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Cuarenta entre paradojas

Los cuarenta años de la democracia recuperada en 1983 se cumplen hoy con una paradoja: los argentinos acaban de elegir ser gobernados por una fuerza política totalmente ajena a las estructuras que gestionaron el Estado en estas cuatro décadas.

La razón, por muchas vueltas que se prentendan dar, es simple: todas fracasaron, y el resultado es una caída cuesta abajo hacia el empobrecimiento general. Es decir, el aniversario llega con una sociedad para la cual la democracia frustró sus expectativas económicas y sociales. Tanto como para elegir presidente a un hombre casi sin antecedentes políticos y que, por si faltara algo, hizo campaña predicando una amarga caminata por el desierto de las restricciones. 

Ahora que el peronismo en retirada advierte sobre el montaje de una "resistencia" inmediata a las políticas del nuevo gobierno, conviene recordar a sus dirigentes, voceros y defensores que el ajuste no comenzará esta semana: excepto la minoría beneficiaria de los negocios y acomodos del poder, todo el resto de la población viene ajustándose desde hace décadas, resignando bienestar (y, en millones de casos, descendiendo sin atenuantes a condiciones de pobreza). El voto mayoritario del balotaje de hace apenas tres semanas sí fue un acto de resistencia: al atraso, a la africanización del país, a la negación constante de la realidad, al manejo irresponsable y lábil de los recursos públicos. 

El tiempo dirá si el pueblo se equivocó o no en depositar su bronca y su confianza en quien lo hizo, pero lo mínimo que cabe es que esa decisión, auténticamente popular, sea respetada. Es un delirio hablar del gobierno elegido por el voto directo de la mayoría como si se estuviera frente a una facción que ganó el poder por asalto. El peronismo no perdió el poder por un golpe de Estado, sino por la incompetencia para ser fiel a su origen: el apoyo a la producción nacional para la generación de trabajo genuino digno. Traicionó a la clase media, se burló de sus valores (la cultura del esfuerzo, la distinción al mérito, el desprecio al delito, la movilidad social basada en el sacrificio y la educación) y pagó en las urnas por ello.


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Acá

En el Chaco, la salida de Capitanich tiene que ver con motivos prácticamente idénticos, pintados con color local. Es probable, por ejemplo, que en la mente de los votantes todos los datos del gobierno saliente sobre la inversión en el sistema educativo, que fue abundante, haya quedado tapada por una simple referencia: esta es la provincia en la que Emerenciano Sena era director de una escuela. Y no porque una circunstancia tan puntual pese tanto en la opinión pública, sino porque resumió el derrumbe de la idea de mérito e idoneidad, además de poner bajo sospecha toda la trama de asignación de cargos y recursos en un sistema clave para cualquier sociedad. Del mismo modo, las afirmaciones sobre los grandes avances de la red sanitaria oficial no soportan, en el pensamiento del ciudadano común, ser confrontadas con la realidad de quien debe acudir al hospital por la noche para atravesar allí la madrugada del día siguiente y poder saber, en la mañana, si podrá acceder a la atención que requiere.

Se podrían agregar más elementos a la lista: la inseguridad afrontada con una meticulosa ineficacia, la cultura de amigos y parientes, las políticas sociales instrumentadas, de tal modo, que en lugar de combatir la pobreza la eternizan, el universo inescrutable de la obra pública. También, el manejo de los recursos como si no estuviéramos en la provincia más pobre de la Argentina. Un pequeño botón de muestra: el 22 de noviembre las autoridades salientes de Lotería Chaqueña dictaron una resolución por la cual autorizaron que el organismo se hiciera cargo del costo arancelario de un curso para el que solicitó cobertura económica uno de sus empleados. Se trataba de la actividad denominada "Liderazgo y aprendizajes de montaña", que iba a llevarse a cabo en Bariloche. Fue un gasto de casi 1000 dólares, fijado en esa moneda. Se aprobó la erogación. En la resolución se explicaba que el curso consistía en "una inmersión de seis días en la naturaleza (...) en donde los participantes asumirán desafíos y riesgos en grupo. Tendrán la oportunidad de explorar con sus pares habilidades de liderazgo de grupos, trabajo en equipo y toma de decisiones en situaciones de incertidumbre en la naturaleza, siempre en un ambiente cuidado por expertos guías de montaña". 

