¿Y después qué?
El peronismo, tanto a nivel nacional como en el Chaco, se encolumna detrás de las recomendaciones de su nuevo consultor comunicacional y espera que las nuevas recetas y el "plan platita" permitan revertir la derrota en las PASO. La oposición hace bajar a todo el equipo para defender el arco propio y mantener la diferencia obtenida en el marcador en el primer tiempo. El después del 14N, gran enigma.
Sabemos que en la Argentina cada gobierno arranca la gestión desde cero y que la continuidad de las políticas públicas no existe, excepto cuando la comodidad, las circunstancias o ambas cosas hacen que la nueva administración conserve lineamientos de la que la precedió. No existe aquí esa burocracia técnica que en los países “serios” (el nuestro, en esa escala, sin dudas está entre los más divertidos) trasciende a los turnos gubernamentales y es la encargada de dar soporte a las definiciones estratégicas acerca de los grandes temas. Aquí lo que se estila es subirse al tren y recién entonces tratar de aprender cómo funcionan sus mecanismos y cuáles son las vías disponibles, a fin de tomar luego la que menos le complique la vida al conductor, sin prestar atención al detalle de si es también la más conveniente para los pasajeros.
Los resultados de semejante hábito son varios. Uno de ellos es que cada nuevo elenco que llega al poder se declara sorprendido y emboscado por la “herencia recibida”, a la cual atribuirá todos sus tropiezos y de la que desconectará todos sus logros, si los hubiera. Otra consecuencia es que el concepto del “largo plazo” nunca es más extenso que la distancia entre el presente y la próxima elección. Hoy, por ejemplo, lo que nos separa del último límite visible del futuro son tres semanas.

Dimensiones paralelas
Es, por supuesto, una desconexión más entre la realidad de la clase dirigente y la de las personas a las que les toca vivir la parte menos televisada de la vida. Es decir, entre los que habitan las cúpulas de la acción política (junto con sus militancias estatizadas) y los ciudadanos que intentan sobrevivir con su esfuerzo a las condiciones generadas por aquellos. No es fácil ser ciudadano en estas tierras: el bipartidismo remanente y la escasa renovación de cuadros hacen que uno tenga que elegir, en busca de soluciones, entre los señores que provocaron y agravaron los problemas.
Pero como hemos asumido que el juego es así, la situación está planteada de ese modo, y aunque la población se pregunta de qué manera llegará al final del año y si 2022 será un período que permitirá sacar la cabeza de debajo del agua o que obligará a volvernos cada vez más anfibios, para oficialismo y oposición no hay espacio para pensar en otra cosa que no sean los comicios del 14 de noviembre.
El gobierno provincial, en línea con las pautas bajadas por el nuevo consultor comunicacional de Alberto Fernández, el catalán Antoni Gutiérrez Rubí, instaló –luego del estado de semi nocaut provocado por la caída en las PASO de septiembre- el concepto de “escuchamos y hacemos”. La idea es transmitir que la derrota ayudó a recalcular rumbos y que, lejos de un resentimiento para con el electorado, el peronismo fue capaz de asumir el correctivo y “volverse mejor”.
Las recomendaciones del español también ponen énfasis en evitar que el PJ continúe hablándose a sí mismo. Dicen que él prescribió desactivar las liturgias clásicas del Día de la Lealtad, que al electorado independiente no le dicen nada y le huelen a rancio. Como ocurre en el Chaco con la “Semana de la Cultura Peronista”, que se llevó a cabo en estos días en Resistencia -pese a los anhelos de Gutiérrez Rubí- y que plantea tácitamente la imaginativa aserción de que el peronismo es un todo homogéneo y coherente.
Pero a pesar de que el asesor no logró enfilar a todo el mundo, Alberto, su gabinete, los gobernadores y los intendentes del palo se acomodaron, en términos generales, a los planteos del nuevo gurú.
Aparato en marcha
En rigor de verdad, como sucede con todo en ese mundo de teorías, nadie tiene la certeza de que los cambios vayan a funcionar, pero al menos ayudaron a generar en el Frente de Todos la sensación de que las cosas que volaron por los aires en septiembre (gracias a los guarismos electorales y al bombardeo de Cristina sobre la Casa Rosada) volvieron a acomodarse en una tierra relativamente firme. Las encuestas, en tanto, se contradicen: algunas hablan de que poco y nada cambió con respecto a las PASO, otras afirman que el FdT está recuperando terreno. Pero las encuestas ya son, en la Argentina, apenas una variante de los horóscopos.
