Básicamente
"Es una cosa rara, todavía hay mucha gente que ni sabe qué se vota", contaba ayer un hombre del peronismo cuando se le preguntaba por sus percepciones de la campaña electoral. Lo que cuenta no puede sorprender, frente a la magnitud de la decepción colectiva con su clase política y la dimensión de los problemas de subsistencia que afronta la mayoría de los hogares. Pero no deja de ser un dato saliente si se tiene en cuenta que estamos a tres semanas de los comicios provinciales del 11 de mayo.
Para quienes sí se interesan en conocer qué se discute entre candidatos y fuerzas políticas, el beneficio es que entienden por qué el resto no quiere saber nada. El debate, por llamarlo de un modo pretencioso, no levanta vuelo y se reduce -al menos hasta aquí- a un cruce de chicanas y ferias de garaje que muestra ropa sucia ajena.

PLACARD Y FACTURAS
De momento, ninguno de los principales contendientes se aparta de las directrices de sus planes de campaña. Chaco Puede, la coalición que lidera Leandro Zdero, potencia la exposición de los abundantes muertos del placard peronista. Las relaciones sucias del coquismo con los gerentes piqueteros son una cantera inagotable para el oficialismo actual. El nuevo escándalo provocado por las revelaciones judiciales acerca de otro grupo de dirigentes "sociales", a los que la revolución popular kirchnerista les permitió hacerse de camionetas tope de gama y quinchos inclusivos de valor multimillonario, es casi media campaña de regalo para la alianza entre el radicalismo y La Libertad Avanza.
A eso, el equipo del gobernador suma la consigna del "orden" que dice haber instalado en toda la administración provincial y en las políticas públicas que se gestionan desde ella. De nuevo el maridaje entre el PJ y las organizaciones piqueteras adorna la escena, ya que el ejemplo más rotundo que expone el gobierno de ese declarado fin del caos es la recuperación de las calles céntricas para lo que deberían servir: la circulación ciudadana, dejando atrás la rutina de cortes que exasperaba a todos menos a la gestión peronista y sus militantes.
Del otro lado, Jorge Capitanich y su Frente Chaco Merece Más intentan avivar la bronca ciudadana por las restricciones que impone la situación económica. Y así como Chaco Puede aprovecha los delitos y crímenes del poder piquetero en los años de "Coqui" para retener adhesiones, el frente del corazoncito habla una y otra vez del impacto demoledor que vienen teniendo las boletas de Secheep, una verdadera patada al hígado de decenas de miles de familias. De "la patria es el otro" a "el otro es el peor", la fórmula en la que los dos bandos ponen todos los porotos. Porque lo que todos ellos se preguntan, preocupados, es si este boxeo está polarizando la campaña tanto como lo desean y requieren. Por motivos diferentes pero parecidos, lo que buscan es que las elecciones sean un reparto entre dos. Desigual, pero conveniente.
DELICATESSEN
Las necesidades políticas no permiten filosofar demasiado ni plantear una plataforma de propuestas realista, profunda y pensada para algo más largo que el presente mismo. Hace rato que en el Chaco el largo plazo es cualquier cosa pensada para más allá de un par de meses.
Como para tener una idea del nivel de la campaña, Capitanich jugó con el apellido del primer candidato a diputado del oficialismo, Julio Ferro, para tratarlo de "forro". Por el lado de Chaco Puede, la estrategia es más prolija, buscando que el exgobernador quede asociado con una forma de hacer política que ya superó su fecha de vencimiento. No es casual que Zdero le haya puesto enfrente a un candidato casi sin antecedentes políticos. El "Zorro" quiere que su lista, por contraste con la del peronismo (que incluyó un acuerdo entre Capitanich y otro veterano limado por la realidad, Gustavo Martínez), represente una idea de renovación y vuelta de página. Aun cuando este tipo de cosas no depende de la edad de los personajes que ocupan los espacios de poder, sino de qué tan nuevos son sus modos de construcción política.
Mientras tanto, el miércoles próximo los cabezas de lista de las once boletas que encontrarán los chaqueños en las elecciones de mayo llevarán a cabo el primer debate previsto por la legislación provincial. No hay mucho para esperar. Capitanich, que viene desplegando un discurso agresivo en sus cuentas de redes sociales, seguramente buscará pegar duro sobre el látex de Ferro. Este, a su vez, recordará todo aquello que motivó que el hombre del PJ fuera desalojado de Casa de Gobierno por el voto popular en 2023. Además, cada debate (habrá dos en total, el segundo será en Resistencia) está regido por una agenda temática, y el round de Villa Ángela incluirá "corrupción". Un capítulo que para el peronismo local es como someter a Mirtha Legrand a un cuestionario sobre juegos de Play Station.
Para el Frente Chaco Merece Más, el territorio en el que piensa acopiar puntos es todo lo relacionado con la situación social y el cuadro fiscal de la provincia.
MENOS PEORES
Algo bastante extraño es que si la elección se aproxima con un alto nivel de indecisos, como podría estar sucediendo por el grado de desinterés ciudadano en la campaña, la duda central de esos electores bien podría estar siendo no a quien apoyar sino a quien castigar. Es decir, no estar preguntándose qué sector es el mejor, sino cuál es el peor para votar a su oponente directo o a alguna de las otras opciones, incluyendo los votos no positivos.
Una de las alternativas a la pelea Zdero-Capitanich es Primero Chaco, que concentra al único sector peronista que no cerró trato con Jorge Milton. Su referente principal es la intendente de Barranqueras, Magda Ayala, y el primer candidato a diputado es Atlanto Honcheruk. "El gobierno los está ayudando un montón", se quejaba este fin de semana un exfuncionario coquista. Afirma que la administración radical estaría aportando recursos a la campaña de Honcheruk para restarle votos justicialistas a Capitanich. Nada que no se haya hecho toda la vida en la política argentina.
La hostilidad de Capitanich en sus intervenciones mediáticas y de redes, donde también va con los botines a media altura hacia Zdero, tiene en cierto modo que ver con eso. "No es feliz lo que hace, pero en las circunstancias actuales es lo que le sirve a sus fines, que es principalmente no perder el voto peronista. Si él se pone agresivo, y si lo agreden a él, el votante peronista lo va a bancar", analizaba en el comienzo de la campaña un viejo lobo del PJ. La cuestión es que ese estilo reduce mucho las chances de JMC de cosechar apoyos entre los electores no pejotistas. Aglutinar el voto peronista le da un piso relativamente alto a sus expectativas, pero también un techo que no se puede mover demasiado por encima de esa línea de base.
HUMOR PAÍS
El contexto también juega, y no habría que descartar que influya incluso más que los asuntos domésticos. La debacle sinfónica con la que se retiró el kichnerismo del poder nacional en el ’23 y el perfil descarnado del ajuste aplicado por Javier Milei para evitar un colapso mantienen a millones de argentinos aferrados con unos pocos dedos a la balsa del día a día. El peronismo no se hace cargo de nada de eso, y habla de la gestión actual como si sus dos décadas en el poder hubieran sido puro virtuosismo. Los libertarios muestran índices de recuperación pero parecen creer que mientras tanto nadie sufre.
Igual, hay paradojas asombrosas. El ajuste de Milei, diabólico en la mirada K, acabó reduciendo los niveles de pobreza por debajo de los dejados por el gobierno de Alberto, Cristina y Massa. Igual son números que espantan, pero las cifras, al menos por estos lares, suelen mentir bastante menos que las personas.

