En esta misma edición de NORTE, el arquitecto Carlos Alabe, fundador de Ciudad Limpia y mentor de la Casa Garrahan Chaco, expone que ese servicio sanitario de gran importancia, único en su tipo en la región, está a punto de tener que cerrar sus puertas por la falta de apoyo de Lotería Chaqueña y del Ministerio de Infraestructura en la gestión que terminó este fin de semana. ¿No era mejor destinar prioritariamente el dinero público a estas cuestiones? Además, siempre estaría la posibilidad de recurrir a la ayuda gratuita de otros estados si alguien llegara a perderse en las montañas del Chaco.

Es verdad, no son situaciones equivalentes, pero el Estado está repleto de esos gastos, así como de nombramientos y ascensos (un decreto de estos últimos días acaba de nombrar 546 nuevos directores en la administración central) de última hora. Para cada uno de ellos los funcionarios que firmaron esas decisiones deben tener un argumento de defensa. Pero ¿esos "actos de justicia" tenían que concretarse justo en las semanas que van desde la derrota electoral hasta la salida del poder? Y aquí vale otro interrogante: ¿no es hora ya de que los diputados voten una ley que prohiba desde ahora y para siempre esas jugadas de último momento con la planta de personal del Estado?

Magia

El acto de asunción de Leandro Zdero fue institucionalmente correcto. El nuevo gobernador reiteró muchas de sus frases de campaña y no dio datos que permitan saber qué tan al tanto está de lo que tendrá que administrar a partir de hoy. En una parte de su mensaje en la Legislatura, posiblemente lo más interesante haya estado en el momento en que dijo que recibe "una provincia muy mal administrada, con muchos dolores. En este último tiempo hemos asistido a un sinfín de maniobras que comprometen la caja del Estado y la vida de la gente. Actos de gran irresponsabilidad comprometiendo el patrimonio, el presente y el futuro de los chaqueños", dijo, citando que el Chaco tiene "la mayor tasa de pobreza del país, con los peores índices educativos, con un sistema sanitario en terapia intensiva y un entramado social destruido".

Anunció que ya dio instrucciones para "que se inicien las auditorías correspondientes, con una etapa de relevamiento formal  y el compromiso de informar a los chaqueños cuál es la situación real de la provincia y el estado del Estado".

En el acto posterior en la Casa de Gobierno se vio a un Jorge Capitanich con una incomodidad quizá solo comparable a la de aquel papelón en el estadio de Sarmiento, en 2012, cuando un problema con el sistema eléctrico impidió iluminar la cancha y obligó a suspender nada menos que un partido entre las selecciones de Argentina y Brasil. No debía sorprender: es el peor momento de su carrera política y había comenzado el año creyendo (igual que su entorno) que el cuarto mandato era tocar la pelota en el área chica con el arco vacío. ¿Tendrá revancha dentro de cuatro años? Imposible saberlo. Como siempre, pero peor, porque el futuro inmediato pasible de estimación es, hoy en la Argentina, algo que está no más lejos del presente que unos quince minutos.

Zdero, ayer, dijo que: "Los discursos bonitos no alcanzan para justificar que estamos mal, que no tenemos plata", y avisó frente a la marea de demandas que lo aguardan haciendo fila: "No somos magos". En realidad, y mal que le pese, es justo lo que la parte más agobiada de la población espera que él y su equipo sean. Como ya lo advierten varios especialistas en opinión pública -algunos de ellos citados en esta página en ediciones anteriores-, los hombres y mujeres que fueron a las urnas para votar un cambio, saben que el nuevo gobierno llega con un ajuste bajo el brazo, para cada uno de ellos espera que las nuevas restricciones -que se sumarán a las viejas- les toquen a los demás. Hay esperanza, pero también hay márgenes diminutos de tolerancia a padeceres adicionales. El sendero se hizo así de estrecho y no hay manera de retroceder. 

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