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Carta de lectores

Eutanasia, muerte digna y cuidados paliativos

Señor director de NORTE: 

Sobre la eutanasia y los cuidados paliativos se han publicado en este medio numerosos artículos a cargo de profesionales del equipo de cuidados paliativos del Hospital Perrando. 

En cuanto al concepto de muerte digna, ha sido y es objeto de discusiones que dan lugar a confusiones, en general, porque se centran solo en entenderlo desde lo subjetivo, asociándolo a valoraciones personales o, en algunos casos, porque se recurre a consideraciones sociales y culturales contradictorias y diversas.

Como señalan Buyn-Chul Han y Bauman, entre otros, los modos de vida actuales producen la apropiación de las ideas implícitas que la sostienen, tanto las de placer, consumo e imagen social asociadas a la felicidad, como ideas que vinculan vida digna con productividad, utilidad social, etc. Se confunde así calidad de vida con vida digna, "calidad", concepto que puede interpretarse ligado a lo económico y a la capacidad de acción y producción, creatividad, y también disfrute. Nada de esto es ajeno al ser humano, pero tampoco le son ajenos el dolor, la enfermedad y el sufrimiento en sus diversas formas. Viktor Frankl va a señalar la importancia de la actitud con que se afronta el sufrimiento. Justamente, la paradoja de la vida humana es que, a pesar de los cuidados nutricionales, de actividad física e intelectual, etcétera, la enfermedad y la vejez se caracterizan por mostrar la vulnerabilidad del ser humano concreto en forma de limitaciones, afecciones físicas, psicológicas y mentales, y que ha de enfrentar la muerte. Para familiares y amigos, tanto como para personal e instituciones de salud aparece el deber y el llamado a cuidar en todas las dimensiones al enfermo, pero cuando falla este cuidado es lógico que se piense la vida como indigna y se prefiera la muerte.

¿Por qué no asociar la eutanasia con la muerte digna? La muerte digna implica, según criterios de 1982 (Comisión presidencial EEUU), "controlar los síntomas para permitirle vivir lo mejor posible, facilitarle la obtención de lo que más valora en esos momentos, mantener la lealtad y la fidelidad hacia el enfermo evitando el abandono, lograr un adecuado equipo de profesionales de la salud y un ambiente digno y conveniente para cursar la enfermedad". Se traduce en curar, cuando se puede, cuidar siempre.

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La eutanasia, por su parte, consiste en una intervención médica activa (o pasiva en algunos casos) que provoca la muerte a petición del paciente. No se debe confundir con el suicidio asistido, en el cual el profesional interviene aportando la droga mortal, pero el mismo enfermo se la suministra. Justamente, solo puede hablarse de eutanasia cuando el médico provoca la muerte ante enfermedades terminales y por petición expresa y voluntaria del enfermo. Si se incluyen enfermedades irreversibles e incurables entonces se justificaría considerar la diabetes, la depresión y otras dolencias como causales para solicitar eutanasia, lo cual sucede en algunas legislaciones. 

Justamente, en 2023 una adolescente española iba a ser eutanasiada por depresión, y cambió su decisión por intervención de la madre y un mejor tratamiento.

En este tema tan amplio a nivel bioético surgen aclaraciones y señalan que la vida humana en su etapa final no debe prolongarse solo porque la tecnología lo permita, lo que se considera ensañamiento u obstinación terapéutica, sino que hay que "dejar morir" con los necesarios cuidados paliativos que incluyen alivio del dolor, acompañamiento psicológico y espiritual, bienestar físico, entre otros, y también sedación paliativa ante el dolor refractario. Muchos desconocen el derecho de los pacientes a recibir cuidados paliativos. Ignorar estos derechos conduce a muchos a apoyar leyes que proponen la eutanasia como única salida ante el dolor.

La eutanasia supone riesgos y consecuencias a nivel social y personal, señaladas por la reflexión bioética:

-Presión moral sobre ancianos y enfermos, que se consideran una carga y molestia para los familiares y entonces creen un deber solicitarla.

-Muerte impuesta por otros, que deciden por falta de consciencia del enfermo, a veces por cansancio o por otros intereses (herencia, etc.)

-Desconfianza en los médicos y en las instituciones sanitarias, que deciden por el enfermo en función de la edad y la carga sanitaria, como sucede en Países Bajos y Bélgica, que se aplica la llamada "eutanasia involuntaria" (homicidio en la mayoría de las legislaciones) aplicando la "inyección liberadora" sin consentimiento. En la práctica se traduce en migraciones de ancianos ante esta posibilidad.

-Justificar el "homicidio por piedad" en manos de familiares.

Y, por supuesto, la desvalorización de la vida humana no productiva. Vemos que muchas veces se toman casos concretos y se los utiliza como punto de partida en procesos en que se busca legislar toda la vida de los ciudadanos, para que puedan recurrir a "reglas" o sea leyes que amplíen posibilidades sin considerar las consecuencias. 

Según los estudios en torno de la cuestión, por un lado, el médico actúa en contra del fin de la medicina misma (curar y cuidar, no provocar la muerte), por otro, el vulnerable no es visto desde la enfermedad y el tener que enfrentar el fin de su vida, sino que se lo considera autónomo sin más, sin considerar estas limitaciones. 

Un tema que requiere siempre de mayor profundización, no de simplemente considerar un avance el legislar a favor de la eutanasia.

MARÍA ELENA RADICI

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