A 50 años del debut de Maradona: la tarde que comenzó a cambiar el fútbol para siempre
El miércoles 20 de octubre de 1976, Diego Armando Maradona debutó en la Primera de Argentinos Juniors con apenas 15 años. Entró en el segundo tiempo, desparramó su talento en la primera pelota que tocó y dejó una huella que el tiempo convirtió en leyenda.
El miércoles 20 de octubre de 1976 fue una de esas tardes que el tiempo no consigue borrar. En una cancha de La Paternal, con el calor de la primavera y el ruido de los tablones, un chico de rulos negros se preparaba para dar el primer paso de una aventura que cambiaría para siempre la historia del fútbol argentino.

Se llamaba Diego Armando Maradona, tenía 15 años, 11 meses y 20 días. Todavía era el Pelusa de Villa Fiorito, el pibe que hacía jueguitos en los entretiempos, el de los Cebollitas, el que soñaba con llegar a Primera y ayudar a sus padres.
Aquel día, Argentinos Juniors perdía 1-0 frente a Talleres de Córdoba por el Torneo Nacional. Pero el resultado, que quedó escrito en las estadísticas, terminaría siendo apenas una anécdota frente a lo que estaba por suceder.

Cuando comenzó el segundo tiempo, el entrenador Juan Carlos Montes decidió hacerlo ingresar. Maradona llevaba la camiseta número 16 y todavía no había cumplido los 16 años. Su primera intervención fue una declaración de principios: recibió la pelota de espaldas, amagó y se la pasó entre las piernas a Juan Domingo Patricio Cabrera, un experimentado defensor de Talleres.
La pelota pasó limpia y desde las tribunas llegó el grito que acompañaría a Diego durante toda su vida: ¡olé!
No fue un gol, ni una asistencia, ni una victoria. Fue algo mucho más difícil de explicar. Una presentación en sociedad. La primera pincelada de un artista que todavía no conocía los límites de su propia genialidad.

Cincuenta años después, aquel instante conserva la frescura de las cosas que parecen destinadas a durar para siempre.
Un chico, una familia y un sueño
Antes de convertirse en Maradona, Diego había sido simplemente un pibe que quería jugar al fútbol y sacar a su familia adelante. Su historia estaba lejos de los contratos millonarios, los estadios repletos y la fama internacional que llegarían después. Había comenzado entre potreros, entrenamientos, viajes en colectivo y una familia que acompañaba cada uno de sus pasos.

A fines de 1973, cuando tenía apenas 13 años, ya deslumbraba con Los Cebollitas, el equipo infantil de Argentinos Juniors dirigido por Francisco Cornejo. Su habilidad llamaba la atención en los torneos juveniles y sus exhibiciones en los entretiempos empezaban a despertar la curiosidad del público. También había pasado por la televisión, donde sus jueguitos sorprendían a los espectadores de los programas de Pipo Mancera.
Todavía era un chico. Uno que podía equivocarse, perder un partido y fallar un penal, como le ocurrió en los Juegos Evita de 1973. Pero su talento tenía algo diferente: cada vez que entraba en contacto con la pelota, parecía capaz de inventar una solución que nadie había imaginado.

En Argentinos Juniors sabían que tenían algo extraordinario entre manos. Francisco Cornejo, que había acompañado su formación desde las inferiores, temía que los rivales lo lastimaran y prefería llevarlo de a poco. El técnico de Primera, Juan Carlos Montes, en cambio, estaba convencido de que había llegado el momento de probarlo. La decisión cambiaría la historia.
Fuente: Ámbito
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