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Carta de lectores

Maternidades del corazón

Señor director de NORTE:

El domingo pasado se celebró el Día de la madre, con numerosos saludos a través de mensajes personales y grupales, y con la alegría de festejar con los familiares, en las grandes familias con numerosos hijos y nietos, como en las pequeñas. La valorización de la maternidad es un rasgo de las sociedades que comprenden lo que es capaz de ofrecer la mujer, no solo en sentido biológico porque nada es simplemente biológico, ya que somos seres complejos, integrados en una totalidad, sino en todos los aspectos que implican ser madre.

En primer lugar, me sorprendió que el domingo la única salutación en el diario en edición papel fuera la de NORTE. En general, se publican poesías, cartas, salutaciones de distintas entidades. Este año, eran otras las prioridades, como se puede ver. No haré juicios de valor negativos que lleven a pensar que la maternidad ya no ocupa un lugar de privilegio en nuestra cultura. Pero los "olvidos" pueden tener causas no explicitadas.

Deseo referirme más bien a las maternidades del corazón, no solo la de las madres adoptivas, que desean cuidar, educar, proteger, es decir, amar a quien ha perdido, en muchos sentidos a la madre que las ha gestado y maternado, porque es imposible no hacerlo, durante nueve meses o más. En este sentido, y como aclaración necesaria, señalo que hoy se trata de separar gestación de maternidad, aunque los estudios demuestren una unión e intercambio bebé-madre en el embarazo mucho mayor a la que se conoce si no se indaga.

Las maternidades del corazón se refieren, en un sentido concreto y amplio, a todas las personas que asumen el cuidado de los otros, ya sea a través de profesiones específicas, o en instituciones y servicios particulares, o también a través de una consagración de sus vidas a niños, jóvenes y ancianos, a quienes protegen, educan, escuchan, le brindan afecto o los atienden en su salud y en otras necesidades. Pero también se refieren a la maternidad en general, porque sin una disposición del corazón, sin una decisión de asumir la tarea propia con la carga de responsabilidad que implica, es muy difícil ser madre. Toda tarea implica, en el fondo del corazón, una alegría profunda, aunque vaya acompañada de un esfuerzo concreto, palpable y que muestra su propio peso. Es decir, el peso de ciertos deberes, como señala Adela Cortina, el deber que lleva a sentirnos "camellos que llevan una carga", en contraste con los monos divertidos que saltan de rama en rama, figuras metafóricas para mostrar cómo a veces es más atractivo ser "mono libre y divertido" que camello.

El "corazón", en sentido filosófico, es entendido como el centro del ser humano, el lugar de la conciencia, las motivaciones, los compromisos, las decisiones, no simplemente las emociones y los deseos. En esa complejidad que se señaló, entran en juego lo somático o corpóreo, unido a lo psicológico y también a lo mental o espiritual, campo de las decisiones, y las experiencias y vivencias que se van encarnando en cada historia personal, lo cual condiciona muchas veces la comprensión del valor de la vida del otro, el hijo, elegido o no.

No hay maternidad sin hijos, aunque a veces "hijos" sean aquellos que mencioné: los vulnerables necesitados de cuidado y afecto. Pero tampoco se puede reducir la comprensión de la maternidad a la posibilidad de una elección, elección que implica eliminar al hijo no deseado, más allá de los motivos, muchas veces relacionados con ideas de "empoderamiento" reduccionistas, es decir, que entienden que "tener poder" es estar libres del compromiso maternal aún a costa del otro. Los discursos "únicos" ocultan la verdad, la de la deshumanización necesaria para eliminar al que molesta, al que se constituye en carga, al que no se ve como una persona con derecho a vivir, realidad concreta y multifactorial, pero que necesita ser atendida. Las mujeres que han silenciado la voz del corazón escuchando discursos repetidos hasta el cansancio sobre supuestos derechos y libertades porque se legalizan prácticas que vulneran el derecho a la vida, sufren procesos que las afectan en su integridad, afirmación basada en estudios e investigaciones que muestran el drama posaborto.

En este sentido, considero fundamental comprender que la tarea de cuidar el corazón de las mujeres, para que puedan asumir la maternidad desde el corazón, también es una tarea social, que realmente valorice la mujer-madre, empoderada en su ser madre, pero no sola, sino en un entramado que cuida y protege a todos sus miembros, en particular, a quienes llevan una preciosa carga.

MARÍA ELENA RADICI

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