La piratería anglonorteamericana se reinventa para acentuar su dominación en América Latina
Señor director de NORTE:
A lo largo de la historia, el poder anglo-norteamericano ha sabido reinventar sus estrategias de dominación. Hoy vuelve a sacar de la galera dos conejos que, aunque parecen representar posiciones opuestas, cumplen una función complementaria dentro de sus intereses geopolíticos: la izquierda y la derecha.
Entre las décadas de 1960 y 1970, bajo el amparo de la Doctrina de Seguridad Nacional, Estados Unidos intervino en distintos países de América Latina, asesoró a gobiernos militares y respaldó dictaduras responsables de graves crímenes contra nuestros pueblos. Después de aquella etapa sangrienta, sus promotores se reconvirtieron en supuestos paladines de la libertad, defensores de la democracia y árbitros neutrales del orden internacional, como si décadas de injerencia, persecución y violencia política pudieran borrarse mediante un simple cambio de discurso.
En los últimos años, esta estrategia ha adquirido nuevas formas. Bajo el disfraz de una supuesta cruzada moral y judicial, el rótulo de izquierda se utiliza para estigmatizar, perseguir políticamente, acosar y desestabilizar a gobiernos democráticos de orientación nacional y popular. Al mismo tiempo, se presenta a la derecha como la única opción ideológica compatible con sus intereses, prometiendo un futuro de prosperidad y libertad que, en la práctica, suele traducirse en subordinación económica, pérdida de soberanía y retroceso de derechos sociales.
La maniobra es tan antigua como el colonialismo: cambiar las palabras para conservar los privilegios y transformar la dominación en una supuesta misión civilizadora.
Se promueve una falsa disyuntiva entre izquierda y derecha, mientras se oculta la verdadera contradicción: pueblos que aspiran a decidir su propio destino frente a poderes externos que pretenden condicionar sus gobiernos, apropiarse de sus recursos y someter sus economías.
En el ADN histórico de esta piratería geopolítica persiste la lógica colonial de la explotación, sostenida por minorías privilegiadas que subordinan el interés nacional a sus propios beneficios. Sus consecuencias son conocidas: saqueo de riquezas naturales, endeudamiento, debilitamiento de los Estados, concentración económica y recorte de derechos conquistados por generaciones de trabajadores y ciudadanos.
Detrás de los discursos de libertad y modernización se proyecta una hegemonía global que pretende convertir a América Latina en un territorio de recursos disponibles, mercados cautivos y pueblos políticamente condicionados. Los centros de poder radicados en Estados Unidos impulsan sus intereses mediante presiones económicas, diplomáticas y políticas, mientras que, en la Argentina, encuentran aliados locales en quienes se autodenominan libertarios y presentan la subordinación externa como una supuesta liberación nacional.
No se trata de elegir entre dos etiquetas impuestas desde el poder, sino de defender la soberanía, la independencia económica, los recursos naturales y los derechos de nuestros pueblos.
Porque ninguna nación puede considerarse verdaderamente libre si sus decisiones fundamentales quedan subordinadas a intereses extranjeros y a minorías locales que se benefician de esa dependencia.
La historia latinoamericana demuestra que el colonialismo no siempre necesita ejércitos de ocupación: también puede avanzar mediante operaciones mediáticas, condicionamientos financieros, complicidades políticas y discursos que disfrazan la entrega como progreso.
La piratería cambia de rostro, renueva sus consignas y perfecciona sus métodos, pero conserva el mismo objetivo: dominar para apropiarse de la riqueza ajena.
ASOCIACIÓN CIVIL EN DEFENSA DEL DERECHO DE LA CIUDADANÍA (ACDDC)
RESISTENCIA
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