Cumbre climática, sin Estados Unidos
Diplomáticos y dirigentes inauguraron ayer la conferencia anual de la ONU sobre el clima en la ciudad de Belém, situada al borde de la selva amazónica. La reunión, conocida como COP30, se celebra durante otro año de récords de altas temperaturas y de un clima extremo en todo el mundo
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, llegó a la sede en una flota de vehículos eléctricos de fabricación china, mostrando el avance de las tecnologías chinas en todo el mundo. La elección de los vehículos puso de relieve la ausencia del gobierno de Donald Trump en las negociaciones sobre el clima de este año. Para algunos asistentes, eso está bien.

La COP30 corresponde a la trigésima edición de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Se desarrollará del 10 al 21 de noviembre de 2025 y marcará un punto de inflexión para América Latina. Después de tres cumbres celebradas en países estrechamente asociados a la producción y comercialización de petróleo, como Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Azerbaiján, la ciudad de Belém introduce un giro temático y simbólico: colocar la selva en el centro de la discusión sobre transición ecológica, finanzas climáticas y justicia ambiental.
La región concentra realidades que la colocan en un lugar crítico: emite alrededor del 11% de los gases de efecto invernadero, pero sufre la mayor proporción de eventos climáticos extremos registrados en los últimos años. El desbalance entre responsabilidad y vulnerabilidad resume el desafío político de fondo: mayor capacidad de decisión para quienes soportan impactos más severos.
¿Por qué arrancó con líderes mundiales y qué implica?
Aunque la conferencia formal de la COP30 inicia el lunes 10 de noviembre, ya comenzaron actividades vinculadas: un llamado de Brasil para reunir a líderes mundiales, mesas redondas sobre economía de la transición, combustibles sostenibles, planes nacionales de clima, etc. La razón de arrancar antes es múltiple:
-Permite que los jefes de Estado y de Gobierno establezcan una "Hoja de ruta" de alto nivel antes de que empiecen las negociaciones técnicas.
-Facilita que temas estratégicos (por ejemplo el de bosques, transición energética, financiación) se planteen con visibilidad internacional elevada.
-Refuerza el papel de anfitrión de Brasil, que quiere marcar la agenda y mostrar liderazgo en clima.
¿Qué se espera a partir del lunes 10 de noviembre?
-Que más de 100 países concurran con sus delegaciones oficiales para negociar en Belém.
-Que se presenten o actualicen los compromisos nacionales de clima ("NDCs" – Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional) para reducir emisiones o adaptarse al cambio climático.
-Que se desbloqueen discusiones sobre financiación climática: cuánto dinero público y privado se movilizará para que los países vulnerables puedan adaptarse, reducir emisiones y proteger sus ecosistemas.
-Que Brasil proponga y lidere iniciativas específicas, por ejemplo sobre los bosques tropicales (detener deforestación, restaurar tierras degradadas), el desarrollo de combustibles más sostenibles o mecanismos de mercado de carbono.
-Que la transición energética —pasar del uso de combustibles fósiles a renovables o bioenergía— tenga un lugar central. De acuerdo con la IRENA, los biocombustibles sostenibles serán uno de los ejes clave.
-Que la COP30 abra espacios de participación para la sociedad civil, pueblos indígenas, jóvenes, privado y público, no solo las negociaciones entre gobiernos. Ésta inclusión es parte de la estrategia del anfitrión.
-Que se busque avanzar un "plan de transición justa" (just transition), es decir, una transición que incluya empleo, derechos humanos, comunidades vulnerables, para que el cambio climático no agrave desigualdades.
*Con información de The New York Time e Infobae










