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Carta de lectores

No está fácil dejar las papitas pa’l loro

Señor director de NORTE:

En la casa de doña Pilar, en ese gran patio con plantas —hasta con crotos— colgaba un aro donde se apoyaba Pastor. Era el nombre del loro que pedía "papitas pa’l loro"; el mismo al que Pilar le daba trocitos de papa y pan mojado.

 Por supuesto que Pastor era hablador y quizás alguien de la familia le enseñó lo que fácilmente aprendía. Palabras como "mamá", "hola Tito" y muchas "malas palabras" que repetía "como un loro".

En la década de los 50, se hacían filas larguísimas para comprar papas, porque escaseaban y estaba limitada la cantidad para conseguir.

Como todas las cosas, con el tiempo cambia… la forma de vivir, las mascotas que elegir, el modo de comer, pero la papa se sigue consumiendo y en Argentina se cosecha en siete u ocho provincias.

La gente sigue alimentándose con papas, pero un alimento tan natural en nuestra mesa se ha convertido en un lujo (tanto que si alguien tiene un loro le mezquinaría darle un trocito de papa).

El ciudadano —como le dicen ahora— "de a pie" no entiende este cambio, más allá de las mil explicaciones de los economistas. La gente común seguirá repitiendo como un loro "qué cara que está la papa", "se ignora el campo", "en nuestra tierra se tira una moneda y se levanta un árbol".

Como todo cambia, tampoco hay moneda si se escucha un nuevo término como bitcoin —que no todos lo usan—, y tampoco se sabe si con eso se podría comprar las papas.

Como en un lamento se dice "queremos papas".

 Es sabido que enderezar la economía de nuestro país no es tarea sencilla, es casi como "una papa caliente".

Son y serán importantes incluir proyectos de políticas agropecuarias, ya que nuestra economía se apoya en el campo, porque los que explotan la tierra son empresarios con bombachas de gauchos.

Hay cambios y se puede saber los secretos del cultivo de un tipo de papa, la hidropónica, una variedad que crece sin tierra, se utiliza soluciones de agua con nutrientes y fibra de coco o perlita. También se puede controlar mejor el agua y la nutrición.

Son similares a las papas que generalmente conseguimos, pero con distinto método de cultivo y no siempre resulta la opción más económica. Quizás podríamos luego llegar a gritar: "Si todo va bien y mejor, papitas pa’l loro".

MÓNICA PERSOGLIA 

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