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La contaminación por plásticos

Desde su aparición a mediados del siglo pasado, el plástico ha sido promovido como un material versátil, barato y duradero. Sin embargo, esas mismas cualidades son hoy la base de una crisis global. De las más de 7.000 millones de toneladas de residuos plásticos generados por la humanidad, cerca de dos tercios terminan fuera de los circuitos de reciclaje, es decir, enterrados, incinerados o dispersos en el ambiente.

Cada año se producen más de 450 millones de toneladas de plástico a nivel mundial, y apenas un 9 % logra reciclarse de manera efectiva. Un dato especialmente preocupante es que alrededor del 40 % de esta producción corresponde a plásticos de un solo uso, como bolsas, botellas o envases descartables. El problema es que estos productos cumplen funciones de apenas minutos, pero permanecen en el ambiente durante siglos. Según los expertos, de mantenerse esta tendencia, la producción de plásticos podría duplicarse hacia 2045 y triplicarse para 2060.

Se estima que entre 8 y 14 millones de toneladas de residuos plásticos ingresan cada año a los océanos, afectando a especies marinas, cadenas tróficas y medios de vida humanos. Pero la contaminación plástica también está presente en suelos, ríos, lagos y en el aire, en forma de microplásticos que ya se han detectado incluso en regiones remotas del planeta.

Durante mucho tiempo, el problema del plástico fue considerado principalmente una cuestión ambiental. No obstante, en los últimos años ha comenzado a reconocerse su impacto también en la salud humana. Expertos y publicaciones científicas, como The Lancet, advierten que los daños a la salud humana han sido un "asunto dormido" que ahora empieza a despertar. A lo largo de todo el ciclo de vida del plástico se liberan sustancias químicas peligrosas. Algunas de ellas, como el bisfenol A (BPA), están asociadas con enfermedades cardiovasculares, distintos tipos de cáncer, diabetes y problemas respiratorios.

Estudios advierten, por otra parte, que el impacto económico de estos daños también es para tener en cuenta. En 38 países, el costo sanitario atribuible a solo tres químicos presentes en los plásticos alcanzó 1,5 billones de dólares en un solo año. Los grupos más vulnerables son los bebés y los niños pequeños, ya que la exposición temprana a estas sustancias puede generar efectos irreversibles a lo largo de la vida.

Ante esta situación, la comunidad internacional ha intentado avanzar hacia soluciones globales. En agosto del año pasado se celebró en Ginebra, Suiza, la conferencia INC-5.2, cuyo objetivo era finalizar un tratado internacional jurídicamente vinculante para poner fin a la contaminación por plásticos, abordando todo su ciclo de vida. A pesar de la participación de más de 170 países y de una alta ambición inicial, las negociaciones concluyeron, lamentablemente, sin un acuerdo definitivo. El principal punto de conflicto fue la reducción de la producción de plásticos, especialmente de plásticos vírgenes.

Los desacuerdos enfrentaron a dos bloques, esto es, por un lado, países que buscan poner límites a la producción y regular sobre todo las sustancias tóxicas; por otro, aquellos que priorizan únicamente la gestión de residuos y el reciclaje. Un amplio grupo de países, entre ellos varios de América Latina y el Caribe, rechazó el texto propuesto por considerarlo demasiado débil para cumplir con el mandato de la Asamblea de la ONU para el Medio Ambiente.

Aunque se acordó continuar las negociaciones en una nueva sesión, el futuro del tratado dependerá en gran medida del compromiso político de los Estados.

Expertos del Programa de Naciones Unidas para el Ambiente observan que el plástico es un material asequible, duradero y flexible que está omnipresente en la vida moderna, desde los embalajes hasta la ropa y los productos de belleza. Sin embargo, advierten, se desecha a una escala descomunal, ya que cada año, millones de toneladas de productos plásticos de vida corta terminan en la basura. Estiman que, a nivel global, en total, el 46% de los residuos plásticos se deposita en predios municipales, mientras que el 22% se gestiona de manera inadecuada y se convierte en basura. Esta agencia de la ONU señala que, a diferencia de otros materiales, el plástico no se biodegrada. Puede tardar cientos de años en descomponerse, por lo que, cuando se desecha, se acumula en el ambiente hasta alcanzar un punto crítico. Esta contaminación impacta en la fauna marina, deteriora el suelo, envenena las aguas subterráneas y puede causar graves consecuencias para la salud humana.

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