El futuro del planeta se juega en Ginebra
En Ginebra, representantes de 177 países intentan cerrar un histórico tratado para frenar la contaminación por plásticos, limitando su producción.

Esta cumbre llega tras el fracaso de la ronda anterior, celebrada en diciembre de 2024 en Busan, Corea del Sur. Sin embargo, el proceso enfrenta fuertes obstáculos: el lobby y el greenwashing de la industria fósil.
Desde 1950, la producción de plásticos aumentó más de 200 veces.
Hoy, más del 98% de los plásticos provienen de petróleo, gas y carbón. Esta industria, consciente de que los combustibles fósiles pierden mercado por la transición energética, encontró en el plástico una nueva vía de negocio. Por eso, invierte y presiona para evitar restricciones. En Busan se acreditaron más de 220 lobistas de grandes empresas petroquímicas; muchos de ellos están ahora en Ginebra.
Los científicos advierten que el mundo atraviesa una "crisis de plásticos". Este material causa enfermedades desde la infancia hasta la vejez y genera daños a la salud valorados en u$s 1,5 billones anuales.
Se proyecta que la producción actual, ya insostenible, se triplique para 2060, superando los mil millones de toneladas al año. En 2025, ya hay 8.000 millones de toneladas contaminando los ecosistemas.

Desde el inicio de las negociaciones del tratado en 2022, solo siete empresas —entre ellas Dow, ExxonMobil y Shell— han generado suficiente plástico como para llenar 6,3 millones de camiones de basura, es decir, 5,5 camiones por minuto.
Frente a la presión por reducir la producción, estas compañías defienden el reciclaje como solución principal. Sin embargo, producen mucho más de lo que se recicla.
Un claro ejemplo es la Alianza para Acabar con los Residuos Plásticos, creada en 2019 por más de 30 multinacionales. Entre sus promesas: retirar 15 millones de toneladas de residuos en cinco años con una inversión de 1.500 millones de dólares.
Pero su último informe revela que solo han recogido 119.000 toneladas —menos del 1% del objetivo— e invertido apenas 375 millones, una cuarta parte de lo prometido. Mientras tanto, solo las cinco principales empresas del comité ejecutivo de esta alianza produjeron 132 millones de toneladas en ese mismo periodo.
"La industria está haciendo greenwashing", señala Bill McKibben, de Greenpeace Reino Unido. "En 70 años, solo hemos reciclado el 9% del plástico. No basta con mejorar la gestión de residuos; hay que reducir la producción".
Mientras tanto, la ciencia detecta microplásticos en todo el planeta: en la Antártida, en la sangre, en el cerebro, en la placenta, en la leche materna y en la médula ósea. "Estos polímeros representan riesgos serios, crecientes y subestimados para la salud humana en todas las etapas de la vida", alerta Philip Landrigan, director del Observatorio Global sobre la Salud Planetaria.
La decisión en Ginebra es crucial: o se limita el plástico desde su origen, o el planeta pagará un precio irreversible.
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