Una nueva realidad climática
Son cada vez más las ciudades que, en todo el mundo, ponen en marcha planes de desarrollo urbanístico que se adaptan a las necesidades y características de cada comunidad en función del nuevo escenario climático que se presenta en el planeta. En nuestra región, por ejemplo, esos planes también deberían tener en cuenta la importancia de la denominada infraestructura verde, que permite una mayor purificación del aire, mejoras en las condiciones térmicas y un aumento en la calidad del paisaje urbano. 
El cambio climático y las cada vez más frecuentes olas de calor en distintas regiones del planeta obligaron a revisar las estrategias para mitigar los efectos de esos fenómenos en las ciudades. "Los espacios públicos pueden actuar de manera muy diferente en función de cómo han sido pensados y construidos. Por ejemplo, cuando se enfocan en los usuarios, son accesibles, están pensados para promover la cohesión social y están provistos de vegetación, lo que ayuda a mitigar el cambio climático y adaptarse a sus impactos", señala el documento titulado "El rol clave del espacio público en la construcción de resiliencia: de la infraestructura verde al confort térmico", preparado por los especialistas del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), Alejandro Sáez Reale, Andrés Plager e Iliana Pisarro. En un gráfico que acompaña ese informe, con datos aportados por el Servicio Meteorológico Nacional, se puede observar claramente cómo aumentó la cantidad de días de olas de calor desde 1960 hasta 2020, tomando como testigo algunas ciudades del país.
Según este trabajo, las ciudades deben crear entornos térmicamente seguros, teniendo en cuenta factores como la temperatura del aire, la humedad, la velocidad del viento y la radiación solar y el sombreado de espacios. "Es fundamental que los profesionales involucrados en la planificación urbana y diseño de espacios públicos incorporen como una variable más de diseño y gestión al confort térmico", plantea el documento. Más adelante, observa que tanto las islas urbanas de calor, producto de la modificación del territorio, como las olas de calor generadas por el cambio climático hacen que las ciudades se enfrenten a una realidad climática nueva. En ese contexto, todo el calor adicional que se vive en las ciudades "no es inocuo", advierte el informe. "Por el contrario, sus perjuicios se desperdigan hacia distintos tipos de actividades y dinámicas que hacen a la lógica de una ciudad: afecta la salud de las personas, la economía local, el funcionamiento de la infraestructura urbana e incluso aumenta la prevalencia de enfermedades como dengue, zika y chikungunya", añade el documento.
No es casual que las autoridades locales de cada vez más ciudades comienzan a prestar mayor atención a los beneficios que aporta la infraestructura verde, entre los que se pueden enumerar la purificación del aire ya que las plantas y los árboles absorben gases contaminantes y emiten oxígeno, mejorando la calidad del aire; la mejora de las condiciones térmicas con espacios verdes que ayudan a mitigar el efecto isla del calor urbano, lo que reduce la temperatura ambiente y el uso de equipos de aire acondicionado (que tienen un alto consumo de energía), una mayor absorción del agua de lluvias y retención de humedad, ya que los espacios verdes ayudan a reducir la erosión y a mantener el nivel freático. Por otra parte, se destaca también el beneficio que representa el aumento de la captura de carbono, debido a que las plantas y los suelos absorben dióxido de carbono, contribuyendo a la mitigación del cambio climático.
A favor de los espacios verdes se puede decir también que promueven la actividad física y la conexión con la naturaleza, lo que puede mejorar la salud mental y física de los ciudadanos. En ese sentido, el citado informe del Cippec reconoce que cuando el espacio público está bien provisto de vegetación, se generan efectos positivos como la regulación térmica, la filtración de agua, la mejora de la calidad del aire y la mejora de la biodiversidad urbana, entre otros. "Por eso, resulta vital incorporar la mayor cantidad y calidad de vegetación, también conocida como infraestructura verde", señala el documento, tras remarcar que el arbolado urbano es uno de los componentes más importantes de la infraestructura verde. Cabe recordar que, ante la nueva realidad climática, la Organización Mundial de la Salud aconseja que las ciudades tengan al menos un árbol por cada habitante, ya que el arbolado tiene una estrecha relación con la salud de la población.
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