En el caso específico del Chaco, el optimismo es mayor. Capitanich, cuando las heridas todavía sangraban copiosamente, pidió a toda su estructura un compromiso total con el partido definitorio del mes que viene. Los intendentes guardaron en un armario su disconformidad con la relación que mantiene con ellos el gabinete provincial y su escaso interés por este turno electoral (en el que los cargos municipales no están en juego), y aceptaron volcar en el ahora las energías –y los recursos- que pensaban preservar enteros para 2023, cuando sí deberán renovar mandatos o intentar el ascenso a una banca legislativa. En Sáenz Peña se inauguró pavimento donde los muchachos pintaron: “Obra realizada por el gobierno peronista – Coqui Capitanich”. En el PJ lo justifican quejándose de que hay intendentes radicales que armaron piezas publicitarias atribuyéndose realizaciones que en verdad fueron encaradas por la administración provincial, no por las comunas. El que no corre, vuela. Y si no vuela, se queda atrás.
Metidos en el arco
En Chaco Cambia, la versión local de Juntos por el Cambio, la estrategia básica es “cuidar el resultado”, sin innovaciones importantes con respecto a la que le permitió encontrarse con una victoria de características inesperadas en la primera estación electoral. Como en el fútbol, donde es común recurrir al planteo conservador de poner a todo el equipo alrededor del arco propio para aguantar la diferencia obtenida en el marcador durante el primer tiempo, eso tiene sus riesgos. Más aún cuando lo que se repite -en boca de candidatos poco posicionados en el conocimiento público- es un catálogo de eslóganes y propuestas genéricas que solo el voto bronca pudo convertir en fórmula ganadora.
El principal temor de los radicales está en los municipios gobernados por el PJ, que son la inmensa mayoría. Si esos intendentes mueven buena parte de la gente que no votó en las PASO (en septiembre apenas acudió a las urnas el 60% del padrón provincial), el Frente de Todos podría lograr una recuperación efectiva del caudal perdido con respecto a 2019. En paralelo, la mayor fortaleza opositora está en Resistencia y Sáenz Peña, los distritos más populosos, donde los sondeos encargados por la UCR siguen mostrando niveles altos de reprobación al gobierno provincial y al nacional.
En el caso de la capital, esas encuestas muestran una tormenta perfecta para el FdT: las opiniones desaprobatorias para Capitanich y Alberto superan el 51% y las del intendente Gustavo Martínez arañan el 69. Si la medición fuese acertada y se expresara cabalmente en los cuartos oscuros, sería muy difícil para el peronismo compensar las brechas en las dos ciudades mayores con una hipotética mejoría de resultados en los demás municipios.
La esperanza del PJ es que las modificaciones introducidas en la campaña y los anuncios de beneficios que se vienen efectuando tanto a nivel provincial como nacional atemperen y calmen el malhumor de los resistencianos y saenzpeñenses sin filiación partidaria que no votaron al frente gobernante. El efecto de esa lluvia de “buenas noticias” es otro de los grandes interrogantes del 14N.
Catalejos
No obstante, el misterio mayor de la historia es qué nos tocará vivir a partir del día después de las elecciones generales. Salvo los economistas alineados con el oficialismo, prácticamente todos los demás avizoran un escenario de complicaciones iguales o superiores a las actuales. Los pronósticos coinciden en que el boom de emisión para ponerle respirador artificial a la actividad económica y sostener el “plan platita” pasará factura en algún momento (con mayor inflación); que la necesidad de un acuerdo con el Fondo Monetario es insoslayable para acceder a financiamiento externo y no se podrá cerrar sin ajuste fiscal; y que es insostenible la actual situación cambiaria, una olla a presión que todos sabemos qué acarrea cuando se destapa.
El kirchnerismo, sin embargo, asegura que si Alberto hace caso a su vice logrará salir del laberinto con una recuperación económica sustentable que se derramará en más trabajo, mejores salarios, menos pobreza. Se ha hablado en varios momentos de la historia argentina de milagros económicos. Éste, sin ninguna duda, sería uno de los más asombrosos.
Pero todo esto forma parte de un universo que se vuelve invisible en las fotos. Ocurrirá más allá del 14 de noviembre, un tiempo que no figura en los catalejos de una dirigencia que, de momento, se mira el ombligo y sonríe sin parar frente al espejo de la campaña.
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