Enfermería y Cuidados Paliativos, mi elección
Vivir con calidad para no sentirse muerto en vida es lo que piden los pacientes diagnosticados con una enfermedad crónica, avanzada, sin tratamiento curativo. Es deber de todos los profesionales de la salud garantizar ese confort.

Estudié cinco años la carrera de enfermería en la facultad de Medicina de la UNNE-Corrientes y nunca había escuchado hablar de Cuidados Paliativos.
En 2018, en una exposición, la doctora Graciela Serfaty estaba promoviendo la residencia y explicando que el Hospital Perrando contaba con un servicio de Cuidados Paliativos donde se trabajaba con un equipo interdisciplinario del que participan profesionales enfermeros, médicos, psicólogos, asistentes sociales, que se abocaba a un fin común: el bienestar del paciente con una enfermedad letal, incurable, y a la atención de la familia que lo acompañaba.
Al año siguiente ingresé en la residencia de Enfermería en Cuidados Paliativos. Los profesionales del área tienen una perspectiva totalmente diferente de la persona enferma, ofreciendo un abanico ilimitado de tratamientos, aunque no sean curativos, buscando por ejemplo aliviar el dolor y el sufrimiento.
Porque en Cuidados Paliativos no se trata de preservar la vida a cualquier precio, sino de aliviar el sufrimiento, acompañar y tratar de dar al enfermo una vida digna que merezca ser vivida.
El origen etimológico de la palabra paliativo deriva del latín pallium, manto o cubierta, haciendo alusión al acto de aliviar síntomas o sufrimientos.
En mi pequeña experiencia de aproximadamente un año y seis meses adquirí nuevos conocimientos, abordajes diferentes, lo que sin dudas me ayudó a crecer como persona y también profesionalmente.
Recuerdo la primera vez que concurrí con la doctora María Belén Ayala Torales al Servicio de Oncología a realizar un seguimiento al paciente Mariano (*), No se encontraba en su habitación, estaba afuera del servicio, en el parque, solo, sentado, mirando a los lejos con un cigarrillo encendido. Se lo veía tranquilo, sin dolor, quizás pensando en la familia que dejaba, quizás pensando si ya se había despedido de todos, quizás pensando que si se dormía… no volvería a despertar,
Su esposa estaba en la habitación, enojada, aislada, triste, sin comprender por qué su esposo seguía fumando (el paciente tenía cáncer de pulmón), y yo pensaba por qué seguiría teniendo esta conducta que en definitiva lo lastimaba.
Entonces la doctora intervino, diciendo con tono suave y mirada comprensiva: “Un cigarrillo más, un cigarrillo menos, no va a cambiar la situación actual Natalia (*) (dirigiéndose a la esposa), la enfermedad ya está muy avanzada. No te enojes con él, mejor acompañalo, tomalo de la mano, acarícialo”. Quedé totalmente sorprendida ante lo que ocurría. También entendí qué era y qué son los cuidados paliativos.
En otra oportunidad, una mañana llegó al servicio de Cuidados Paliativos una interconsulta de otro servicio por una paciente de 34 años, diagnosticada con una enfermedad hemato-oncológica sin posibilidad de tratamiento curativo por mal estado general y deterioro progresivo.
Fuimos a evaluarla, y la paciente estaba despierta, conectada con lo que ocurría, triste, angustiada, con edemas generalizados. Tenía sensación de falta de aire y casi no orinaba, se podía presentir la proximidad del fin de la vida.
Nos presentamos y comentamos en qué consistía nuestro trabajo, nos mostramos dispuestas a ayudar en lo que necesitara, le preguntamos cuáles eran sus deseos, Su repuesta fue: “Sé que me estoy muriendo. Quiero ver a mi hijo, hace un mes y medio que no lo abrazo, le había dicho que venía al hospital a hacerme solo unos estudios y no regresé a mi casa. Desde entonces, él quedó con mi hermana”.
Sabíamos que no había mucho tiempo. Inmediatamente nos organizamos para cumplir con el deseo de una madre que añoraba despedirse de su hijo. Finalmente, el niño pudo viajar desde el interior de la provincia y ver a su mamá. Fue un encuentro íntimo, único, deseado por ambos, donde se mostraron tierno cariño y mucho amor. Encuentro inolvidable, seguramente, para él y para nosotras. Días más tarde, la paciente falleció.
Creo firmemente en la importancia de la atención de calidad en el final de la vida; en el valor que tiene ese momento único, en lo necesario de un cierre biográfico, en la importancia de ayudar a que el paciente pueda encontrarse consigo mismo y transitar eso que se llama trascendencia.
Para muchos profesionales de la salud los Cuidados Paliativos son un área muy triste de la medicina y poco significativa. Para mí, el momento de la muerte es tan importante como el momento del nacimiento. Esta especialidad me hace agradecer todos los días la importancia de estar vivos, de los pequeños gestos y del acompañamiento.
El trabajo de Enfermería en esta área va más allá de lo tecnológico: se aboca a lo físico, lo social, religioso, espiritual. Valiéndonos del conocimiento científico, lo ponemos en práctica promoviendo el cuidado humanizado y empático.
*Licenciada en enfermería, 2do año de residencia en cuidados paliativos.
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