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En el fondo son buenos

Pocas cosas dejaron más expuesta la dureza extrema del ajuste que viene implementando Javier Milei que el hecho de que quienes le pidieron recientemente una amortiguación del impacto social no fueron ya solamente los sindicatos, la oposición política, la Iglesia o las organizaciones sociales, sino ni más ni menos que el Fondo Monetario Internacional. La número 2 del organismo, Gita Gopinath, en una entrevista con La Nación, fue muy específica: "Es importante asegurarse de que se mantenga el valor real de las jubilaciones y la asistencia social", dijo luego de un encuentro personal con Milei, en Buenos Aires.

Gopinath elogió el "coraje" del presidente argentino y la faena del gobierno para recortar el gasto público, pero se mostró cauta sobre las promesas de dolarización ("no es la panacea", advirtió) e insistió en que "si bien se está llevando adelante una importante y necesaria consolidación fiscal, al mismo tiempo será necesario asegurarse de que el coste de este ajuste se reparta entre toda la sociedad y que no recaiga desproporcionadamente sobre la clase media, la clase media baja y los pobres".


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TALADOS

En la semana, un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal mostró números que explican el por qué de la observación del FMI. Allí se precisa que sobre las espaldas de los jubilados recayó 43% de la reducción total del gasto del Estado nacional durante enero y febrero. Es una cifra descomunal. Significa que casi la mitad de lo talado por la motosierra oficial en el primer bimestre de 2024 fue lo que el gobierno se ahorró al permitir que la inflación destroce la capacidad de consumo del sector pasivo. Una paliza aplicada a gente que ya estaba tirada en el piso cuando el kirchnerismo dejó el poder, al cabo de muchos años de saqueo al sistema previsional mediante manotazos a sus fondos y el otorgamiento de beneficios a millones de personas que nunca realizaron aportes (más de 60% de los jubilados argentinos accedió a su condición mediante alguna moratoria previsional). Hoy el haber mínimo es de 134.445 pesos. Según el sitio Chequeado.com, en junio del año pasado 64,4% de los jubilados cobraba el haber mínimo, y nada mueve a pensar que esa proporción se haya modificado desde entonces. Es decir, la gran mayoría percibe el monto más bajo vigente, al que este mes se le agregará un bono otorgado por el gobierno de 70.000 pesos, que llevará el total de ese piso a 204.445 pesos. Un estudio de la Universidad Nacional General Sarmiento estimó que un adulto mayor requiere, en promedio, gastos básicos de al menos 366.171 pesos. Considerando el diseño que tiene la pirámide de ingresos de los jubilados nacionales, significa que más del 70% de ellos son pobres en la actualidad, excepto que cuenten con algún otro ingreso (por ejemplo, la ayuda económica de familiares).

La situación entre los asalariados en actividad y los beneficiarios de planes sociales también está marcada por una profundización del deterioro de ingresos que venían padeciendo ambos. Y, a la par, un derrumbe progresivo de la actividad privada. En la semana se conoció que en la última década se cerraron en el país 31.400 micro, pequeñas y medianas empresas. Es decir, un promedio de 86 cierres cada diez días.

TALÓN DE AQUILES

La inquietud del Fondo no es, seguramente, un simple acto de sensibilidad. Sugiere que lo que inquieta al organismo es que la crudeza del ajuste termine rompiendo las paredes de la olla a presión y deje a Milei sin su sostén principal, que es la subsistencia de un crédito político -entre un 50 y 60% de respaldo popular, según las encuestas- otorgado por una franja de la sociedad que apuesta a que el sacrificio valga la pena y termine con cincuenta años de decadencia. Para ese sector lo peor, aún, es que el programa del gobierno fracase y deje todo servido para el regreso del peronismo y sus recetas de estudiantina. Si el umbral de dolor de esa gente llega a ser desbordado por las carencias cotidianas, el presidente -que no posee una representación parlamentaria significativa, que no tiene gobernadores propios, que comanda una estructura partidaria que no es ni vasta ni sólida- se quedará sin nada.

Por lo anterior, las prescripciones de Gopinath para Milei no omitieron una mención destacada a la necesidad de que el gobierno construya consenso político. La propuesta del "Pacto de Mayo" va en ese rumbo, pero el presidente tiende a regañadientes la mano en un momento y al siguiente pega una cachetada. Como el viernes, cuando se anunció el cambio de nombre al Salón de las Mujeres Argentinas del Bicentenario, de la Casa Rosada, justo el 8 de marzo, con el argumento -expresado por el vocero Manuel Adorni- de que llamar al espacio de ese modo podía "ser considerado ofensivo para los hombres". De yapa, fue rebautizado como "Salón de los Próceres". La lista incluye a una figura de la historia reciente: Carlos Menem. No están, por caso, Raúl Alfonsín ni Néstor Kirchner. ¿Qué suma esa provocación a peronistas y radicales? Pero, sobre todo, ¿qué suma en este momento? 

PRUEBA Y ERROR

Hay algo que considerar en todo esto. La llegada vertiginosa de Milei al gobierno, cocinada y servida en apenas dos años, sin experiencia política previa, sin partido, sin necesidad de construir un sistema de poder, indefectiblemente iba a obligarlo a esto: a aprender sobre la marcha. Desde su asunción está en eso. Las torpezas que, por ejemplo, lo llevaron a malograr el tratamiento de su Ley Ómnibus, chocando contra un árbol cuando estaba a cien metros de la llegada, tienen ese origen. Milei es el nene que siempre jugó solo y un día llegó al jardín de infantes. Tendrá que entender que no siempre jugará a lo que él quiere y que de a ratos deberá compartir sus juguetes preferidos. También -seamos francos- deberá ver la manera de que la adquisición de una mirada más primaveral sobre la vida no lo lleve a confiar tanto en los demás como para que los peques terribles de la salita lo muelan a tongos y lo lancen a la vereda. La política es un juego de calibraciones finas que terminan definiendo todo.

Paradójicamente, la brutalidad que  por momentos adquieren los modos presidenciales es -y él parece saberlo muy bien- su mejor herramienta para mantener a raya a quienes, sobre todo desde el peronismo, apuestan sin mayores disimulos al fracaso del gobierno y a una eventual caída. Porque también es verdad que si Milei mostrara tibieza, si tan siquiera titubeara, lo pasarían por encima. Siempre funcionó así en la Argentina. Aquí el ejercicio político tiene mucho de canibalismo, y los presidentes que no lo entendieron terminaron mirando fotos viejas sentados dentro de una olla.

SOLO EN ARGENTINA

La curiosidad argentina del presente es que de esas tensiones podría surgir algo interesante. Milei, después de descalificar de una manera rotunda a los gobernadores, reabrió una negociación con ellos. Y entre estos, hasta los más agresivos con sus referencias al presidente terminaron acudiendo al encuentro llevado a cabo el viernes en la Casa Rosada. Aun cuando el propio Milei le bajó la cotización a la reunión al no asistir y delegar la representación de su administración en integrantes de su gabinete.

No es que Milei se haya convertido en un demócrata clásico ni que la oposición admita sus propias culpas en la situación del país. Es, básicamente, la certeza de que por ahora a nadie le conviene que el barco termine de hundirse. Por lo menos a nadie que hoy esté ocupando un espacio de poder.  No se puede decir que los una el espanto, pero se parece un poco. Ocurre a veces que el amor, en las cuestiones prácticas, puede ser reemplazado perfectamente por las conveniencias recíprocas.

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