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Se cumplió un año de su partida

La sonrisa que se volvió ley y abrazo colectivo

A un año del fallecimiento de Beltrán Romero Feris, su conmovedora historia transformó el dolor en una política pública.

El 19 de enero se cumple un año del fallecimiento de Beltrán Romero Feris, cuya historia conmovió a todos y transformó el dolor en una política pública que busca salvar vidas a través del diagnóstico temprano.

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La imagen intacta del pequeño Beltrán Romero Feris, de seis años.

Hay sonrisas que no se olvidan. Sonrisas que, aun en medio del dolor, iluminan recuerdos, despiertan ternura y dejan huellas profundas. La de Beltrán Romero Feris fue una de ellas. Ayer se cumplió un año de su partida, y Corrientes volvió a pronunciar su nombre con un nudo en la garganta y el corazón abierto.

EL NIÑO DE LA SONRISA ETERNA

Beltrán tenía seis años. Era inquieto, dulce, luminoso. Tenía esa sonrisa amplia y franca que desarma tristezas y contagia alegría, la misma que su familia pidió recordar encendiendo una vela, como un gesto simple y profundo para que siga acompañando. Porque Beltrán no se fue del todo: su historia permanece viva en la memoria colectiva y en una ley que lleva su nombre.

Su enfermedad, la adrenoleucodistrofia, llegó tarde al diagnóstico. Demasiado tarde. Antes hubo confusión, consultas, tratamientos que no respondían, etiquetas que no explicaban lo que realmente estaba ocurriendo. Mientras tanto, el tiempo (ese aliado cruel de las enfermedades poco frecuentes) avanzaba sin pausa.

Cuando finalmente llegó la confirmación médica ya no había margen para las terapias que podrían haber cambiado el curso de la historia. La enfermedad avanzó rápido, sin concesiones. Y Beltrán, con una fortaleza que todavía conmueve, dio pelea hasta donde pudo.

LA MAMÁ

Para su mamá, Paola Chequín, el último año fue un aprendizaje doloroso y forzado. Aprender a convivir con la ausencia. Aprender a seguir por los otros hijos. Aprender a transitar fechas que ya no son iguales, mesas donde una silla vacía lo dice todo y celebraciones atravesadas por la nostalgia. Pero también aprender a transformar el amor por Beltrán en una causa que proteja a otros.

LEY BELTRÁN

De ese amor nació la lucha. Una lucha que no permitió quedarse quietos, que no aceptó el silencio ni la resignación. Una lucha que empujó a la Legislatura correntina a sancionar la ley 6698, conocida como ley Beltrán, que incorpora la adrenoleucodistrofia a la pesquisa neonatal.

La ley no borra el dolor, pero le da sentido. No devuelve lo perdido, pero abre caminos. Convierte una historia trágica en una herramienta concreta para que otros niños tengan una oportunidad que Beltrán no tuvo.

EN PRESENTE

A un año de su muerte el recuerdo sigue siendo intenso. La tristeza no se diluye, pero se vuelve acción. Su mamá lo dice con la voz quebrada y firme a la vez: "El corazón duele, pero la vida sigue, y con ella la responsabilidad de no mirar para otro lado".

Beltrán conmueve porque su historia interpela. Porque muestra lo que sucede cuando el diagnóstico llega tarde. Porque pone nombre y rostro a una enfermedad rara que, detectada a tiempo, puede ser tratada y cambiar destinos.

Corrientes lo recuerda, no solo como un niño que partió demasiado pronto, sino como el motor de un cambio. Como esa sonrisa que sigue guiando, empujando, abrazando. Como el niño que enseñó que incluso en la pérdida más injusta puede nacer una esperanza colectiva.

Encender una vela no fue solo un gesto simbólico. Fue decir su nombre. Fue sostener la memoria. Sigue siendo comprometerse a que ninguna historia vuelva a terminar por falta de detección a tiempo.

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