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Crecida del rio Paraná en la costa chaqueña

Familias de Soto y Tacuaní abandonan sus casas y los malloneros pierden sus herramientas

Fernando Hibert, integrante del Comité de Emergencia de las Organizaciones Civiles, sostuvo que hay vecinos que cruzaron a Corrientes, mientras otros intentan rescatar sus pertenencias y animales.

La crecida del río Paraná mantiene en una situación crítica a los parajes Soto y Tacuaní, en la costa chaqueña, donde decenas de familias enfrentan el avance del agua, el aislamiento y las dificultades para recibir asistencia. Fernando Hibert, integrante del Comité de Emergencia de las Organizaciones Civiles del Chaco (CEOC), advirtió que algunos pobladores debieron cargar sus pertenencias en embarcaciones y cruzar hacia la costa de Corrientes para refugiarse con familiares.

Frente a la emergencia, el comité impulsa una campaña solidaria para reunir alimentos, agua potable, ropa, frazadas, productos de higiene y otros elementos de primera necesidad. Quienes quieran colaborar pueden comunicarse a los teléfonos 362 471-2235 y 362 526-6381.

Salvar lo poco que se tiene

En el paraje Soto viven cerca de 73 familias, mientras que en Tacuaní hay más de 33, según precisó Hibert. El referente señaló que ambas áreas son las más críticas y cuestionó la falta de asistencia estatal. "Ya no tienen tierra y son los dos parajes más olvidados de toda la zona costera del Chaco", afirmó. También sostuvo que la atención no debería depender de jurisdicciones: "Al fin y al cabo somos todos chaqueños, no se trata por municipios".

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El drama se refleja en la rutina de las familias que intentan rescatar sus pertenencias mientras el agua sigue avanzando. "Estos últimos cuatro días fueron de trabajo, esperando nomás el agua. No queda otra", dijo un vecino que vive en la zona hace más de diez años.

Según relató, pese a los esfuerzos, la magnitud de la crecida los sorprendió y debieron improvisar refugios con chapas, maderas, palos y bolsas. En medio de la emergencia, destacó la solidaridad de quienes se acercan a colaborar: "La gente es buena y siempre está colaborando. Todavía hay solidaridad".

Hibert también denunció un episodio que afectó a una familia con dos chicos con discapacidad. Según su relato, mientras un vecino solidario los ayudaba a trasladar sus pertenencias, entre ellas unos freezer, efectivos policiales les quitaron pescados que tenían guardados.

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Los malloneros pierden sus herramientas

La crecida también golpea a los pescadores artesanales, cuya actividad depende de las condiciones del río. Hibert explicó que la fuerza de la corriente impide mantener los equipos de pesca y provoca roturas y pérdidas de materiales. "No hay cable, no hay soga que aguante la presión del agua", describió. En el caso de los espineleros, Hibert estimó que actualmente está pescando alrededor del 35% de los trabajadores del sector.

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