La vuelta de la manzana, a la Municipalidad
Las veredas de Muni eran de lajas de cemento (de niño siempre me intrigaba una inscripción en ellas y el año 1951 grabado, hoy son un recuerdo) era nuestra pista de automovilismo. Jugábamos con autitos de carreras, evocando las epopeyas de ese tiempo, de los grandes premios de turismo de carretera, nuestros autos eran esas viejas cupecitas Ford o Chevrolet de plástico, que comprábamos en la juguetería y reformábamos con curiosa habilidad, las rellenábamos de plomo y plastilina o masilla, recortábamos sus guardabarros, alargábamos sus ejes y sus ruedas eran gomitas de penicilina, que buscábamos en el viejo Hospital Perrando, ese era el comienzo del sueño de ser Los hermanos Galvez, los Emiliozzi o "Tuqui" Casá con su famoso tractor, por el lado de los Fanáticos de Ford, y por el lado de los Chevrolet nuestros ídolos eran, Bordeu con su coloradita, Cupeiro con su Chevitu o Andrea Vianini con su garrafa. En el barrio casualmente había una de esas viejas cupecitas, preparada como en la época y era la de Eleuterio Schembler, con un cinto de cuero atado sobre el capot y el número y nombre del piloto en la puerta.

El circuito era la vuelta manzana de la muni, en siestas interminables, con calores solamente soportados, por esa arboleda espectacular de sus veredas, donde los Lapachos, que florecían en agosto daban su tonalidad rosada o los jacarandaes que en octubre daban el azul liliáceo, o los chivatos que empezando el verano se cubrían de naranjas-amarillos. A ese mismo circuito, lo usábamos para hacer otro tipo de carreras, fue cuando se impusieron los Karting de Rulemanes (los conseguíamos en los talleres de autos del barrio), fabricados caseramente con una tabla de madera y dos ejes (el de atrás fijo y el de adelante móvil), en los extremos del de adelante unas sogas, para poder maniobrar y con la complicidad de un amigo para traccionarlo, empujándonos de atrás.
Nuestra primera etapa era en la esquina de Brown y Monteagudo, frente al almacén de don Manzone, hoy la clínica de su hijo, mi amigo el prestigioso médico Patricio Manzone. En el almacén comprábamos la soda en sifón, y la mayoría de los productos se vendían sueltos, como la harina, el azúcar, Los dulces, las galletitas (se exhibían en latas con un frente de vidrio), las más requeridas eran las galletas de la Logica, una gran fábrica de galletitas, ubicada en avenidas Ávalos y Lavalle, hoy Carrefour. Lo que más me llamaba la atención era la habilidad del Tano, para hacer el repulgue en el papel de estresa, para envasar los productos, siempre quise hacerlo y nunca lo pude lograr.
La segunda etapa en avenida Italia frente a Casa Kriegel, (Un gran negocio de artículos del Hogar) y enfrente El Mecanografo (donde arreglaban las viejas maquinas de escribir, las Remington y Olivetti) del muy querido Gordo Ferreyra.
La tercera etapa en av. Italia e Irigoyen, frente a la casa de mi gran amigo Rulo Romagnoli, donde en una época practicábamos boxeo y las rencillas las dirimíamos en un ring, que era el garaje de su casa.
El final era en Monteagudo e Yrigoyen, en la casa de Gonzalito. Las carreras más largas y ya por la calle, las hacíamos con los Duravit, unos autos o camionetas de Goma, que eran realmente irrompibles.
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