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Carta de lectores

El humanismo de algunos servidores municipales

Señor director de NORTE:

Por este medio, me atrevo a dirigirme al intendente municipal, con el mayor de los respetos, para contarle un episodio acaecido en la ciudad de Resistencia.

Ocurrió en la mañana del 30 de septiembre de este año, en la esquina de Marcelo T. de Alvear y San Buenaventura del Monte Alto.

El hecho no es extraordinario por su acontecer, sino por su sentido humanitario y creo, que ante tantas adversidades y problemas que debe enfrentar a diario, le será de agrado y reconforte para su espíritu.

Le aclaro que soy una anciana que ronda los 80 años, con escasa movilidad de piernas y manos, debido a una artrosis que afectó mi columna cervical y deterioró la médula.

 Por esta razón, me desplazo con dificultad, pero me esfuerzo por vencerla yendo sola a todas partes donde pueda.

En esta oportunidad iba a la iglesia que queda a dos cuadras de mi casa, a dialogar con el Santísimo, fuente de paz y energía para mi humanidad tan vapuleada.

En la mañana citada, estaba un camión de su municipio y empleados cortando un robusto árbol.

 Al ver mi intento de cruzar la calle, uno de ellos me pareció el jefe o responsable del grupo, creo de apellido Balmaceda.

Gentilmente, cortó el tránsito para que pudiera cruzar la bocacalle y una empleada dejó un momento su elemento de trabajo y, ofreciéndome su brazo para que me apoye, caminó una cuadra y media conmigo hasta mi domicilio, a donde arribé segura y cuidada amablemente por la señora Gabriela Soledad Torres, quien a pesar del esfuerzo realizado alzando los troncos, no trepidó en socorrerme.

Destaco los gestos de estos empleados municipales, sencillos, pero profundamente humanos y agrego cristianos, que hablan de connacionales distintos a los ejemplares que los medios cuentan a diario en los abundantes casos de corrupción e ineficacia, y que son parte de un colectivo social que construye a diario la Patria desde las tareas más humildes con la hidalguía de los espíritus excelsos.

Sin embargo, quiero destacar en honor a la justicia, que aproximadamente tres años atrás un camión recolector que estaba en la misma esquina juntando residuos y guiado por empleados sensibles.

Estas personas dieron muestra de probidad ante la misma situación: procedieron a cortar el tránsito para que yo pasara y uno de ellos me acompañó hasta la capilla guiándome apoyada en su brazo.

Estos ejemplos hablan de argentinos con sensibilidad y valores humanos por encima del común y son testimonios de un pueblo que es posible, más allá de la posición laboral que ocupen y que hacen de su tarea, un verdadero servicio comunitario.

Gran parte del pueblo argentino sufre a diario una cruda realidad de corrupción y malos tratos, amparados estos últimos en indiferencia, además de usar lo público para medrar y enriquecerse a costa de la mayoría silenciosa que hace del trabajo honesto banderas humildes y calladas de vida.

Vaya para ellos mi reconocimiento y afecto, porque sin dejar de servir en una de las tareas más humildes, socorren con gallardía y solicitud a una anciana que solo puede decirles: ¡Gracias, que Dios los bendiga!

Y a usted, señor intendente, sirvan estas recatadas líneas para mostrarle cómo algunos de sus colaboradores, los más humildes quizás, ennoblecen su tarea con un cálido servicio al prójimo.

ALBA NIDIA DELLAMEA DE PRIETO

DNI 5416312

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