La calidad del aire y la amenaza invisible de los microplásticos
Una nueva investigación revela que estamos inhalando cantidades alarmantes de microplásticos en espacios cerrados, con efectos potenciales sobre la salud humana.

Una investigación reciente revela que estamos respirando microplásticos en niveles alarmantes dentro de espacios cerrados, lo que podría tener serias implicaciones para la salud humana.
Un estudio realizado por la Universidad de Toulouse, publicado en Plos One, descubrió que la concentración de estas partículas en ambientes interiores es hasta 100 veces superior a lo estimado anteriormente. Se calcula que un adulto podría inhalar hasta 68.000 partículas de microplásticos al día, principalmente de entre 1 y 10 micrómetros, lo suficientemente pequeñas como para alojarse en lo más profundo de los pulmones.
Los investigadores analizaron 16 muestras de aire tomadas en hogares, oficinas y vehículos, utilizando espectroscopia Raman. Los resultados mostraron una media de 528 partículas por metro cúbico en viviendas, y hasta 2.238 en automóviles, donde predominan plásticos como el polietileno y la poliamida. Estas partículas representan hasta el 97% del polvo en interiores, y el 94% de ellas son de tamaño respirable.
"Están por todas partes. No las vemos, pero alcanzan lo más profundo de nuestros pulmones", señala Nadia Yakovenko, líder del estudio. Dado que en los países desarrollados pasamos alrededor del 90% del tiempo en espacios cerrados (incluyendo un 5% en vehículos), la exposición es constante y creciente.
Más allá del daño físico, los microplásticos liberan aditivos tóxicos como bisfenol A, ftalatos y retardantes de llama bromados, todos ellos relacionados con alteraciones hormonales. Según Jeroen Sonke, del CNRS francés, estos compuestos se asocian con partos prematuros, trastornos neurológicos, infertilidad, obesidad, enfermedades cardíacas y cáncer. Aunque aún no se sabe con certeza cuánto plástico puede acumularse en los pulmones, se sospecha que algunos fragmentos pueden permanecer durante años o incluso ingresar a las células.
El origen de esta contaminación está en objetos cotidianos: ropa sintética, alfombras, cortinas, pinturas, suelos de linóleo y componentes de automóviles. "Vivimos en una caja tridimensional hecha de plástico que, con el tiempo y la fricción, se descompone en partículas microscópicas", explica Sonke. El creciente uso de plásticos en la fabricación de autos para reducir peso también incrementa nuestra exposición.
Los microplásticos ya se han encontrado en la sangre, el cerebro, la placenta, la leche materna y el tejido pulmonar. Hasta hace poco se creía que la ingestión era la principal vía de entrada al cuerpo, pero ahora queda claro que la inhalación es igualmente crítica. También se han detectado en nubes, océanos y alimentos como la lechuga.
Ante este panorama, los expertos sugieren medidas prácticas: ventilar los espacios diariamente, usar aspiradoras con filtros eficientes, evitar textiles y objetos decorativos sintéticos y reducir el uso de plásticos. Sonke también insta a apoyar políticas ecológicas y exigir a las industrias materiales más seguros.
A nivel internacional, la ONU negocia un tratado para combatir la contaminación por plásticos. La sexta ronda de negociaciones, prevista para agosto en Ginebra, avanza lentamente. Países productores de petróleo se oponen a frenar la producción, mientras que la Unión Europea y otros estados exigen medidas más ambiciosas. El riesgo de un acuerdo débil preocupa a las organizaciones ambientales.
"Cuanto más pequeñas son las partículas que buscamos, más encontramos", advierten los científicos. Aún queda mucho por investigar sobre sus efectos acumulativos, pero una cosa es segura: la contaminación plástica ya no está solo en los océanos o en los suelos. Está flotando en el aire que respiramos, y requiere respuestas urgentes.
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