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Footing intelectual

Al galope del verso

Dijimos que al hombre la inteligencia le sirve para entender. Entiende para prever y proteger su existencia al evaluar las consecuencias de lo que está por hacer.

Siendo inteligente, también puede ser consciente: puede entender lo que siente y sentir si es coincidente con lo cierto y evidente y además si la conducta es conveniente, para él y el conviviente (no solo en el presente). 

Pero, ¿qué entiende de lo que siente y qué siente de lo que entiende? Bueno, para eso hay que afinar mucho la puntería. Primero tenemos que hablar de los sentimientos las emociones y el instinto. 

Yo creo que lo instintivo

o el instinto en general

es lo propio y distintivo

del dinamismo vital

que tiende a que siga vivo

el organismo animal.

Es la tendencia a la acción

espontánea e inconsciente 

que surge sin reflexión

hábito o educación.

Lo central de la tendencia

es el afán de placer

y el temor a padecer 

el dolor y la incongruencia

que perturban la existencia

hasta hacerla perecer. 

Y el ser humano normal 

también posee su instinto

específico y distinto

por ser también racional.

El instinto del humano

espontáneo y natural

es tan fuerte y tan lozano

como en cualquier animal.

Pero tiene de distinto

un aspecto no trivial:

el objetivo final

no es tan claro y definido 

y debe ser elegido

            con trabajo cerebral. 

Es clara la diferencia,

en los seres con razón

es la tendencia a la acción

sin reflexión ni conciencia

pero junto con la tendencia

siempre existe una emoción

e inclusive una intención 

que percibe la conciencia

y puede la inteligencia 

encarrilar su función.

Esa menor precisión

le da mayor eficiencia:

le obliga a tomar conciencia

de su propia realidad 

y le da la libertad

de conducir su existencia.

Pudiendo tomar conciencia 

de sus propias emociones,

puede usar la inteligencia

y elegir sus decisiones.

Si prestamos atención,

existen varios instintos

o mecanismos distintos

con idéntica función.

Son caminos diferentes

con idéntico final:

el instinto maternal;

de defensa, nutrición;

el sexual y procreación,

el gregario y el social.

El objetivo final

es hacer que sobreviva,

el sujeto individual

y la especie respectiva.

Si dijimos que el instinto 

es la tendencia a la acción, 

sin hábito ni reflexión

pero con fines precisos

no es el fruto de un hechizo

y exige una explicación.

La cuestión es trabajosa 

mas según mi perspectiva

la tesis evolutiva 

nos puede explicar la cosa.

El instinto con su acierto 

inconsciente y maquinal

y el proceso por el cual 

el verso da con lo cierto

forman parte del concierto 

del dinamismo vital.

Si seguimos deduciendo,

siendo el hombre un animal

instintivo y racional;

por lo que estoy entreviendo,

para que siga viviendo

necesita del instinto;

aunque tenga de distinto

que deba "ir entendiendo".

Esto implica que la mente,

para que pueda entender

y elegir el proceder

que resulte conducente

necesita ser consciente

de sus propias emociones.

                        Cuando cumple su función, 

                        el trabajo intelectivo

                        interpreta la emoción

                        que viene de lo instintivo 

                        y ajusta su dirección

                        hacia el mejor objetivo.

Esto me hizo comprender,

que sin razón ni conciencia

ni atención a la experiencia,

más debemos padecer

e inclusive perecer

por la falta de congruencia.

Esto puede suceder

y ocurre frecuentemente

porque tenerse presente,

entender para prever 

y elegir el proceder

que resulte conveniente,

al humano negligente

le produce displacer.

Nunca llega a comprender

que no existe beneficio 

que no exija un sacrificio

para poderlo obtener.

                                               Eso lo hace padecer, 

            nunca corrige su vicio

            y su vida es un desquicio

            que no puede comprender.     

