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13 de agosto de 2023, PASO

Perdimos otra vez

Habitualmente, el fin de una elección es habilitar un gobierno que tenga la autoridad política para solucionar los problemas que enfrenta el país y evitar una crisis. La alta inflación, el imposible financiamiento, las reservas internacionales agotadas, la deuda elevadísima y la mayor cantidad de población en la pobreza de toda la historia, hacían prever que ese objetivo era inalcanzable. - Por Rubén Tonzar

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No solo veníamos en medio de una crisis económica y social: también lo hacíamos gobernados por un régimen político profundamente fragmentado. A fines de abril el Ejecutivo dejó de funcionar, debido a los "renunciamientos" (ausencia política) del Presidente y la Vicepresidenta. 

El ministro de Economía se hizo cargo del gobierno, pero en conflicto con el Banco Central y otras instituciones, sin reservas para financiar importaciones, con la creación de múltiples tipos de cambio que potenciaron la especulación y el mercado negro, encareciendo el costo de vida y abaratando la salida de capitales al empeñarse en contener el aumento de la cotización de las divisas. Para más gloria, día a día fue ahondando la dependencia de las Leliq a las que está entregado todo el sistema bancario, y que comprometen su propia supervivencia, además de los depósitos de millones de ahorristas.

Además, el Ejecutivo estaba en contradicción con la Corte y con parte del Poder Judicial, y a la recíproca. Al filo de la votación, la Justicia absolvió a los gendarmes participantes de la represión en la que murió Santiago Maldonado, un tácito aval político a los candidatos de la "mano dura" contra la protesta social. La Cámara de Casación ordenó al juez Martínez de Giorgi que no examinara las irregularidades en los "Cuadernos de Centeno", presionando nuevamente contra la vice Cristina Fernández. 


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El único rubro en el que había coincidencias era en la subordinación a las exigencias del FMI: los cinco principales candidatos se alineaban unánimemente. El "consenso liberal" (que algún humorista en redes sociales definió como "sigamos cavando, que así vamos a salir del pozo") copó todos los espacios políticos, para propalar las recetas del FMI y de su principal accionista, el gobierno de EEUU. 

No obstante, lo hacían en medio de la incertidumbre sobre la viabilidad social y económica de sus planes de "estabilización". Es que la eliminación del cepo y la devaluación del peso a sus valores reales dañarían brutalmente a la industria y el comercio, sin resolver el problema de la deuda pública y privada. 

En una mirada más profunda, poner en grave riesgo al conjunto de la economía y la sociedad solo para pagar los intereses de una deuda impagable revela tal grado de impotencia e irresponsabilidad, que la propia clase dirigente vacila.

Por tales motivos, el extrañamiento entre la población y los principales protagonistas del régimen político es inédito. La angustia popular frente a estas elecciones representaba el negativo de la euforia que en 1983 acompañó la victoria de Raúl Alfonsín. En este marco, pedirles a las PASO que ayudaran a reconstruir la autoridad política era pedirles lo imposible. Al revés, tanto su resultado, como lo que resta del proceso electoral, pueden acentuar la crisis.


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Evolución del voto a las fuerzas peronistas sobre el padrón electoral desde su irrupción hasta estas PASO. Se cuenta la proscripción y se incluye a todos los partidos que se dicen peronistas -esta vez, UP + Schiaretti + Moreno. (Gráfico: @FEscrutinio)

Los resultados

El candidato "ultra" Javier Milei cuenta con enorme desconfianza entre los inversores internacionales y el Fondo Monetario, debido a la masiva espontaneidad del voto que ha recogido mientras carece de estructura política y propala consignas estrambóticas, tanto en el aspecto económico como en el político-social. 

Esto es lo que –para los inversores y funcionarios internacionales– hace cuestionable su asombrosa "victoria", además del hecho de que no parece dispuesto a colaborar con nadie: ha rechazado cualquier acercamiento con Juntos por el Cambio, incluida Bullrich, por tratarse de un "kirchnerismo de buenos modales". A su perfil "trumpista-bolsonarista" le falta un partido político fuerte como el Republicano, o el apoyo contundente de las fuerzas armadas como en Brasil (recordemos que, aún con esos elementos a favor, ambos se retiraron del gobierno en medio del fracaso y el escándalo). 


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La coalición Juntos por el Cambio debutó en unas elecciones municipales en 2014 en Marcos Juárez, Córdoba. Desde entonces transcurrieron 14 elecciones (de todos los niveles), y nunca había perdido en esa ciudad.

En cambio, los "datos duros" de esta elección son las duras derrotas de peronistas y macristas (separados por apenas 240.000 votos), que han perdido espesor político para gobernar. El altísimo porcentaje de ausentismo (30%), sumado al voto blanco-nulo (6%), es una señal de descontento generalizado mucho más poderosa que una hipotética suma de las dos coaliciones políticas principales, o incluso del candidato Milei. Una denuncia clara de este estado de cosas es el retiro de inversionistas -de la deuda argentina, de las acciones de compañías nacionales y del peso-, ante el vaciamiento político evidente. 

Naturalmente, no ayuda a la reconstrucción de la "confianza" de nadie la devaluación del 20% que, a menos de 12 horas de conocidos los resultados, aplicó el derrotado Massa. Todos calculan que este será solo el primer paso de una serie de devaluaciones, aun cuando la crisis demostró largamente que las tradicionales recetas del FMI no sirven para casos como el argentino, y que un plan de estabilización no puede tener como eje el pago de una deuda impagable (y ya pagada varias veces). 

"No pasa nada"

Aunque la economía desbarrancada puede tener un impacto (incalculable) en las próximas elecciones, lo que lleva tanto a Massa como a sus opositores a persistir con el pensamiento, la palabra y el acto en la necesidad de mayores ajustes es que hasta el momento no ha habido fuertes reacciones populares ni de los trabajadores ante la dramática situación. 


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Parece una continuidad de la apatía ya vista durante la pandemia. Pero la hondura del derrumbe político y económico ocurridos en los últimos años cambia la situación en los hechos, algo que se verifica a nivel mundial. El cuerpo social aún no reacciona, pero ha sido sacudido hasta los huesos por la crisis. 

Varios analistas llaman la atención sobre este asunto: el voto a Milei expone, antes que el deseo de ser gobernados por un "outsider" sin garantías, el surgimiento de una grieta en la mansedumbre social. Cuando salen a flote personajes como Trump, Bolsonaro, Meloni, Bukele, etc, es porque cosas más grandes se están moviendo en lo profundo. Y cuando chilla la osamenta, señal que viene tormenta.

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