiar o persona que vive con el enfermo y se ocupa de sus necesidades todo el tiempo, sin recibir retribución económica, asumiendo la responsabilidad de actuar como soporte, proveyendo asistencia para mejorar la calidad de vida, ayudando a que el paciente no sea apartado de su contexto social, favoreciendo la permanencia, en lo posible, dentro del domicilio familiar. 

Quien asume el rol de cuidador principal suele conocer el contexto más amplio del enfermo, al igual que la realidad del paciente y sus necesidades. En la gran mayoría de los casos, el cuidador reside en el mismo domicilio del enfermo y está siempre disponible para responder a su demanda.

Sin dudas, el cuidado del enfermo es prioritario, pero no menos importante es el cuidado del cuidador, quien también debe atender a su salud física, emocional y espiritual. 

Condiciones para un buen cuidado

-Cubrir las necesidades reales del paciente

-Que el cuidador esté capacitado para cuidar 

-Que quiera hacerlo 

-Que se haga en el momento oportuno

-Que no genere dependencia o conductas sobreprotectoras

Surgen los problemas

En la mayoría de los casos, el cuidador informal se convierte en la única fuente de apoyo de los pacientes, porque intervienen factores como falta de recursos económicos de la familia para tener un cuidador formal (alguien capacitado, fuera del entorno familiar, a quien hay que abonar sus servicios), o por falta de organización familiar.

Para quien se transforma en cuidador principal, de forma repentina o gradual, surge la necesidad de reorganizar su vida para incluir el cuidado de su familiar dentro de sus actividades cotidianas. Una parte importante de su tiempo, ese que antes tenía ocupado con otras actividades, comienza a dedicarlo a prestar ayuda al ser querido en tareas que ya no puede realizar por sí mismo.

Con el tiempo puede ocurrir que el cuidador comience a sentirse desbordado, agotado, solo, sin fuerzas. Entonces pueden aparecer síntomas de malestar o disconfort: ansiedad, irritabilidad, insomnio, fatiga mental y psíquica, sensación de “no poder más”, preocupación desmedida, exceso de responsabilidad (“nadie lo cuida como yo”).

Señales de alarma

-Problemas con el sueño.

-Cansancio continuo.

-Aislamiento.

-Fácil enojo.

-Consumo excesivo de medicamentos, bebidas alcohólicas o tabaco.

-Problemas físicos: dolores de espalda o de cabeza, palpitaciones, temblores, molestias digestivas.

-Problema de memoria y dificultad para concentrarse.

-Desinterés por las cosas.

-Aumento o disminución del apetito.

-Dar demasiada importancia a pequeñas cosas.

-Cambio frecuente de humor o de estado de ánimo.

-Dificultad para superar sentimientos de depresión o nerviosismo.

-No admitir la existencia de síntomas físicos o psicológicos que se justifican mediante otras causas ajenas al cuidado.

-Tratar a la otra persona con menor consideración que la habitual

“Identificar cómo nos sentimos y conocer las emociones que nos dominan es básico para que uno se sienta mejor y poder ejercer adecuadamente el papel de cuidador”. 

¿Cuál es el mayor problema?

¿Realmente no hay otra persona que pueda reemplazarlo en el cuidado? Cuando le ofrecen ayuda, ¿no la acepta porque piensa que no lo van hacer bien? ¿Le cuesta delegar sus funciones porque cree que abandona a su familiar?

Posibles soluciones

Ante la aparición de síntomas de malestar en el cuidador, hay algunas medidas que se pueden implementar. Por ejemplo, compartir la responsabilidad del cuidado: Cuando comienzan a aparecer esas sensaciones en la/el cuidadora/r, la solución ideal es compartir la carga de responsabilidad con el resto de los miembros de la familia, algo que muchas veces resulta imposible, aunque se quiera, por la situación, por problemas o por circunstancias de cada uno.

Desconectarse del cuidado constante: solicitar ayuda a otro integrante de la familia, vecino, voluntario, o contratar si fuera posible a un cuidador rentado para esos fines. Evitar el aislamiento social: dedicar tiempo de calidad a su familia. Atender a su estado físico: alimentarse bien, descansar lo suficiente, tener espacios de recreación y esparcimiento, realizar actividad física.

Cuidar su ser interior: reconocer el valor del arte de cuidar al otro, promoviendo la reflexión personal que aporte al bienestar físico, emocional y espiritual, con actividades de meditación.

Fortalecer la red del cuidador: amistades, vecinos, comunidad, centros sociales. Anticipar quién puede reemplazar al cuidador en caso de necesidad. Cuidar la salud mental: si es necesario, buscando ayuda con un profesional. Considerar que otros familiares pueden ayudar, y que podrán hacer bien el trabajo.

Preguntas para la reflexión del cuidador

¿Cómo afecta esta tarea a mi vida cotidiana?; ¿Hasta qué punto esta situación me sobrecarga, sobrepasa o supera?;¿Cuál es mi estado de ánimo?; ¿Cómo está mi nivel de atención?;¿Qué estoy haciendo para cuidar de mí?;¿Estoy durmiendo bien y lo adecuado?

Estrategias de autocuidado

-Tomar conciencia de lo que le afecta

-Practicar ejercicios de auto regulación emocional

-Organizar mejor el tiempo 

-Aprender a colocar límites

-Pedir apoyo

-Hacer actividades agradables

-Aprender a manejar los pensamientos y emociones negativas

-Evitar aislarse

-Llevar una vida saludable

Recordar: “Es esencial que el cuidador sea capaz de autocuidarse y mantener un estilo de vida saludable, tanto física como emocionalmente. De otra manera, no estará en condiciones de seguir cuidando a la persona dependiente”.

*Enfermera del Servicio de Cuidados Paliativos del Hospital Perrando - [email protected]

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