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Tatra T87, el coche que mataba nazis

Curiosa historia la de este automóvil checo de la década del ‘30 que se ganó la fama de "matanazis" debido a que era el favorito de las elites políticas y militares de Alemania pero letal a la hora de conducir rápido.

El atractivo que tenía la velocidad para los alemanes de los años ‘30 era tan grande que se crearon las Rekordwoche, jornadas en las que las carreteras se cerraban en busca de un nuevo récord de velocidad y que terminaron parando el velocímetro en 432 km/h pero, también, con la muerte de Rudolph Caracciola.


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Por dentro el T87 tenía al aspecto que se supone debían tener los autos de lujo de los ‘30. El volante es idéntico al que adoptó Mercedes Benz años después. De hecho, VW debió indemnizar a Tatra por el uso sin permiso de sus patentes.

La burguesía de la época estaba enamorada de la velocidad y fuera del ámbito de la competencia presumían de sus lujos particulares, entre ellos los poderosos Tatra T87 y sus líneas de diseño Streamliner. En los años ‘30 del siglo XX, las berlinas de lujo eran grandes, cuadradas y muy poco aerodinámicas. Eso poco a poco fue cambiando y el Tatra T77, modelo anterior al T87, fue uno de sus máximos exponentes que allanó el camino al bólido T87.

El Tatra T87 es un coche con mucha historia detrás. Un coche que fue motivo de juicio entre la marca y Volkswagen, lo que ha derivado en la falsa creencia de que el Volkswagen Beetle nació como copia de este Tatra. La compañía checoeslovaca denunció a los germanos argumentando que éstos les habían copiado su chasis tubular central, lo que terminó con Volkswagen pagando una indemnización millonaria a Tatra cuando terminó la guerra.


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El motor V8 es una hazaña de ingeniería excepcional en sí mismo: estaba fabricado con una aleación de magnesio más ligera que una aleación de aluminio comparable. Tiene un solo árbol de levas a la cabeza y utiliza refrigeración por aire en lugar de una configuración de refrigeración líquida más pesada.
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El motor V8 es una hazaña de ingeniería excepcional en sí mismo: estaba fabricado con una aleación de magnesio más ligera que una aleación de aluminio comparable. Tiene un solo árbol de levas a la cabeza y utiliza refrigeración por aire en lugar de una configuración de refrigeración líquida más pesada.

EL AUTO PROHIBIDO

Con el T87, Tatra mejoró mucho la berlina y consiguió producir 3000 unidades que pronto brillaron por su estética pero también por un V8 refrigerado por aire y construido en magnesio que hasta hoy sigue siendo toda una rareza. Con sus más de 160 km/h de velocidad punta (algo más si se metía mano al motor) no tardó en ganar adeptos. Y entre ellos, los altos mandos nazis que luchaban por trepar en la escala social y política.


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Las líneas aerodinámicas del T87 enamoraron a las clases pudientes de la Alemania nazi, al punto de que se les prohibió a los oficiales militares utilizarlo por la peligrosidad.

La leyenda cuenta, nunca se ha podido comprobar con seguridad, que hasta siete oficiales nazis murieron en un mismo fin de semana. La alta velocidad, las dificultades para conducir un coche que tenía que pelearse con un eje trasero sobre el que recaía la mayor parte del peso y las rutas de la época fueron un cóctel explosivo para sus conductores.


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Por dentro el T87 tenía al aspecto que se supone debían tener los autos de lujo de los ‘30. El volante es idéntico al que adoptó Mercedes Benz años después. De hecho, VW debió indemnizar a Tatra por el uso sin permiso de sus patentes.

En Motorpasión explican que el III Reich llegó a prohibir su uso, aunque tampoco está del todo claro cuánto influyó la demanda que volaba por los aires entre Tatra y Volkswagen. Guillermo García Alfonsín, un historiador de los autos de la época, menciona que Hitler era el primer enamorado del Tatra T87.

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