EMOCIÓN

Si atendiendo de la experiencia

concentramos la atención

en el qué de la emoción

y usamos la inteligencia,

descubrimos que en esencia

es la reacción del momento

anterior al pensamiento,

que intenta con insistencia

preservar nuestra existencia

y evitar el sufrimiento.

Es la parte que se siente

de la reacción instintiva

maquinal y primitiva,

que surge de lo inconsciente

e intenta que sobreviva

el organismo viviente.

Originan la emoción

necesidades internas

y situaciones externas

que no admiten dilación.

 Es un proceso complejo

sin previo razonamiento

donde prima lo reflejo

que activa el comportamiento.

Por eso que la emoción

es la parte que se siente

de la reacción inconsciente

que motoriza la acción

sin prever con precisión

los efectos consiguientes.

Pero por ser la emoción

esa parte que se siente

si prestamos atención,

podemos hacer consciente

el proceso subyacente

y utilizar la razón

para orientar su función

del modo más conveniente.

Al prever las consecuencias

de las posibles acciones

predominan las razones

de la propia conveniencia.

Todo es cuestión de memoria,

si sacamos conclusiones

de anteriores emociones

y aprendemos de la historia,

es otra la trayectoria

de las nuevas decisiones.

Con una buena lectura

de la emoción que se siente

podemos hacer consciente

lo que el instinto procura

y conducir con cordura

la conducta pertinente.

Usando la inteligencia,

a partir de la experiencia,

podemos tomar conciencia

de las pulsiones actuales

y soslayar muchos males

que afectan nuestra existencia

y dañan la convivencia

                                               con los pares naturales.

Si somos inteligentes

y prestamos atención,

veremos que la emoción

no solamente se siente,

también resulta evidente

a la simple observación.

Si centramos la atención

en la actitud y en el gesto,

en la voz y en el apresto;

sin que usemos la razón

la intención y la emoción

se ponen de manifiesto.

A su vez, las emociones

que manifiestan los otros

originan en nosotros

automáticas reacciones

que afectan las relaciones

con la fuerza de los potros.

Por la humana condición

y por este mecanismo,

quien no se entiende a sí mismo

tampoco lo entiende al otro;

se comporta como un potro

cegado por su egoísmo.            

EMOCIONES

Si todas las emociones

            inciden en nuestras vidas

y deben ser advertidas

            para poder encausarlas,

convendría recordarlas

y no darlas por sabidas.

Unas son involuntarias,

espontáneas, instintivas,

son las llamadas primarias

por ser las más primitivas.

Y serían secundarias,

las que surgen de razones

o siguen a decisiones

y conductas voluntarias.

Unas se pueden oír,

como la risa y el llanto

y las otras intuir,

como el miedo y el espanto.

Son afines con el llanto,

las penas, la decepción,

la culpa, la humillación

la aflicción y el desencanto.

La carencia de autoestima,

los celos y la vergüenza,

constituyen una trenza

que se ciñe y nos lastima.

Parientes de la ira

son el odio y el rencor

que nos despiertan el dolor,

el engaño y la mentira.

Afines con el amor

son la lealtad, la confianza,

la certeza, la esperanza

la franqueza y el pudor.

Recordemos la empatía,

que al ser mutua comprensión

allana la relación

y nos llena de alegría.

Las múltiples emociones

vinculadas con el sexo,

siempre unidas por un nexo

de frondosas relaciones

con deseos y pasiones

rebosantes de vigor

y vigoroso fragor;

si quedan en lo sensual

carecen de lo esencial

y falsean al amor.

Si no busca el bien del otro,

el amor es un engaño,

pisotea y hace daño

como los cascos del potro.

            SENTIMIENTO

Si emoción y pensamiento

mutuamente se sostienen,

y en el tiempo se mantienen

se les llama sentimiento.

Y nos sentimos felices

gozando de la existencia,

si vivimos con coherencia,

sin errores ni deslices.

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